El despacho de Manuel Adorni en el Ministerio del Interior es hoy el búnker donde se juega el partido más importante del verano. Los principales alfiles del oficialismo se juntan para unificar el discurso antes de que arranque el debate por la Reforma Laboral. El objetivo es claro: llegar al recinto con los votos asegurados, pero el camino tiene varios pozos que todavía no pudieron esquivar.
El principal foco de conflicto es el capítulo tributario que diseñaron Luis Caputo y Federico Sturzenegger. El plan de bajar el Impuesto a las Ganancias para las sociedades puso en pie de guerra incluso a los gobernadores aliados. Los mandatarios provinciales no quieren saber nada con que les toquen la recaudación y exigen, como mínimo, un esquema de compensación si la medida avanza.
Dentro del equipo de Milei, la grieta es evidente. Por un lado, están los que tienen la tarea de “juntar las manos” en las bancas, como Patricia Bullrich, Martín Menem y Diego Santilli. Ellos son los que ponen la cara con la oposición y no ven con malos ojos ceder en algunos puntos o aceptar cambios “en caliente” durante la sesión para que la ley no se caiga.
Del otro lado, el ala dura liderada por los dos Caputo (Luis y Santiago) se planta y no quiere saber nada con “ablandar” el proyecto. “Si hay modificaciones, que sean cosméticas”, sueltan desde el riñón del asesor presidencial, dejando en claro que para ellos el corazón de la reforma no se negocia.
Agenda cargada para febrero
Pero la reforma laboral no es lo único en el menú de este febrero de 2026. La reunión de hoy también sirve para ajustar el cronograma de otros temas pesados que el Ejecutivo quiere sacar antes de que termine el mes: la Ley de Glaciares, la Ley Penal Juvenil y el siempre postergado acuerdo Mercosur-Unión Europea.
A la mesa se sientan Adorni, Bullrich, Menem, los Caputo, Santilli e Ignacio Devitt. No se descarta que Karina Milei pegue el portazo y se sume a último momento para dar el martillazo final a la estrategia legislativa.

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