
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, aseguró que Irán perdió su capacidad nuclear y misilística tras casi 20 días de ofensiva aérea conjunta con Estados Unidos, en una escalada que eleva la tensión en Medio Oriente y mantiene en alerta a la comunidad internacional.
En una conferencia de prensa, el mandatario fue contundente al describir el resultado de los ataques: “Estamos ganando e Irán está siendo diezmado”. Según explicó, la campaña militar se centró en instalaciones clave, como plantas nucleares, arsenales y fábricas de misiles, lo que dejó severamente dañada la estructura militar del país persa.
Netanyahu detalló que actualmente continúan los bombardeos sobre objetivos estratégicos: “Ahora mismo estamos destruyendo las fábricas que producen los componentes para estos misiles y para las armas nucleares que intentaban fabricar”. En esa línea, sostuvo que gran parte del arsenal de drones y misiles iraníes fue neutralizado, reduciendo significativamente su capacidad operativa.
El líder israelí fue aún más categórico sobre el nuevo escenario: “Irán ya no tiene las herramientas para amenazar a Israel ni a la región”, afirmando que el régimen atraviesa una situación crítica tras la pérdida de control sobre sus principales recursos estratégicos.
En cuanto al desarrollo del conflicto, Netanyahu no descartó una nueva fase militar: “Habrá un componente terrestre. Hay muchas posibilidades para esa fase”, aunque evitó precisar plazos o detalles de una eventual incursión en territorio iraní.
Además, se refirió al posible impacto político interno en Irán y dejó abierta la puerta a un cambio de régimen: “Depende del pueblo de Irán mostrar ese momento, elegir cuándo y levantarse”.

Respecto a la relación con Estados Unidos, el primer ministro rechazó versiones sobre presiones hacia el presidente Donald Trump y defendió la autonomía de las decisiones israelíes: “¿De verdad alguien cree que se le puede decir al presidente Trump lo que tiene que hacer?”. También confirmó que Washington pidió evitar nuevos ataques a infraestructuras energéticas, una solicitud que Israel estaría respetando: “El presidente Trump nos pidió que no lleváramos a cabo futuros ataques, y estamos haciendo caso”.
En paralelo, Netanyahu advirtió sobre la estrategia iraní en el plano internacional, especialmente en relación al estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global: “No lo lograrán”, afirmó, en referencia a un eventual bloqueo de esa ruta marítima.
El conflicto ya tiene impacto directo en los mercados internacionales, con subas en los precios del petróleo y el gas, tras ataques iraníes a infraestructuras en países como Qatar, Arabia Saudita, Kuwait e Israel, que provocaron daños e incendios.
A pesar de la magnitud del enfrentamiento, el mandatario se mostró optimista sobre su desenlace: “La guerra terminará más rápido de lo que muchos creen”, sostuvo, al tiempo que reafirmó el objetivo central de la ofensiva: “Estamos haciendo lo necesario para proteger a nuestro pueblo y al mundo”.
Con este escenario, la guerra en Medio Oriente entra en una fase decisiva, marcada por la destrucción de capacidades estratégicas, la posibilidad de una intervención terrestre y el creciente riesgo de una crisis energética global.
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