
La conductora Mirtha Legrand fue espiada durante el gobierno kirchnerista a través de una base de datos ilegal utilizada para recopilar información personal de figuras públicas. La revelación fue realizada este sábado por el periodista Nicolás Wiñazki durante la emisión del programa La noche de Mirtha, donde presentó documentación que vincula a la histórica conductora con reportes de inteligencia no autorizados.
Según explicó Wiñazki, el espionaje se realizó mediante una base de datos clandestina denominada “Sudamérica Data”, que operaba durante la gestión de los Kirchner y reunía información privada sin consentimiento. De acuerdo con la información exhibida en el programa, el nombre de Mirtha Legrand figura en distintos reportes elaborados por esa estructura ilegal.
El periodista aseguró que la vigilancia formaba parte de una práctica sistemática orientada a seguir, controlar o deslegitimar a personas con influencia pública. “Los Kirchner siempre tuvieron fascinación por el espionaje”, afirmó Wiñazki, al describir el contexto político en el que funcionaba la base de datos.
La propia Mirtha Legrand reaccionó con sorpresa e incomodidad al enterarse en vivo de la denuncia. “¿Qué van a escuchar de mí? Yo no soy política. Soy una conductora”, expresó la diva, visiblemente impactada por la información.
Wiñazki detalló que el objetivo de estas prácticas no se limitaba a anticipar críticas políticas, sino que también buscaba construir herramientas de presión sobre figuras mediáticas y opositores. Según explicó, la recopilación de datos personales servía para ejercer control social y político, incluso sobre personas que no tenían una participación directa en la actividad partidaria.
“Sudamérica Data” funcionaba por fuera de cualquier marco legal y accedía a información privada sin autorización, lo que constituye un delito. En ese esquema, la inclusión de Mirtha Legrand evidenciaría el alcance del sistema de espionaje, que no distinguía entre dirigentes políticos y referentes del espectáculo o los medios.
La denuncia reavivó el debate sobre el uso ilegal de inteligencia durante aquel período y dejó expuesta una trama de vigilancia que, según Wiñazki, tuvo como blanco a numerosas voces críticas y personalidades influyentes del país.
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