
La grieta entre el Gobierno nacional y el sector textil sumó un capítulo de altísima tensión. En diálogo en Antes de Todo, el empresario rosarino Sergio Colatti expresó el malestar profundo que generaron las recientes declaraciones de Luis Caputo —quien afirmó que no compra ropa nacional— y de Manuel Adorni, quien minimizó el impacto de las importaciones. “Tengo 57 años y laburo desde los 7; si algo no soy es ser un ladrón”, arrancó Colatti con una vehemencia que refleja el clima en las fábricas locales.
El dueño de This Week explicó que la visión del Gobierno está sesgada por “4 o 5 monopolios preventarios” de Buenos Aires, pero que la realidad de las pymes de Santa Fe es muy distinta. “Nosotros no abusamos de nadie. Marcas como Sonder, Vandalia o Sólido tienen cientos de operarios y hoy están sufriendo una capacidad instalada bajísima”, detalló.
Para desmitificar el mito de que los industriales textiles son los culpables de los precios altos, Colatti desglosó cómo se compone el costo de una prenda básica en Argentina. El dato es demoledor: más de la mitad del precio final son impuestos directos.
“El 50,3% de una remera son impuestos. Si le sumás logística, alquileres y el costo financiero de las cuotas, a nosotros nos queda una rentabilidad neta de apenas el 4,74%”, precisó el empresario. Según Colatti, el Gobierno ataca la consecuencia pero no la causa: “Quieren competir con China, donde la gente labura 12 horas por 700 dólares y no hay derechos laborales, mientras acá un empleado que cobra un millón le cuesta al empleador casi dos millones por la carga impositiva”.
Más allá de los números, lo que más duele en el sector es el factor humano. Colatti relató con angustia que esta semana recibió a dueños de talleres llorando porque no pueden pagar la luz ni los sueldos. “Están dándole las máquinas a las costureras para que se las lleven a sus casas porque no pueden sostener la estructura”, contó.
Finalmente, el referente textil le apuntó directamente a la actitud de los funcionarios: “Caputo habla con una postura sobradora, de cheto que no le importa nada. Ninguno de esos dos firmó un cheque en su vida ni pagó un 931; siempre estuvieron cobijados por el Estado. No nos pidan que compitamos con el mundo si no nos dan las mismas herramientas”.
Comentarios