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La pérdida de excepcionalidad: por qué un 4 a 3 ya no emociona como antes

La explosión de resultados abultados en Europa reabre el debate sobre el equilibrio del juego ¿se está desdibujando el fútbol tal como lo conocíamos?

Hay algo que está cambiando en el fútbol europeo y que, a simple vista, parece buenísimo: cada vez hay más goles. Partidos abiertos, ida y vuelta constante, resultados que parecen de otro deporte. Pero si uno se detiene un segundo, aparece una pregunta incómoda: ¿no se está yendo todo un poco de mambo?

Porque sí, un 4-3 siempre fue hermoso. Nadie va a discutir eso. Pero justamente era especial por lo raro. Por lo excepcional. Hoy empezamos a ver ese tipo de resultados todas las semanas, especialmente en la Champions League, y ahí es donde el asunto cambia. Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, pierde valor.

En la actual Champions League 2026, los resultados hablan por sí solos. Incluso en fases de eliminación, donde históricamente predominaba la cautela, aparecen marcadores que parecen de otro deporte.

Playoff:

  • Monaco 4-5 PSG
  • Galatasaray 7-5 Juventus
  • Benfica 1 – 3 Real Madrid (normal)
  • Borussia Dortmund 3-4 Atalanta
  • Qarabag Agdam 3 – 9 Newcastle
  • Brujas 4-7 Atlético de Madrid
  • Bogo Glimt 5 – 2 Inter Milan
  • Olympiacos 0-2 Bayer Leverkusen

Octavos de final:

  • Atalanta 2-10 Bayern Munich
  • Real Madrid 5-1 Manchester City
  • Galatasaray 1 – Liverpool
  • PSG 8 – 2 Chelsea
  • Bayer Leverkusen 1-2 Arsenal
  • Bodo Glimt 3-5 Sporting Lisboa
  • Atlético de Madrid 7 – 5 Tottenham
  • Newcastle 3 – 8 Barcelona

Cuartos de final

  • Bayern Munich 6 – 4 Real Madrid
  • Liverpool 0 – 4 PSG
  • Arsenal 1 – 0 Sporting Lisboa
  • Atlético 3-2 Barcelona

Se trata de una transformación en la forma de jugar, donde los equipos priorizan el ataque constante, la presión alta y la verticalidad, muchas veces a costa de descuidar el aspecto defensivo. El resultado es un fútbol de ida y vuelta permanente. Y entonces aparece otra sensación: ver un partido de fútbol europeo se empieza a parecer cada vez más a ver básquet.

Ahora bien, el problema no es que existan partidos con muchos goles. De hecho, esos encuentros siempre fueron celebrados como algo especial. Lo preocupante es otra cosa: la pérdida de excepcionalidad. Cuando todos los partidos empiezan a parecerse, cuando el 4-4 deja de ser memorable para convertirse en rutina, aparece un concepto que ayuda a entender el fenómeno: la devaluación del gol.

Muchos parecen haber dejado de lado que defender también es jugar. No se trata de colgarse del travesaño ni de renunciar al espectáculo. Se trata de entender los momentos. Saber cuándo atacar y cuándo bajar un cambio. Saber cuidar una ventaja. Saber sufrir. Juntar pases.

En ese sentido, jugadores como Toni Kroos representan casi una especie en extinción. Futbolistas que entendían el partido desde otro lugar: manejar los tiempos, enfriar cuando hacía falta, defender con la pelota.

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Hace unos días, hablando del FC Barcelona, fue bastante directo: “Pueden tener el estilo de juego más atractivo de toda Europa, pero así no ganarán la Champions League”. Y no se quedó ahí. Explicó el problema de fondo: “Con este estilo de juego tan alto invitas a los rivales a contraatacar fácilmente”.

Pero lo interesante es que no es algo que dijo ahora porque sí. Hace meses ya venía marcando lo mismo: “Asumen muchos riesgos y, en un mal día de sus jugadores clave, cualquier equipo les puede hacer daño y eliminarlos”.  Y eso, en la Champions, se paga.

En la misma línea aparece Carlo Ancelotti, que quizás representa mejor que nadie esa idea de equilibrio. Un técnico que ganó todo y que, sin embargo, muchas veces fue criticado por “no ser lo suficientemente ofensivo”.

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Su respuesta al ser consultado sobre qué selección va a ganar la Copa del Mundo es bastante simple, casi obvia: “El Mundial lo gana quien encaja menos y no quien marca más”. No es una frase hecha. Es una manera de entender el juego. El propio Ancelotti lo explicó con ejemplos: “No hay otra manera que defender bien”, incluso cuando hablaba de selecciones históricas como Brasil.

Mientras tanto, en Sudamérica la historia sigue siendo distinta. No necesariamente mejor o peor, pero sí diferente. Acá el fútbol todavía tiene otra lógica, otro ritmo, otra forma de sentirse. El resultado sigue pesando, y mucho. Quizás por eso todavía cuesta imaginar una Copa Libertadores llena de 5-4 o 6-3. Y quizás, también, por eso muchos prefieren que siga así.

¿Qué pasa cuando hacer goles deja de ser especial?

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