
La tensión en Medio Oriente volvió a escalar luego de que Irán advirtiera que podría bloquear el estratégico estrecho de Ormuz y atacar infraestructuras energéticas de la región si su territorio es agredido. La amenaza surge en respuesta al ultimátum de Donald Trump, quien exigió reabrir completamente la vía marítima en 48 horas.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, fue contundente: “Inmediatamente después de que las centrales eléctricas e infraestructuras de nuestro país sean blanco de ataques, las infraestructuras vitales, así como las infraestructuras energéticas y petroleras de toda la región, serán consideradas objetivos legítimos y serán destruidas de forma irreversible”. En la misma línea, fuerzas militares iraníes advirtieron que podrían cerrar por completo el paso clave para el comercio global de petróleo.
El impacto ya se hace sentir: el tránsito por Ormuz cayó drásticamente y los precios del crudo se dispararon, superando los 119 dólares antes de estabilizarse. Además, el ministro de Energía iraní, Abás Aliabadi, denunció “graves daños” en infraestructuras eléctricas y de agua tras ataques que atribuyó a Estados Unidos e Israel.
Desde Washington, Trump redobló la presión y aseguró que, si no hay apertura total del estrecho, avanzará con ataques a instalaciones iraníes. Mientras tanto, desde Teherán sostienen que la diplomacia sigue siendo una opción, aunque condicionada al fin de las agresiones, en un escenario que mantiene en vilo al mundo por su impacto directo en la energía global.
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