La guerra en la región alcanzó un nuevo pico de violencia en las últimas 24 horas. La Fuerza Aérea de Israel, coordinada con su Dirección de Inteligencia, ejecutó una masiva ofensiva aérea sobre más de 200 blancos estratégicos ubicados en el centro y oeste de Irán. Los ataques se centraron en desmantelar la capacidad bélica del régimen, destruyendo lanzadores de misiles balísticos, sofisticados sistemas de defensa aérea y plantas de producción de armamento. La operación busca neutralizar la amenaza persistente de Teherán tras los constantes cruces de misiles que mantienen en vilo a todo el continente.
En medio de los bombardeos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó sus redes sociales para enviar un mensaje contundente de apoyo a la incursión y ratificar el poderío militar de su país.
El mandatario afirmó que las fuerzas estadounidenses cuentan con una “potencia de fuego sin igual” y que están trabajando para “destruir por completo el régimen terrorista”. Esta intervención directa de la Casa Blanca, sumada al apoyo logístico en la detección de proyectiles, marca un punto de no retorno en el conflicto diplomático y militar entre Washington y Teherán.
Como respuesta a la ofensiva, el régimen iraní lanzó una nueva oleada de misiles que fueron interceptados por el Ejército de Israel y detectados por los radares de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. A pesar de los sistemas de defensa, un impacto en la localidad de Zarzir, cerca de la frontera con Líbano, dejó al menos 58 heridos, según informó el servicio de emergencias Magen David Adom. En total, los ataques de la madrugada ya suman más de 60 lesionados en toda la región, mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica amenaza internamente con reprimir cualquier intento de levantamiento opositor en las calles de Teherán.

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