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La herencia de Pablo Escobar: invasión de hipopótamos en Colombia

El narcotraficante colombiano Pablo Escobar,  tenía en la hacienda Nápoles su zoológico personal: canguros, jirafas, elefantes y otros animales exóticos. El capo de la droga, fallecido en 1993, el cártel de Medellín se ha disuelto, pero sus hipopótamos continúan reproduciéndose.

“Tenemos una meta: detener el crecimiento descontrolado de los hipopótamos”, explicó el biólogo de la agencia regional de medio ambiente Cornare, David Echeverri. Los hipopótamos pueden dañar el ecosistema, desplazar a las especies autóctonas y alterar la calidad del agua. La última iniciativa para afrontar este problema es un anticonceptivo solicitado por la embajada de Colombia en Estados Unidos.

Escobar tenía cuatro hipopótamos africanos en su finca, ubicada a unos 170 kilómetros de Medellín. Los animales exóticos eran una de las formas que tenía el narcotraficante de mostrar su poder y riqueza. La hacienda, tiene unas 3.000 hectáreas y es ahora un parque recreativo, con un total de unos 80 hipopótamos en los alrededores de la localidad de Puerto Triunfo, en el noroeste de Colombia.

“Los animales son una bendición, traen muchos turistas”, dijo Isabel Romero en el pueblo de Estación Cocorná. La mujer y sus hijos ofrecen excursiones en lancha a las zonas de descanso de los hipopótamos por el equivalente a 60 dólares y los llevan hasta el lugar donde el pequeño río Cocorná desemboca en el Magdalena. Como los animales siempre vuelven a este sitio, las visitas funcionan. A través del Magdalena, que atraviesa Colombia de sur a norte, los hipopótamos pueden extenderse por todo el país.

Cuando las fuerzas de seguridad mataron a Escobar en 1993, estos animales fueron abandonados a su suerte. El clima tropical, sin enemigos naturales, les vino bien. “Hace unos diez años, nos dimos cuenta de que teníamos una enorme población de hipopótamos”, agregó el biólogo Echeverri. “Empezamos a estudiar la población para ver si había una solución inmediata”.

Sólo diez hipopótamos fueron castrados quirúrgicamente, una operación compleja y costosa que insume 8.300 dólares. Otros cuatro fueron llevados a zoológicos colombianos, mientras que los demás siguieron reproduciéndose.

El diario “El Espectador” señaló que es preocupante la ausencia de decisiones con fundamento que garanticen el control efectivo de la población animal. Hasta la fecha no hay ninguna solución cercana. Mientras unos 40 hipopótamos se mueven libremente de un lado a otro del lago cercano a la “Hacienda Nápoles”, hay una hembra apartada de la manada. Vanessa, como la bautizaron, es la única que ha sido domesticada y que tiene un estanque para ella sola en la finca. Los turistas la acarician y la alimentan, más allá de que su boca con enormes dientes puede generar cierto temor.

Los hipopótamos son más peligrosos que los cocodrilos y leones. Con su peso pueden incluso volcar botes y embarcaciones. Los pescadores del río Magdalena van atentos y suelen saber dónde están los animales, que no se dejan intimidar. Sin embargo, siempre existe el riesgo de un ataque.

Los habitantes de la región se han acostumbrado en gran medida a que los hipopótamos se muevan en los ríos y anden por las calles, como ocurre en el pueblo de Doradal. Allí, han encontrado la manera de convivir con ellos. “Si no les haces daño, no te hacen daño”, indicó Ana Rita Duque Quiceño, vecina de la “Hacienda Napolés”. “Mantenemos una distancia de seguridad y les tomamos fotos. De esa forma nunca ha ocurrido nada”, agregó tras contar que ni siquiera los perros que ladran molestan a los molestan.

Por lo tanto, matar a los hipopótamos -como recomendaron recientemente los investigadores-, es algo que ni se plantean los habitantes de la zona, pero tampoco otros colombianos amantes de los animales. Además, la gente se beneficia del turismo con estos animales y los niños se forman como guías. “Después de todo, son animales inocentes”, señaló la periodista Mónica Valdés. Los hipopótamos “fueron utilizados en su día por la cultura del narcotráfico y hoy se les sigue sacando partido”, cerró.

Estos animales generan controversia, como la sigue generando Escobar en la actualidad. Algunos lo consideran el mal personificado, mientras que otros lo veneran como un un defensor de los vulnerables. Los “hipopótamos de la cocaína” también representan su legado, ese del que la gente quiere deshacerse y del que no se desprende tan fácilmente.

Los investigadores parecen ser conscientes de que su recomendación de asesinarlos es difícil de aplicar “porque el hipopótamo es una especie muy carismática”. La esperanza reside ahora solamente en la castración química.

Fuente: TN

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