
El Ejército de Irán aseguró haber atacado un buque logístico estadounidense cerca del puerto de Salalah, en Omán, en medio de la creciente escalada del conflicto en Medio Oriente. Según informó el portavoz militar Ebrahim Zolfaghari, la operación se llevó a cabo a una “distancia considerable” del puerto, aunque Estados Unidos no confirmó el hecho.
El episodio ocurre a un mes del inicio de la guerra en la región, en un contexto de ataques cruzados, amenazas militares y tensiones diplomáticas entre Irán, Estados Unidos e Israel. Desde Miami, el presidente estadounidense Donald Trump sostuvo que el régimen iraní está “diezmado” y expresó su intención de alcanzar un “acuerdo” para poner fin al conflicto. Sin embargo, el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que Teherán aún no respondió a la propuesta.
En paralelo, países del Golfo como Arabia Saudita, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos denunciaron nuevas oleadas de bombardeos nocturnos con misiles y drones sobre sus territorios. Además, un ataque contra uno de los principales puertos de Omán dejó un trabajador extranjero herido y provocó daños en la infraestructura.
En este contexto, la naviera Maersk anunció la suspensión temporal de operaciones en el puerto de Salalah, gestionado por su filial APM Terminals. La empresa indicó que las instalaciones fueron evacuadas inmediatamente y que el puerto permanecerá cerrado durante 48 horas tras el impacto de un dron.
La tensión también se trasladó al mar Rojo, donde los hutíes de Yemen, aliados de Irán, advirtieron que podrían intervenir militarmente si nuevos actores se suman a la ofensiva liderada por Estados Unidos e Israel o si se utiliza esa vía marítima para atacar territorio iraní. Horas después, Israel interceptó un misil lanzado desde Yemen, confirmando el riesgo de una escalada regional.
La Guardia Revolucionaria iraní lanzó una advertencia directa tras los recientes ataques contra infraestructura clave del país. El comandante de la Fuerza Aeroespacial, Mayid Musavi, escribió en redes sociales: “EEUU e Israel iniciaron el juego con fuego y los ataques contra infraestructuras. Esta vez la ecuación ya no será ‘ojo por ojo’; ¡esperen!”.

Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron que llevaron adelante ataques simultáneos con más de 50 cazas contra objetivos estratégicos en Irán, incluyendo instalaciones de producción de armas, sitios del Ministerio de Defensa y componentes para misiles balísticos y antiaéreos.
En Líbano, la violencia también dejó consecuencias fatales: tres periodistas vinculados a Hezbollah murieron en un ataque israelí en el sur del país, según confirmaron fuentes militares y los propios medios afectados.
El conflicto ya genera preocupación por su impacto en el comercio mundial, especialmente en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y gas licuado del mundo. Irán ha intensificado su control sobre esta vía clave, provocando inquietud en los mercados internacionales.
Expertos advierten que no es el único punto vulnerable: rutas como el estrecho de Malaca o el canal de Panamá también podrían verse afectadas si la crisis se expande.
En paralelo, Rusia continúa evacuando a su personal de la central nuclear iraní de Bushehr, que fue atacada en varias ocasiones. Más de 320 ciudadanos rusos ya fueron retirados del país desde el inicio del conflicto. Moscú advirtió que un impacto directo sobre la planta podría tener consecuencias “humanitarias y ecológicas irreversibles”.
En el plano diplomático, el presidente iraní Masoud Pezeshkian sostuvo que se necesita “confianza” para avanzar en negociaciones, tras una conversación con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, quien impulsa gestiones para reducir las tensiones.
Mientras tanto, el escenario sigue abierto, con ataques, advertencias y movimientos estratégicos que mantienen en vilo no solo a la región, sino también al equilibrio global.
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