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Insólito: llevó facturas por su cumpleaños, el supermercado lo echó y ahora deberá pagarle 100.000 euros

Un empleado fue despedido tras comprar panificados en su propio lugar de trabajo; la empresa alegó "robo" por un error en el cobro, pero la justicia falló a favor del trabajador y consideró que la sanción fue totalmente desproporcionada.

Lo que empezó como un festejo de cumpleaños terminó en una batalla judicial millonaria. Un trabajador de un supermercado en Galicia, España, vivió una pesadilla laboral tras intentar compartir unas facturas con sus compañeros. El hombre compró varias bandejas en el mismo local donde trabajaba antes de la apertura, pero un error de la cajera hizo que pagara apenas 10,23 euros cuando el total era de casi 69 euros.

A pesar de que el empleado notó el error días después, pagó la diferencia de 58,59 euros y avisó a sus superiores para evitar que sancionaran a su compañera, la empresa decidió despedirlo en noviembre. La firma utilizó una cláusula del contrato que prohíbe el “consumo o apropiación de bienes de la empresa” para justificar la salida sin indemnización.

El caso llegó al Tribunal de Galicia, donde los jueces destrozaron el argumento del supermercado. La justicia determinó que no existió ninguna intención de fraude ni beneficio económico por parte del trabajador, ya que él mismo corrigió el error y abonó la totalidad del dinero. Además, el fallo remarcó que la empresa no sufrió ningún perjuicio económico real.

Al declarar el despido como “improcedente”, el tribunal le puso un ultimátum al supermercado: o acepta el regreso del empleado a su puesto habitual o debe pagarle una suma de 105.716,09 euros. Los magistrados fueron muy duros con la cadena de tiendas al considerar que la sanción fue “desproporcionada” y que no se tuvo en cuenta el contexto ni la buena fe del hombre, quien solo buscaba celebrar con sus pares antes de arrancar la jornada.

Esta resolución sienta un precedente importante sobre cómo las empresas deben aplicar sus reglamentos internos sin perder de vista la realidad. Al final, las facturas más caras de la historia las terminó pagando el propio supermercado por su falta de criterio en este inicio de 2026.

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