
La situación en la frontera entre Colombia y Venezuela se volvió un laberinto burocrático y una barrera infranqueable para la prensa internacional en este inicio de 2026. Rodrigo Miró, enviado especial del Grupo Boing, relató para Río 96.9 la frustración compartida con periodistas de todo el planeta: a pesar de los intentos legales y las gestiones diplomáticas, el régimen que ahora encabeza Delcy Rodríguez mantiene las puertas cerradas bajo llave para cualquier cronista extranjero.
“Acabo de hacer el enésimo intento y el soldado bolivariano me reconoció enseguida”, contó Miró tras ser rechazado nuevamente en el límite del río Táchira. El periodista rosarino compartió su asombro al ver que cadenas de la talla de la BBC, CNN o Televisión Española (TVE) están en la misma situación de “vidriera”, mirando desde afuera un hecho histórico sin poder reportar desde el lugar de los hechos.
En una charla con la periodista madrileña Carla Cuñá, de TVE, la colega confirmó que la estrategia oficial en Caracas es el desgaste. “Nos dicen que enviemos el visado a Caracas y es una forma de tenernos entretenidos”, explicó la cronista española, quien definió la cobertura como “limitante” y “especial” por lo que representa Donald Trump como figura de cambio o preocupación global. Para los periodistas apostados en Cúcuta, la reflexión es sencilla: un país que bloquea el acceso a todos los medios del mundo, algo tiene para esconder.
Más allá de la geopolítica, la realidad de “a pie” sigue siendo desgarradora. Miró relató la historia de Axli, una joven madre que viajó más de seis horas desde la provincia de Barinas solo para vacunar a su bebé en Cúcuta. Ante la falta de insumos médicos básicos en su pueblo, la mujer tuvo que cruzar la frontera, cumplir con el trámite sanitario y emprender el regreso el mismo día.
Esa cotidianeidad del venezolano que va y viene para comprar comida o medicamentos no cambió con la caída de Maduro. Lo que sí se nota es un aumento en el control social: los más jóvenes ya no hablan con libertad ante las cámaras. “Te preguntan si esto sale por YouTube y si se puede ver en Venezuela; ahí ya te dicen menos”, advirtió el enviado especial. En este martes convulsionado, mientras el mundo espera definiciones desde Washington, en la frontera el tiempo parece detenido en una crisis humanitaria que no sabe de calendarios.
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