
En Mayo del 2025, el Ministerio de Capital Humano presentó los resultados de la prueba Aprender Alfabetización, realizados durante el año anterior, los que arrojan que sólo el 45% de los alumnos presenta el nivel del lectura esperado para cada uno de los estratos educativos examinados. Asimismo, en el desagregado por situación socioeconómica, la brecha se ensancha en detrimento de los sectores más vulnerables.
Argentina no es un caso aislado. Las cifras y datos que arrojan luz sobre la disminución de alfabetización de niños y adultos en el mundo son alarmantes, lidera la preocupación el derrumbe de los hábitos de lectura. En un artículo publicado por el Financial Times, el periodista especializado en reporte de datos y jefe de sección, John Burn-Murdoch expone que las habilidades cognitivas de las personas se encuentran en franco retroceso, con evidencia concreta de caída de las capacidades de razonamiento, resolución de problemas y déficit de atención. Atribuye la causa a la creciente dependencia de los dispositivos electrónicos; particularmente al “scroleo” continuo, el consumo pasivo de contenido y la reducción significativa de la lectura profunda.
Denomina este cúmulo de conductas como el fenómeno “post alfabetización”, término que si bien no refiere a la ausencia de instrucción educativa precisa ni formal, concentra el consumo de información y cultura en imágenes, videos cortos y textos acotados.
El resultado concreto es el deterioro de nuestra capacidad de concentración a la que se asocia indefectiblemente la ausencia de razonamiento. El sujeto postalfabetizado perdió la capacidad de sostener lecturas extensas y profundas.
Cal Newport, Profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad de Georgetown en su libro “Céntrate” describe una serie de pasos y “hacks” para lograr la concentración en un mundo disperso y orientado a la multiplicidad de tareas. Explica que en un entorno digital diseñado para la distracción, estar concentrados debe ser una decisión consciente para que sea sostenible en el tiempo.

Mary Harrington, en su artículo publicado en el New York Times en el que cita la obra de Newport, apunta “Las plataformas de las redes sociales están diseñadas para crear adicción, y el mero volumen de material incentiva intensos “bocados” cognitivos de discurso calibrados para la máxima compulsividad por encima del matiz o el razonamiento reflexivo. Los patrones de consumo de contenidos resultantes nos forman neurológicamente para hojear, reconocer patrones y saltar distraídamente de un texto a otro.”
El mundo cibernético está específicamente orientado para convertirnos en sujetos ansiosos, inestables e incapaces de focalizar nuestra atención durante un período largo de tiempo en una sola tarea.
En medio de esta problemática se encuentra la brecha digital; que no solo mide la dificultad de acceso a la tecnología considerando las condiciones socioeconómicas sino que asimismo, analiza el tiempo de pantalla de niños y adolescentes y el contenido que consumen.
Ahora unamos los puntos. Estamos atravesando una era de post alfabetización en la que la lectura larga, profunda y compleja queda completamente relegada -cuando no anulada-.
En el entorno digital en el que el sujeto decide moverse, los estímulos constantes y multidireccionales están milimétricamente dispuestos para diseñar un usuario incapaz de concentrar su atención mucho tiempo en una sola tarea o tema, derivando en un dumbscroling liderado por el algoritmo.
No se concentra, no razona, no cuestiona, no piensa, no duda. La presa perfecta del sistema capitalista, que le crea necesidades que en realidad no tiene; y del sistema estatal que lo gobierna a sus anchas sin resistencia de su parte. Que pensar no se vuelva una ilusión ni el post alfabetismo una nueva forma de desigualdad.
This Financial Times article explores the potential decline of human cognitive abilities, highlighting a measurable drop in problem-solving, reasoning, and attention spans since 2012. It suggests that our increasing dependence on digital technology—particularly infinite scrolling, passive content consumption, and reduced deep reading—may be eroding intellectual engagement and critical thinking.
Looking to the future, this trend raises important questions: If cognitive decline continues, how will it impact decision-making, innovation, and society’s ability to address global challenges? Could emerging technologies, such as AI and augmented intelligence, mitigate these effects, or will they further accelerate them? A forward-looking discussion could explore potential interventions, such as education reforms, digital detox strategies, and cognitive training, to counteract this trend and preserve human intellectual capacity in an increasingly digital world.
En Mayo del 2025, el Ministerio de Capital Humano presentó los resultados de la prueba Aprender Alfabetización, realizados durante el año anterior, los que arrojan que sólo el 45% de los alumnos presenta el nivel del lectura esperado para cada uno de los niveles educativos examinados.
En línea con esta tendencia, la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) informó que las puntuaciones de alfabetización de adultos y niños, presentan una tendencia decreciente en la mayoría de los países miembros.
John Burn-Murdoch, periodista especializado en reporte de datos y miembro del Financial Times, en un artículo publicado en ese medio vinculó el fenómeno con lo que denominó “
En un artículo publicado en el Financial Times, John Burn-Murdoch lo relaciona con el auge de una cultura postalfabetizada en la que consumimos la mayor parte de los medios a través de los celulares, evitando los textos densos en favor de las imágenes y los videos cortos. Otras investigaciones han asociado el uso de celulares con los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en adolescentes, y una cuarta parte de los adultos estadounidenses encuestados sospechan ahora que podrían padecer esta condición. Los profesores de escuelas y universidades asignan menos libros completos a sus alumnos, en parte porque son incapaces de completarlos. Casi la mitad de los estadounidenses leyeron cero libros en 2023.
La idea de que la tecnología está alterando nuestra capacidad no solo de concentración, sino también de lectura y razonamiento, está calando. Sin embargo, la conversación para la que nadie está preparado es cómo esto puede estar creando otra forma de desigualdad.
Como ha ilustrado Maryanne Wolf, académica de la alfabetización, adquirir y perfeccionar una capacidad de “lectura experta” de formato largo altera literalmente la mente. Reconfigura nuestro cerebro, aumenta el vocabulario, desplaza la actividad cerebral hacia el hemisferio izquierdoanalítico y perfecciona nuestra capacidad de concentración, razonamiento lineal y pensamiento profundo. La presencia de estas características a escala contribuyó a la aparición de la libertad de expresión, la ciencia moderna y la democracia liberal, entre otras cosas.
Los hábitos de pensamiento formados por la lectura digital son muy diferentes. Como muestra Cal Newport, experto en productividad, en su libro de 2016, Céntrate, el entorno digital está optimizado para la distracción porque diversos sistemas compiten por nuestra atención con notificaciones y otras exigencias. Las plataformas de las redes sociales están diseñadas para crear adicción, y el mero volumen de material incentiva intensos “bocados” cognitivos de discurso calibrados para la máxima compulsividad por encima del matiz o el razonamiento reflexivo. Los patrones de consumo de contenidos resultantes nos forman neurológicamente para hojear, reconocer patrones y saltar distraídamente de un texto a otro
Ya estamos viendo indicios de eso. Como señala Wolf, desde hace mucho tiempo la alfabetización y la pobreza están correlacionadas. Ahora los niños pobres pasan más tiempo al día frente a las pantallas que los ricos: en un estudio de 2019, cerca de dos horas más al día para los preadolescentes y adolescentes estadounidenses cuyas familias ganaban menos de 35.000 dólares al año, en comparación con sus compañeros cuyos ingresos familiares superaban los 100.000 dólares anuales. Las investigaciones indican que los niños que están expuestos a más de dos horas al día de tiempo de pantalla recreativo tienen peor memoria de trabajo, velocidad de procesamiento, niveles de atención, habilidades lingüísticas y función ejecutiva que los niños que no lo están.
El enfoque ascético de la salud cognitiva sigue siendo un nicho y se concentra entre los ricos. Pero a medida que las nuevas generaciones lleguen a la edad adulta sin haber vivido nunca en un mundo sin celulares, podemos esperar que la cultura se estratifique cada vez más. Por un lado, un grupo relativamente pequeño de personas conservará, y desarrollará intencionadamente, la capacidad de concentración y razonamiento de larga duración. Por otro, una población general más amplia será efectivamente postalfabeta, con todas las consecuencias que ello implica para la claridad cognitiva.
¿Qué ocurrirá si esto se cumple plenamente? Un electorado que ha perdido la capacidad de pensar largo y tendido será más tribal, menos racional, en gran medida desinteresado por los hechos o incluso por los registros históricos, estará más movido por las vibraciones que por argumentos convincentes y más abierto a ideas fantásticas y extrañas teorías conspirat
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