
Desde São Paulo, el enviado especial de Radio Boing, Sergio Gómez Quintana, compartió sus sensaciones sobre lo que se vivió dentro del circuito de Interlagos en la carrera de Fórmula 1. El clima estuvo cargado de expectativa, tribunas colmadas desde temprano y precios que impactaron a cualquiera que llegó al predio.
“El F1 Store cerrado porque lo vaciaron”, contó Sergio, en referencia a la tienda oficial del evento, donde los productos se agotaron rápidamente a pesar de los valores exorbitantes. Un ejemplo: una simple remera blanca con el logo de F1 costaba 1000 reales, mientras que una gorra rondaba los 500. Para los fans argentinos, eso debía multiplicarse por 300, advirtió, evidenciando lo difícil que resultaba acceder a la indumentaria oficial. Incluso productos de equipos como Aston Martin superaban los 1200 reales y ya prácticamente no quedaban talles disponibles.

Consumir dentro del autódromo: todo se paga con cashless
La organización implementó el sistema de tarjeta cashless para todas las compras. Apenas se ingresaba, se cargaba el dinero y durante los tres días se utiliza para consumir. “De última te recargás, se puede devolver al final, pero no lo va a hacer nadie”, sostuvo el corresponsal, marcando que es poco probable que el público reclame los saldos no utilizados.
Los precios, en línea con lo que se esperaba, fueron elevados aunque, según contó, “hasta están más baratos que un festival internacional”. Por ejemplo, una Coca Cola o unas galletitas tenían un costo de 13 reales; el agua mineral 9,50 y la cerveza 18,50.

Tribunas colmadas y público que no se movió
El ambiente dentro del autódromo fue intenso. A horas para la carrera las tribunas ya estuvieron completas. “La gente no se muevió, nadie salió de la tribuna y si lo hizo dejó a alguien cuidando el lugar”, relató. Desde las 8 o 9 de la mañana ya no quedaba espacio libre.
Sergio también destacó que el clima acompañó a medias: nublado, con garúa por momentos, pero con amenaza constante de lluvia. Entre los intermedios, la acción en pista mantuvo a todos atentos, con un “rueda a rueda memorable” de Porsche y maniobras espectaculares al estilo Traverso, que entretuvieron a la multitud.
Entre carteles de respeto y el tradicional abucheo
Dentro del predio abundaron los carteles de alientos a los pilotos, lo que no faltó fue el clásico abucheo a los que acceden al sector más exclusivo, los que pagan para dar una vuelta en camiones por el circuito. “Históricamente abucheados por ser millonarios y tener privilegios”, explicó, aunque reconoció que también hay “un poco de envidia” en la reacción del público.
Un acceso complicado y tensiones afuera
La distancia entre el circuito y el alojamiento del equipo de Radio Boing sumó varios complicaciones. Aunque eran unos 20 kilómetros, el tráfico tornó el traslado eterno: “El domingo fue el día que menos tardamos, hicimos una hora y algo. Normalmente es una hora y media, la vuelta a dos”.
En el exterior del autódromo también se vivieron momentos tensos. Sergio relató corridas y situaciones incómodas cuando las autoridades retiraron a vendedores ambulantes. “Un papelón”, así definió lo ocurrido.
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