
Luego de aprobar la segunda revisión del acuerdo con el Gobierno argentino, el Fondo Monetario Internacional (FMI) difundió nuevas proyecciones económicas y anticipó que la inflación en Argentina podría descender a un dígito anual hacia 2028. Según el Staff Report del organismo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) llegaría al 7,5% anual dentro de dos años, en un escenario de continuidad del proceso de desinflación.
El informe sostiene que durante el resto de 2026 la desaceleración de los precios continuará, aunque a un ritmo más gradual. Entre los factores señalados aparece el impacto de la suba internacional de la energía derivada del conflicto en Medio Oriente, que podría ejercer presión sobre algunos costos internos.
Tras el dato de inflación de abril, que fue del 2,6% y cortó una racha de diez meses consecutivos de aceleración, el FMI estimó que el IPC anual cerrará este año en torno al 25%, por debajo del 31,5% registrado en 2025. Para el organismo, este proceso estará acompañado por una remonetización progresiva de la economía.
El documento también destacó que todavía persisten desafíos importantes vinculados a la acumulación de reservas y la recuperación de la demanda de dinero. Según el FMI, esos objetivos quedaron rezagados frente a otros programas económicos debido al contexto de incertidumbre política atravesado durante 2025.
En paralelo, el organismo presidido por Kristalina Georgieva pidió actualizar las canastas utilizadas para medir la inflación y recomendó fortalecer la independencia del Indec. El Fondo cuestionó la continuidad del uso de la canasta de consumo de 2004 para elaborar el IPC, en lugar de aplicar la actualización correspondiente a 2017/2018.
“La demora prolongada en la actualización del IPC ha dejado la metodología desactualizada y menos representativa de la canasta de consumo actual”, advirtieron los técnicos del organismo en el reporte oficial.
La discusión sobre la metodología estadística había generado polémica a comienzos de 2026 y derivó en la salida de Marco Lavagna de la conducción del instituto estadístico.
Además, el FMI remarcó que el desafío del Gobierno será sostener el equilibrio entre la baja de la inflación, la recuperación económica y la acumulación de reservas internacionales. En ese sentido, consideró clave mantener un ancla fiscal “ambiciosa y creíble” para garantizar la sostenibilidad de la deuda y evitar depender exclusivamente de políticas monetarias restrictivas o del tipo de cambio.
El informe también repasó experiencias internacionales y recordó que bajar la inflación desde niveles de tres cifras hasta dos dígitos suele demandar poco tiempo, aunque alcanzar niveles de un solo dígito requiere varios años de estabilidad macroeconómica. Según el análisis, en países con economías altamente dolarizadas, como Perú o Uruguay, ese proceso demoró entre cinco y siete años.
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