
La princesa heredera Mette-Marit quedó en el centro de una crisis sin precedentes tras la desclasificación de documentos en Estados Unidos que revelan una relación mucho más estrecha con Jeffrey Epstein de la que había admitido. En Oslo crecen las dudas sobre su futuro como reina consorte.
Noruega atraviesa uno de los momentos más delicados para su monarquía en décadas. La publicación de millones de documentos judiciales desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos volvió a poner bajo la lupa los vínculos del financista Jeffrey Epstein —acusado de delitos sexuales contra menores— con figuras influyentes de todo el mundo. Entre ellas, aparece con especial fuerza el nombre de Mette-Marit, esposa del príncipe heredero Haakon y futura reina consorte del país escandinavo.
Los archivos revelan cientos de menciones y mensajes intercambiados entre la princesa y Epstein, principalmente entre 2011 y 2014. Una relación que, según la documentación, fue frecuente, cercana y sostenida en el tiempo, incluso cuando el empresario ya estaba bajo investigación y su reputación pública era ampliamente conocida.
Reuniones, mensajes y una estancia en Palm Beach
Según los documentos, Mette-Marit y Epstein se reunieron en varias oportunidades, tanto en Estados Unidos como en Noruega, y mantuvieron un contacto fluido por correo electrónico. Parte del escándalo se concentra en una residencia de Epstein en Palm Beach, Florida, donde la princesa pasó cuatro días, acompañada por una amiga.
Desde el Palacio Real de Oslo confirmaron la estadía, aunque intentaron despegar a la princesa del empresario al señalar que el alojamiento fue gestionado a través de un allegado y no directamente por Epstein. Sin embargo, los intercambios revelados contradicen la versión de una relación superficial.
Una amistad que comenzó en Davos
El origen del vínculo se remonta a enero de 2011, durante el Foro Económico Mundial de Davos. Allí, Mette-Marit coincidió con Boris Nikolic, consultor de la fundación Bill y Melinda Gates, quien más tarde contactó a Epstein para anticiparle la visita de “una amiga” a Nueva York. En los mensajes desclasificados, el propio Epstein recibe referencias poco convencionales sobre la princesa heredera.
Con el correr del tiempo, los correos muestran un tono de confianza personal: preocupaciones por la salud, comentarios íntimos, sugerencias sentimentales y referencias literarias que hoy resultan particularmente perturbadoras por el historial del empresario.

El rol de su hijo y nuevas controversias
Entre los documentos también aparecen menciones a Marius Borg, hijo de Mette-Marit, que en ese momento era menor de edad. Uno de los intercambios revela una consulta de la princesa a Epstein sobre la conveniencia de una imagen de fondo de pantalla con mujeres desnudas, a lo que él respondió con una frase que hoy genera indignación.
Este punto suma tensión a un contexto ya complejo: Borg enfrenta un juicio inminente y, aunque no forma parte oficialmente de la Casa Real, su situación obligó al príncipe Haakon a intervenir públicamente para pedir respeto por la presunción de inocencia.
Disculpas que no alcanzan
En medio del vendaval, Mette-Marit pidió disculpas públicamente. “Debo asumir mi responsabilidad por no haber investigado mejor quién era Epstein. Me avergüenzo”, declaró a la cadena TV2. Pero en Noruega crece la sensación de que el daño ya está hecho.
Medios de gran peso como Aftenposten y VG se preguntan abiertamente si Mette-Marit podrá convertirse en reina después de estas revelaciones, mientras analistas hablan de una crisis reputacional profunda y de consecuencias imprevisibles para la monarquía.
“El Palacio necesitará máxima transparencia y mucho trabajo para salir de esta situación. Es probable que aparezca aún más información en los próximos días”, advirtió la comentarista política Hanne Skartveit.
Por ahora, la imagen de la futura reina está seriamente comprometida. Y en Noruega, un país donde la confianza pública es clave, la pregunta ya no es solo qué ocurrió, sino si la monarquía puede resistir este golpe.
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