
Diciembre. Último mes del calendario, signado por las celebraciones de Navidad y Año Nuevo y atestados de cierres de las múltiples actividades que copan nuestra vida y las de nuestro entorno; es un catalizador de emociones variopintas: alegría, fe y esperanza empardan con angustia, ansiedad e incluso miedo.
Pasado, presente y futuro se hacen un lugar en la mesa para ponernos de frente a nosotros mismos y a los nuestros. Las Fiestas movilizan, eso es una realidad inobjetable y para no caer en la trampa de las etiquetas -que catalogan pero no profundizan- conversé con profesionales de la salud mental para intentar entender de qué va el cachetazo que nos pegan estas festividades.
Lucas Raspall, psiquiatra de cabecera de Grupo Boing, lo explica con su ductilidad característica: “Las fiestas movilizan definitivamente, aunque en distinta medida a cada persona. En un punto, creo que esto ha ido cambiando en los últimos años porque son tantas las despedidas y cierres que tenemos en esta época que se le quitó un poco el peso a la Navidad y el Año Nuevo que históricamente dominaban Diciembre.”
Sin dudas el ritmo vertiginoso de nuestro presente, a la par que nos arrastra y nos despeina (como la primer ola del mar que nos da la bienvenida en vacaciones, en las que seguro debutaremos con una contractura); también nos descentra de la atención y el peso que solíamos cargar sobre las Fiestas.
No obstante, conscientes o no, nuestro cuerpo habla lo que la mente intenta callar. Clara Sasian (Mat. Prof. Nro 5426), psicoanalista y miembro de la escuela de psicoanálisis Sigmund Freud Rosario lo define.
“Es una época en la que se resignifican escenas infantiles y en general, los sentimientos se exacerban. Quien transita una separación o un duelo, es en esta época en la que el proceso atraviesa una etapa de mayor dificultad. Son fechas que realzan y ponen en cuestión el vínculo humano, uno de los mayores padecimientos tal lo definió Lacan.”
Quizás no estemos tan despabilados como para darnos cuenta que ese malestar, esa ansiedad, ese cansancio que aparentemente no tiene causa o incluso, esa alegría que nos inunda responde a una época en la que la mesa se resignifica, con quiénes compartimos adquiere relevancia y las ausencias ocupan un lugar enorme.
En ese sentido, la P.Si. Clara Sasian nos invita a “No pasar por alto lo que pasa, darle paso y prestar atención” Muchas veces se habla de responsabilidad afectiva para referirnos exclusivamente a los vínculos interpersonales cuando en realidad, nos debemos espacio propio para pensar y sentir conscientemente, “Eso es responsabilidad subjetiva” afirma Clara.

Estas sensaciones, que de plano nos cuesta detectar y se torna una utopía nominar ¿tienen que ver con la angustia del pasado, la ansiedad del presente o el miedo al futuro? Raspall nos orienta “Yo creo que tiene más que ver con el pasado y si se quiere con el presente. Con el pasado porque muchas veces trae a esa mesa familiar reunida, las ausencias. Hace visibles las ausencias, quienes no están”.
“Aparece algo de nostalgia en torno a las Fiestas; y del presente también porque muchas veces lo que moviliza son las relaciones o la calidad de los vínculos interpersonales, los temas en disputa, las diferencias y por qué no también, los encuentros y las ganas de vernos.”
Asimismo, es tiempo de balances. Pero ¿es necesario hacerlos? ¿Ayudan? ¿Alimentan las expectativas o la ansiedad? “El llamado balance está atado al calendario, y a veces dispara ansiedades. Tener proyectos es interesante e importante pero a veces planificar en relación al calendario y en función del calendario alimenta ansiedades porque la seguridad absoluta no existe y el riesgo cero tampoco. Lo importante es poder estar causados en algo que motorice pero pudiendo asumir riesgos para elegir de qué modo vivir.” afirma Clara.
¿Qué pasa con el futuro? ¿Dónde ubicamos esa nebulosa de probabilidades y posibilidades? ¿Son motor o fantasma? Clara nos invita a ordenar los proyectos para que sean motivantes y estimulantes “Buscar con qué CAUSAR la vida.” Es más, encuentra una oportunidad en el desafío “Lo que moviliza puede llegar a ser propiciatorio para dar paso a lo que nos pasa y quizás advertir cuestiones que durante el año tapamos o no les dimos espacio. Siempre puede convertirse en una oportunidad para interrogar el malestar y hacer algo diferente con eso.”
Es cierto que en esta época, vuelven del pasado imágenes y situaciones irreproducibles (para bien y para mal) y, en muchos casos, se generan planteos existenciales que surgen de la comparativa entre lo que fue -o fuimos-, lo que el presente nos devuelve y la ambición de futuro que perseguimos. No pelear con nuestra historia es el primer paso para construir un futuro que nos motive, en este sentido Clara nos propone “Hacer la propia historia incluye repasar las marcas para desmarcarnos y escribir una historia propia, nueva, nuestra.”
Que la realidad no nos lleve puestos los sueños ni los objetivos personales, y que la excesiva racionalidad que nos exige este tiempo no nos prive de imaginar. Hace más de 30 años, la escritora Silvina Ocampo en una entrevista hablando de los sueños y del componente imposible e inesperado de éstos, reflexionó “A mi me parece que la vida es así. Uno se asombra de la vida también. A veces tengo la sensación de que estoy soñando, de que no me he fijado bien cómo son los sueños, porque pasan tan rápidamente! Creo que si uno se propone soñar con algo con mucha vehemencia, uno sueña con eso ¿No te ha pasado de querer torcer el sueño?”
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