La tensión entre Washington y Moscú sumó un nuevo capítulo cinematográfico en aguas del Atlántico Norte. El ejército de los Estados Unidos, en una operación conjunta entre el Departamento de Justicia y la Guardia Costera, logró interceptar y capturar al petrolero Marinera (anteriormente conocido como Bella 1). El buque, que navegaba bajo bandera rusa, transportaba petróleo vinculado al régimen venezolano e intentaba burlar el bloqueo marítimo impuesto por la administración de Donald Trump en este movido inicio de 2026.
La incautación se produjo luego de catorce días de persecución. El petrolero había rechazado sistemáticamente los pedidos de abordaje, lo que obligó al Comando Europeo del ejército estadounidense a intervenir con unidades de élite. Según confirmaron fuentes oficiales a la prensa internacional, la tripulación no ofreció resistencia una vez que los efectivos de la Guardia Costera tomaron el control del puente de mando.
Lo que pudo haber terminado en un incidente diplomático de escala global se mantuvo bajo un manto de cautela militar. Fuentes consultadas por el New York Times revelaron que, al momento de la captura, había buques militares rusos en las inmediaciones, incluyendo un submarino. Sin embargo, las fuerzas de Vladímir Putin decidieron no intervenir ni mostrar hostilidad, permitiendo que el operativo estadounidense se desarrollara sin disparar un solo tiro.
Desde Moscú evitaron hacer comentarios sobre la pérdida del cargamento, una actitud que los analistas interpretan como un intento de no escalar el conflicto directo con la Casa Blanca tras la reciente detención de Nicolás Maduro.
Este operativo no es un hecho aislado. En paralelo, la Guardia Costera interceptó otro buque cisterna en aguas latinoamericanas, reforzando el cerrojo sobre cualquier intento de exportación de hidrocarburos desde Venezuela. Bajo el mando de Trump, Estados Unidos busca asfixiar financieramente lo que queda de la estructura chavista, bloqueando las rutas hacia sus aliados estratégicos.
El “Marinera” ahora se encuentra bajo custodia federal y se suma a la lista de activos incautados que Washington planea utilizar para financiar la transición venezolana dirigida por Delcy Rodríguez. Mientras tanto, el mundo mira con lupa cada movimiento en el océano, donde la “guerra del petróleo” se juega metro a metro entre fragatas y cargueros.

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