
El Gobierno argentino, encabezado por Javier Milei, ordenó la expulsión inmediata del representante diplomático de Irán en el país, Mohsen Soltani Tehrani, quien deberá abandonar el territorio nacional en un plazo de menos de 48 horas. La medida se enmarca en la creciente tensión internacional por el conflicto en Medio Oriente y el alineamiento geopolítico argentino con Estados Unidos e Israel.
La decisión se produce en un contexto de escalada diplomática entre Argentina e Irán, alimentada por declaraciones cruzadas, medidas de seguridad interna y antecedentes históricos vinculados a los atentados terroristas de los años 90 en el país.
El diplomático iraní, que se desempeñaba como encargado de negocios en Buenos Aires, fue declarado persona no grata, en una medida que recuerda antecedentes recientes como la expulsión de representantes diplomáticos entre Argentina y Ecuador en 2023.
La tensión actual comenzó a intensificarse tras declaraciones de Milei el 9 de marzo, cuando calificó a Irán como enemigo del país. “Nos han metido dos bombas, una en la AMIA y otra en la Embajada de Israel. Por lo tanto, digamos, son nuestros enemigos”, afirmó el mandatario.
La respuesta iraní no tardó en llegar. Desde el medio oficialista Tehran Times señalaron que el presidente argentino “cruzó una línea roja imperdonable” y advirtieron que “deberá diseñar una respuesta proporcionada a esta enemistad”.

Antes de la expulsión, el Gobierno ya había elevado el nivel de alerta a “Alto”, desplegando un operativo especial para proteger objetivos sensibles como la AMIA y las embajadas de Estados Unidos e Israel.
Además, Argentina declaró como organización terrorista a la Guardia Revolucionaria de Irán, incorporándola al registro oficial que permite congelar activos y aplicar sanciones. La medida se suma a otras similares contra grupos como Hezbollah y Hamas.
En un comunicado oficial, el Gobierno remarcó: “La República Argentina fue víctima de dos de los atentados terroristas más graves de la historia”, en referencia a los ataques contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994, que dejaron más de 100 muertos y cientos de heridos.
La respuesta de Irán incluyó un duro comunicado difundido desde su embajada en Uruguay, donde calificó la decisión argentina como “una acción ilegal e injustificada” y una “ofensa imperdonable al pueblo iraní”. Además, advirtió que “genera responsabilidad internacional para el Estado argentino”.
Desde Israel, el canciller Gideon Sa’ar respaldó la medida: “Celebro la decisión”, afirmó, y agregó que responde a la negativa iraní de colaborar con la justicia argentina en la causa AMIA.
En la misma línea, el Gobierno de Estados Unidos elogió la decisión y sostuvo: “Aplaudimos las medidas adoptadas por la Administración Milei para contrarrestar el terrorismo global”.
El conflicto también generó repercusiones en Uruguay, donde dirigentes políticos cuestionaron que Irán utilizara su embajada para emitir críticas contra Argentina.
El senador Javier García sostuvo: “Usar nuestro país para atacar a Argentina […] merece el rechazo oficial de nuestra cancillería” y remarcó la necesidad de una respuesta diplomática.
El vínculo entre Argentina e Irán está marcado por los atentados contra la AMIA y la Embajada de Israel, causas en las que la justicia argentina señaló responsabilidades de funcionarios iraníes.
El exembajador Diego Guelar fue contundente: “Deberíamos haber roto relaciones diplomáticas con Irán desde el 11-4-2024”, en referencia a un fallo judicial que atribuyó responsabilidades al régimen iraní.
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