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Keiko Fujimori asumió con una promesa: “orden” en Perú

El periodista peruano Jorge Rodríguez analizó el inicio del gobierno de Keiko Fujimori, marcado por la promesa de “orden”, una mayor participación de las Fuerzas Armadas contra el crimen y anuncios económicos.

La llegada de Keiko Fujimori al gobierno también revive inevitablemente el debate sobre el legado de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó Perú durante la década de 1990.

Keiko Fujimori asumió la presidencia de Perú en medio de una fuerte expectativa por el rumbo que tomará su gobierno, después de una elección definida por un margen mínimo y con la seguridad como una de las principales preocupaciones de la población.

En diálogo con el equipo de Antes de Todo, de Radio Boing, el periodista peruano Jorge Rodríguez analizó el escenario que enfrenta la nueva mandataria y destacó que su primer discurso ante el Congreso estuvo marcado por una palabra que también atravesó buena parte de su campaña: “orden”.

La elección que llevó a Fujimori al poder fue una de las más reñidas de la historia reciente de Perú. En la segunda vuelta, la diferencia frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez rondó los 50 mil votos y fueron los peruanos residentes en el exterior quienes terminaron inclinando la balanza a favor de la candidata de Fuerza Popular.

Ahora, ya instalada en el gobierno, Fujimori enfrenta el desafío de construir consensos y responder a una sociedad atravesada por problemas de inseguridad, informalidad laboral y dificultades para concretar obras de infraestructura.

La seguridad, el principal desafío

Según explicó Jorge Rodríguez, la lucha contra el crimen organizado aparece como la principal preocupación de los peruanos y fue uno de los ejes centrales del primer mensaje de Fujimori ante el Congreso.

La nueva presidenta anunció que las Fuerzas Armadas tendrán una participación más activa en las operaciones destinadas a combatir la inseguridad y trabajarán en coordinación con la Policía Nacional del Perú.

El planteo supone un cambio en la estrategia tradicional, ya que la Policía es, de acuerdo con la normativa peruana, la institución encargada de combatir el delito organizado.

Rodríguez explicó que uno de los motivos detrás de la decisión es la pérdida de confianza que atraviesa la Policía debido a distintos casos de corrupción. En contraste, sostuvo que las Fuerzas Armadas todavía cuentan con un mayor nivel de respaldo entre parte de la ciudadanía.

“De lejos la preocupación más importante que se tiene en este momento a nivel nacional”, señaló el periodista al referirse al crimen organizado.

Uno de los fenómenos que más preocupa en Perú es el crecimiento de las extorsiones. Según relató Rodríguez, las bandas ya no apuntan únicamente a grandes empresas, sino también a pequeños comerciantes, dueños de bodegas, trabajadores de mercados y choferes del transporte público.

El regreso del apellido Fujimori

La llegada de Keiko Fujimori al gobierno también revive inevitablemente el debate sobre el legado de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó Perú durante la década de 1990 y cuyo gobierno quedó marcado por denuncias de autoritarismo.

En ese contexto, la nueva presidenta buscó despejar dudas sobre sus intenciones y lanzó una frase durante su discurso ante el Congreso: aseguró que permanecerá en el poder “cinco años, ni un día más”.

Para Rodríguez, la afirmación apunta directamente a tranquilizar a quienes observan con preocupación la posibilidad de que el apellido Fujimori vuelva a quedar asociado con prácticas autoritarias.

Keiko Fujimori deberá cargar durante toda su gestión con ese antecedente político y, al mismo tiempo, demostrar que su gobierno puede diferenciarse de la etapa de su padre.

Un aumento del salario mínimo

En materia económica, una de las principales novedades anunciadas por Fujimori fue el incremento de la remuneración mínima vital hasta los 1.300 soles, una medida que sorprendió incluso a sectores empresariales.

Rodríguez explicó que el aumento representa una suba de más de 100 soles y que incluso había sido una propuesta del candidato que enfrentó a Fujimori en la segunda vuelta.

Sin embargo, el periodista advirtió que el impacto de la medida será limitado debido a uno de los principales problemas estructurales de Perú: la informalidad.

Según explicó, solamente alrededor del 20% de los trabajadores se encuentran dentro del sistema formal. El 80% restante desarrolla sus actividades en la informalidad y no cuenta con los mismos beneficios laborales.

“Este incremento del sueldo mínimo llegará solamente a ese 20% de trabajadores”, señaló Rodríguez.

Por ese motivo, uno de los grandes desafíos económicos del nuevo gobierno será reducir la informalidad y lograr que más trabajadores puedan incorporarse al mercado laboral formal.

Obras y proyectos paralizados

Otro de los compromisos asumidos por Fujimori está relacionado con la necesidad de destrabar proyectos de infraestructura que llevan años demorados.

La presidenta anunció medidas para agilizar obras vinculadas, entre otros sectores, con la construcción de carreteras y hospitales.

Rodríguez explicó que Perú enfrenta un problema de burocracia y tramitología que muchas veces genera demoras y termina frenando proyectos de importancia para distintas regiones del país.

En ese sentido, el nuevo gobierno buscará reducir obstáculos administrativos y acelerar iniciativas que llevan tiempo pendientes de ejecución.

Expectativa por el inicio del gobierno

Para el periodista peruano, el discurso inaugural de Keiko Fujimori fue breve y marcó con claridad las prioridades de la nueva administración.

Seguridad, aumento del salario mínimo, lucha contra la informalidad y reactivación de proyectos aparecen entre los principales desafíos de un gobierno que llegó al poder con una diferencia muy ajustada.

A esto se suma la necesidad de mantener la estabilidad económica del país. Rodríguez destacó que el Banco Central de Reserva continuará bajo la conducción de Julio Velarde, una figura asociada con la estabilidad macroeconómica peruana.

Así, Keiko Fujimori comienza su mandato con un escenario complejo: deberá responder a la creciente preocupación por la inseguridad, mejorar las condiciones económicas de los trabajadores y, al mismo tiempo, despejar las dudas vinculadas con el pasado político de su apellido.

El desafío será convertir las promesas de “orden” y cambio en políticas concretas durante los próximos cinco años.

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