
Estados Unidos y Venezuela dieron este miércoles un paso clave en la recomposición de su relación bilateral con el anuncio de una nueva agenda conjunta en materia energética. Tras una reunión privada en Caracas, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y la presidenta encargada venezolana, Delcy Rodríguez, confirmaron el inicio de una “asociación productiva a largo plazo” enfocada en petróleo, gas, minería y generación eléctrica.
Wright aseguró que la administración de Donald Trump está comprometida con impulsar un “aumento drástico” en la producción de energía venezolana. Según explicó, la expansión de la actividad petrolera y gasífera no solo fortalecería la seguridad energética regional, sino que también tendría un impacto directo en el empleo, los salarios y la calidad de vida de los venezolanos. El funcionario transmitió además un mensaje del presidente estadounidense, quien —dijo— busca transformar la relación entre ambos países como parte de su estrategia para “hacer que las Américas vuelvan a ser grandes”.
Desde el gobierno venezolano, Rodríguez sostuvo que la energía puede convertirse en el eje central de una nueva etapa bilateral, pese a las tensiones políticas que marcaron los últimos años. Subrayó que ya hubo intercambios técnicos entre ambas delegaciones para avanzar en proyectos concretos y afirmó que esta visita oficial será la primera de varias destinadas a consolidar la cooperación.

El acercamiento se produce tras un período de fuertes restricciones. Washington había impuesto un embargo petrolero a Venezuela en 2019, aunque en los últimos meses comenzó a flexibilizar sanciones mediante licencias que permiten determinadas operaciones y exportaciones vinculadas al sector. Además, la Casa Blanca firmó una orden ejecutiva para asegurar que los ingresos derivados de la venta de crudo venezolano queden protegidos y se orienten al beneficio de la población.
En la actualidad, Venezuela produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, una cifra que muestra recuperación frente a los mínimos de 2020, aunque todavía lejos de los niveles históricos del país. Con reservas probadas estimadas en más de 300.000 millones de barriles, Caracas aspira a incrementar su producción en los próximos años. La agenda presentada contempla inversiones millonarias y acuerdos de suministro, además de contactos con compañías internacionales como Chevron y Repsol y recorridas por campos petroleros en la Faja del Orinoco.
El restablecimiento de la misión diplomática estadounidense en Caracas y una reciente reforma legal que otorga mayores garantías a inversores extranjeros —incluido el arbitraje internacional en disputas— completan el nuevo escenario. No obstante, el alcance real de la alianza dependerá de la continuidad política y de la capacidad de ambas administraciones para traducir los anuncios en resultados concretos, en un tablero geopolítico donde también inciden los vínculos de Venezuela con Rusia y China.
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