
La economía de la Federación de Rusia atraviesa un proceso de desgaste profundo y sostenido como consecuencia de la invasión a Ucrania, en el que el Estado estaría comprometiendo sus propias bases productivas para sostener el esfuerzo bélico. Así lo advirtió el analista internacional Mark Galeotti en una entrevista en el canal de YouTube del periodista Pyotr Kurzin, uno de los mayores especialistas en política y seguridad rusa, quien aseguró que el impacto del conflicto va a ser de largo plazo incluso una vez finalizada la guerra.
Según el experto, el modelo económico impulsado por el Kremlin bajo el liderazgo de Vladimir Putin se sostiene cada vez más sobre un esquema de reasignación forzada de recursos internos, en un contexto en el que el país quedó prácticamente excluido del financiamiento internacional por las sanciones impuestas por Occidente después de que haya iniciado la guerra en Ucrania en 2022.
En ese marco, Galeotti describió el proceso como una dinámica de autodesgaste extremo: “Es como si se estuviera canibalizando a sí misma”, sostuvo, al explicar que el Estado ruso estaría utilizando su propia estructura económica como fuente de financiamiento de la guerra, aun a costa del deterioro del consumo interno y de la inversión productiva.
Presión sobre los hogares y caída del consumo
De acuerdo con el análisis, una de las consecuencias más visibles del modelo actual es la creciente presión sobre la economía doméstica. El especialista señaló que una porción significativa del ingreso de las familias rusas se destina exclusivamente a la alimentación, en un contexto de encarecimiento generalizado del costo de vida.
A esto se suma, según su diagnóstico, el impacto de las tasas de interés elevadas y las restricciones crediticias, que habrían profundizado las dificultades de acceso al financiamiento para vivienda y consumo, generando tensiones adicionales en el mercado inmobiliario y aumentando los niveles de incumplimiento.
Galeotti advirtió que estas condiciones configuran un escenario de deterioro progresivo que ya es percibido por la población, incluso cuando el discurso oficial intenta sostener una imagen de estabilidad macroeconómica.
Una estabilidad “artificial” sostenida por la guerra
El analista también cuestionó la supuesta resiliencia económica del país en los últimos años, al señalar que parte de la actividad registrada durante 2023 y 2024 habría estado impulsada de forma artificial por el fuerte aumento del gasto militar.
En ese sentido, sostuvo que ese flujo de recursos no representa un crecimiento genuino, sino una redistribución interna orientada a sostener la maquinaria bélica, con efectos limitados y temporales sobre el nivel de vida de la población.
Al mismo tiempo, remarcó que el funcionamiento del sistema político ruso, bajo un esquema de control estatal reforzado por la guerra, reduce la capacidad de respuesta social frente a la crisis económica.
Tensiones internas y escenario a largo plazo
Para Galeotti, el principal riesgo no es únicamente el impacto inmediato del conflicto, sino la acumulación de daños estructurales que, según su visión, dificultarán una recuperación rápida de la economía rusa una vez finalizada la guerra.
En ese contexto, el experto sostuvo que el Kremlin estaría apostando a sostener el esfuerzo militar en el tiempo, aun a costa de profundizar desequilibrios internos, en un escenario donde la presión económica sobre la sociedad continúa en aumento.
La evaluación se suma a otras advertencias de analistas internacionales que vienen señalando los efectos de largo plazo de las sanciones, el aislamiento financiero y la reconversión de la economía rusa hacia un modelo altamente dependiente del gasto en defensa.
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