
La Organización de las Naciones Unidas volvió a marcar una posición firme ante la escalada de Medio Oriente al rechazar la propuesta de Irán al imponer un peaje en el estrecho de Ormuz, una de las vías más importantes para el comercio global del petróleo y gas.
El pronunciamiento llegó a través del secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), Asernio Domínguez, quien aseguro ante el Consejo de Seguridad que “no existe ningún fundamento jurídico” para aplicar tasas a la navegación internacional en ese corredor marítimo. “La libertad de navegación no es negociable”, enfatizó durante el debate convocado por Baréin.
La postura responde a una iniciativa del Parlamento iraní que busca avanzar con una legislación para que las fuerzas armadas controlen el paso por el estrecho e impongan tarifas —que podrían alcanzar hasta dos millones de dólares por buque— como parte de una estrategia para presionar en el marco del conflicto con Estados Unidos y sus aliados.
Desde Teherán, dirigentes como Ebrahim Azizi y Hamidreza Haji Babaei defendieron la medida e incluso afirmaron que ya comenzaron a registrarse los primeros pagos en moneda local. Sin embargo, la comunidad internacional no solo rechaza la iniciativa, sino que evalúa sanciones si se sostiene el bloqueo.
El cierre del estrecho, vigente desde fines de febrero tras los ataques cruzados entre Irán, Estados Unidos e Israel, ya tiene consecuencias concretas. Más de 20.000 marinos permanecen varados en unos 1.600 buques en el Golfo Pérsico, mientras el flujo de comercio energético se redujo drásticamente.
En ese contexto, el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la situación podría derivar en una crisis de escala global. “Amenaza con desencadenar una crisis energética, graves disrupciones comerciales y una posible emergencia alimentaria mundial”, sostuvo.
El impacto ya se refleja en los mercados: el precio del petróleo Brent superó los 100 dólares por barril en marzo y alcanzó picos de 126 dólares, en lo que analistas consideran la mayor disrupción energética desde la crisis de los años setenta.
A la par, Estados Unidos mantiene un bloqueo naval sobre puertos iraníes, mientras las negociaciones diplomáticas —incluido un encuentro en Islamabad mediado por Pakistán— no lograron avances concretos.
Con Irán decidido a sostener su control sobre el estrecho y la comunidad internacional rechazando cualquier intento de imponer peajes, el futuro de esta arteria clave para el comercio global sigue envuelto en incertidumbre, en medio de una tensión que no muestra señales de desescalada.
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