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Irán endurece su postura tras cuatro días de protestas estudiantiles: advierte que no tolerará ataques a los símbolos del régimen

El gobierno reconoce el derecho a manifestarse pero fija “líneas rojas”, mientras organismos de derechos humanos denuncian arrestos, torturas y ejecuciones tras la represión de enero. En paralelo, crece la tensión con Estados Unidos por el programa nuclear iraní.

Más de 3000 muertos en Irán por las protestas.

El régimen de Irán lanzó una advertencia directa a los estudiantes que protagonizan manifestaciones en universidades del país: no permitirá ataques contra los símbolos de la república islámica, en medio de una nueva ola de protestas y bajo creciente presión internacional por su programa nuclear.

Las concentraciones comenzaron con el inicio del nuevo semestre universitario y retomaron consignas de las protestas nacionales que alcanzaron su punto máximo en enero, cuando miles de personas salieron a las calles en uno de los mayores desafíos al liderazgo clerical en años.

El martes se cumplió el cuarto día consecutivo de movilizaciones en los campus. Videos verificados por la agencia AFP mostraron enfrentamientos en un gran salón de una universidad de Teherán, donde un grupo ondeaba banderas iraníes mientras otro coreaba consignas antigubernamentales, antes de que se produjeran forcejeos.

Un día antes, estudiantes habían quemado la bandera adoptada tras la revolución de 1979, que derrocó a la monarquía e instauró la república islámica.

“Líneas rojas” y advertencias oficiales

La primera reacción oficial llegó de la portavoz del régimen, Fatemeh Mohajerani, quien afirmó que los estudiantes tienen derecho a protestar, pero deben respetar límites.

“Deben entender las líneas rojas”, advirtió.

En referencia a la bandera, sostuvo: “Es una de estas líneas rojas que debemos proteger y no cruzar ni desviar, incluso en el colmo de la ira”.

La funcionaria reconoció el malestar social y señaló: “Los estudiantes de Irán tienen heridas en sus corazones y han visto escenas que pueden molestarlos y enfurecerlos; esta ira es comprensible”.

Miles de muertos y denuncias de represión

La actual ola de manifestaciones se inscribe en el contexto de las protestas que comenzaron en diciembre, inicialmente por dificultades económicas agravadas por sanciones internacionales, y que escalaron hasta convertirse en movilizaciones nacionales masivas el 8 y 9 de enero.

La represión gubernamental fue violenta. La Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, registró más de 7.000 muertes, aunque advierte que la cifra podría ser mayor. Las autoridades iraníes, en cambio, reconocen más de 3.000 fallecidos y atribuyen la violencia a “actos terroristas” impulsados por Estados Unidos e Israel.

Durante las protestas, el gobierno intentó equilibrar el reconocimiento de reclamos económicos legítimos con la condena a los denominados “alborotadores”.

Mohajerani indicó que una misión oficial está investigando “las causas y factores” de las protestas. Sin embargo, organizaciones como Human Rights Watch alertan que la represión continúa.

La investigadora Bahar Saba denunció: “Las autoridades continúan aterrorizando a la población”.

Y agregó: “Los arrestos continúan y los detenidos enfrentan tortura, ‘confesiones’ bajo coacción y ejecuciones secretas, sumarias y arbitrarias”.

Según estos informes, decenas de miles de personas han sido arrestadas.

Un residente en Teherán, citado por AFP, afirmó que muchos ciudadanos siguen paralizados por el temor: “La mayoría de la gente todavía está aterrorizada por la brutalidad del régimen”. Aunque dijo haberse sumado por “responsabilidad moral”, consideró que pocos lo harán ahora por “el miedo a la opresión brutal y la esperanza en Trump”, en referencia a un posible ataque estadounidense.

Escalada con Estados Unidos

La crisis interna se desarrolla en paralelo a una creciente tensión con Estados Unidos por el programa nuclear iraní.

Tras la represión de enero, el presidente Donald Trump amenazó con intervenir militarmente en apoyo a los manifestantes, aunque luego el foco de sus advertencias se desplazó hacia el programa nuclear, que Occidente considera orientado a la fabricación de una bomba atómica, mientras Teherán insiste en que tiene fines pacíficos.

Washington desplegó fuerzas en Medio Oriente como parte de la presión. Un grupo de portaaviones adscrito al USS Abraham Lincoln fue enviado al Mar Arábigo, mientras que el USS Gerald R. Ford llegó a una base en Creta rumbo a la región.

En respuesta, Irán prometió represalias “ferozmente” ante cualquier ataque. La Guardia Revolucionaria de Irán realizó maniobras militares en la costa del Golfo.

El comandante de sus fuerzas terrestres, Mohammad Karami, declaró a la televisión estatal: “Se han diseñado medidas muy buenas en varios sectores, incluyendo misiles, artillería, drones, fuerzas especiales, vehículos blindados y transportes blindados de personal”. Añadió que los ejercicios se desarrollan “basándose en las amenazas existentes”.

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