
El expresidente ruso Dmitri Medvedev hizo unas crudas declaraciones el 18 de julio de este año y resurgieron este sábado. La amenaza preocupa a los principales líderes mundiales.
“Las consecuencias (de un eventual ataque a Crimea) son obvias. Si pasa algo parecido, para todos ellos enseguida llegará el día del juicio final. Será muy rápido y muy duro”, había declarado el actual vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia. Durante la madrugada del viernes llegó ese ataque.
Justo en la semana en la que se alertaba por un regreso de los armamentos nucleares, un camión bomba de las fuerzas ucranianas provocó un incendio y el derrumbe de parte de un puente que une Rusia con la península de Crimea.
La explosión provocó el incendio de siete tanques de combustible de un tren que se movía en dirección de la anexionada península ucraniana y dejó dañada la infraestructura.

El jefe de la Asamblea de Crimea, el parlamento regional instalado por Rusia, Vladímir Konstantinov, no tardó en denunciar lo sucedido como un golpe de “vándalos ucranianos”. “Esta es toda la esencia del régimen de Kiev. La muerte y la destrucción es lo único que obtienen”, afirmó.
Este ataque representa un grave revés para Rusia, en materia de infraestructura fundamental y alejada del frente de batalla. El territorio anexado a Rusia es una arteria clave de suministros para las operaciones que realiza el Kremlin en el sur de Ucrania.
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