
La Guardia Revolucionaria de Irán lanzó una nueva oleada de ataques contra Israel y bases de Estados Unidos en Medio Oriente, en una escalada que marca un nuevo capítulo en el conflicto regional.
La operación, denominada “Promesa Verdadera 4”, incluyó por primera vez el uso del misil balístico Haj Qasem, que según medios iraníes posee un alcance de 1.400 kilómetros y una ojiva de 500 kilos.
De acuerdo con la agencia Fars, los ataques impactaron en ciudades como Tel Aviv, Jerusalén y Beit Shamish, además de objetivos estratégicos en distintos países. También se reportaron ofensivas contra bases estadounidenses en Qatar, Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos, así como en el Kurdistán iraquí.
La ofensiva incluyó además misiles Fatah y Emad, junto a drones de ataque, y fue dedicada por Irán a los “mártires de la industria aeroespacial”.
En paralelo, el ejército israelí informó una nueva serie de ataques a gran escala contra infraestructura iraní en Teherán, en respuesta a las acciones de Irán. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, aseguró que en esos ataques murió Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, aunque esa información no fue confirmada por las autoridades iraníes.
La escalada también tuvo consecuencias en otros puntos de la región. En Bagdad, sistemas defensivos de la embajada estadounidense derribaron drones, aunque uno logró impactar dentro del complejo, generando un incendio de gran magnitud.
En Emiratos Árabes Unidos, una instalación petrolera en Fujairah fue alcanzada, mientras que en Abu Dhabi una persona murió por restos de un misil interceptado, elevando a ocho las víctimas fatales en ese país desde el inicio del conflicto. Por su parte, Arabia Saudita informó la interceptación de drones, y en Doha se activaron sistemas de defensa aérea.
La tensión también impacta en el Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Aunque Irán sostiene que la vía sigue abierta, advirtió que las restricciones afectan a Estados Unidos, Israel y sus aliados. Desde el inicio del conflicto, unos 20 buques fueron atacados en la zona.
El aumento del precio del crudo llevó al expresidente Donald Trump a exigir el envío de buques de guerra para garantizar la seguridad del tránsito marítimo.
Desde la Unión Europea, la jefa de la diplomacia Kaja Kallas aseguró que el bloque no quiere involucrarse en el conflicto. “Esta no es la guerra de Europa”, afirmó ante el Parlamento Europeo.
En la misma línea, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, expresó que su país podría colaborar en la seguridad del estrecho, aunque solo cuando cesen los bombardeos intensivos. La escalada militar, con la incorporación de nuevos sistemas de armamento, profundiza la incertidumbre global y aumenta el riesgo de una expansión del conflicto en toda la región.
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