
El rock nacional atraviesa horas de conmoción tras la muerte de Daniel Buira, histórico baterista de Los Piojos, quien falleció durante la madrugada de este sábado en la escuela de percusión La Chilinga, ubicada en el partido bonaerense de Morón y fundada por él mismo en 1995.
El músico, de 54 años, se encontraba en un patio interno del establecimiento cuando, cerca de las 4 de la madrugada, comenzó a pedir ayuda al manifestar que no podía respirar. Según el testimonio de un vecino identificado como Hernán, que acudió a asistirlo, el artista se descompensó rápidamente, perdió el conocimiento y murió en el lugar.
Minutos después, médicos del SAME llegaron al lugar y constataron que ya no presentaba signos vitales. De acuerdo a los primeros datos, Buira padecía asma, aunque la Justicia busca determinar con precisión qué ocurrió.
La causa quedó en manos de la UFI N° 8 de Morón, donde se inició una investigación por averiguación de causales de muerte. En ese marco, se ordenaron pericias y la correspondiente autopsia, mientras que los investigadores también buscan descartar la participación de terceros. Fuentes del caso indicaron que no hay cámaras de seguridad en el interior del lugar, por lo que solo se analizarán registros externos.
Algunas versiones preliminares señalan que el fallecimiento podría haber sido producto de un infarto, aunque esto deberá ser confirmado por los estudios forenses.

Buira fue una figura fundamental en los inicios de Los Piojos, banda que integró desde su formación en 1988 junto a músicos como Andrés Ciro Martínez, Miguel Ángel Rodríguez, Pablo Guerra y Daniel Fernández. Su rol como baterista y percusionista fue clave para construir el sonido característico del grupo, fusionando el rock con ritmos rioplatenses como la murga y el candombe.
Participó en los primeros cinco discos de la banda: “Chac tu Chac”, “Ay Ay Ay”, “Tercer Arco”, “Azul” y “Ritual”, este último registrado en vivo. En el año 2000, tras conflictos internos, se alejó del grupo, aunque volvió a formar parte en 2024 con el regreso de la banda.
Además de su trayectoria en el rock, Buira desarrolló un fuerte trabajo en la percusión colectiva. En 1995 fundó La Chilinga, una escuela que con el tiempo creció hasta contar con más de 900 alumnos, 30 profesores y cinco sedes en distintas localidades. Desde allí impulsó proyectos musicales, grabó discos y compartió escenario con artistas de gran renombre.
A lo largo de su carrera también colaboró con músicos como Vicentico, Fabiana Cantilo, Juan Carlos Cáceres, Fito Páez, Pedro Aznar, Mercedes Sosa y Calle 13, entre muchos otros. Incluso se desempeñó como baterista en el proyecto solista de Vicentico y desarrolló su propia banda, No Bailo, donde fusionó rock y percusión.
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