
La situación en Oriente Medio entró en una fase de descontrol absoluto este martes. En una operación relámpago, Israel lanzó una “ola masiva” de ataques aéreos contra objetivos estratégicos en el corazón de Irán y el Líbano. El ejército israelí confirmó que los bombardeos en Teherán apuntaron a infraestructura clave del régimen iraní, mientras que en Beirut los proyectiles impactaron sobre centros operativos de Hezbollah. Esta ofensiva marca un punto de no retorno, llevando el fuego directo al territorio de los máximos responsables del eje regional.
Casi al mismo tiempo, la Zona Verde de Bagdad vivió una madrugada de terror. La embajada de los Estados Unidos fue blanco del ataque más violento desde el inicio de las hostilidades: al menos cinco drones y una ráfaga de cohetes cayeron sobre el perímetro diplomático.
Según fuentes de seguridad iraquíes, la intensidad de la incursión superó cualquier registro previo de la actual escalada, dejando a la sede norteamericana en una situación de alerta extrema frente a las milicias aliadas de Irán.
En medio de los bombardeos, Donald Trump volvió a sacudir la diplomacia internacional. El presidente de los Estados Unidos criticó con dureza al Reino Unido y a la OTAN por “borrarse” de la misión para reabrir el estrecho de Ormuz, un paso clave para el petróleo mundial que sigue bloqueado.
“Esta no es una guerra de la OTAN”, respondieron desde Europa, negándose a enviar más barcos. Pese a que las bombas caían en tres capitales distintas, Trump intentó llevar calma y aseguró que el conflicto “terminará pronto”, aunque evitó dar fechas precisas para el cese del fuego.
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