
La directora de Nomadland concibió una cruda, visceral y feminista transposición de la novela homónima publicada en 2020 por Maggie O’Farrell con una deslumbrante actuación de Jessie Buckley como Agnes, la esposa de William Shakespeare. Ganadora del Globo de Oro a Mejor Película y Actriz (Buckley), y nominada a 8 premios Oscar y en 11 categorías de los BAFTA británicos, “Hamnet” aterriza este jueves junto a “Aún es de noche en Caracas”, que luego de su paso por festivales como los de Venecia y Toronto, se estrena en 15 salas de la Argentina. Es el más reciente film de la realizadora de Pelo malo y Zafari, codirigido con la peruana Marité Ugás. También otra del “Vengador Tóxico”, que regresa recargado, “Arco”, “Solo tienes que matar”, “”El fin del mundo: migración”, “Moon, mi amigo el panda” y los Stray Kids llegan este primer jueves de febrero a los cines de la ciudad. Aquí como siempre una selección de reseñas y trailers y donde verlas, porque el cine se en el cine.

“Hamnet”

Hace 27 años Shakespeare apasionado / Shakespeare in Love, film de John Madden producido por el entonces todopoderoso Harvey Weinstein, arrasaba con 7 premios Oscar, incluidos el de Mejor Película y el de Mejor Actriz para Gwyneth Paltrow. La vida y la obra del dramaturgo y poeta inglés son retomadas ahora en Hamnet, proyecto en el que participaron como productores desde Steven Spielberg hasta Sam Mendes y está basado en la venerada novela de Maggie O’Farrell, quien también ofició como coguionista junto a la propia Chloé Zhao.
Pero Hamnet no es tanto sobre William Shakespeare (aquí llamado simplemente Will y nunca por el apellido) sino sobre Agnes (o Anne), esposa y madre de sus tres hijos. El personaje de Paul Mescal tiene unos cuantos minutos en pantalla, algunas escenas decisivas, varios momentos para su lucimiento, pero es la Agnes de Jessie Buckley (una de las principales candidatas a ganar el Oscar), el motor narrativo, el corazón emocional y la dueña principal del punto de vista en un derrotero tan triste como bello, tan doloroso como conmovedor.
Narrada de manera más cronológica que la novela, la versión cinematográfica de Hamnet inicia con el encuentro y el flechazo entre Will y Agnes en un contexto no precisamente favorable, sobre todo por las inflexibles posturas de John (David Wilmot ) y Mary (Emily Watson), los autoritarios y severos padres de él.
Will es un tutor pobre y desaliñado que enseña latín a unos niños para pagar deudas familiares y es considerado un inútil por casi todos, mientras que Agnes es estigmatizada como una “bruja del bosque”, experta en el arte de la cetrería y con los que algunos creen son poderes psíquicos especiales. Pero ambos se aman y creen en el potencial de su pareja y terminan teniendo dos hijos, uno de los cuales (Hamnet, el único varón) fallece en 1596, a los 11 años, a causa la “Peste Negra” (bubónica) que hizo estragos en la Edad Media.
En ese sentido, la película es sobre cómo transitar el duelo, cómo soportar el dolor, cómo elaborar la pérdida y -en el caso de Will- cómo convertir esa tragedia en el germen de una de sus principales obras como, sí, Hamlet (Hamlet y Hamnet eran nombres intercambiables en aquellos tiempos).
Cultora del realismo más crudo (con la excepción, claro, del encargo de Marvel que supuso la fallida The Eternals), pero también devota del cine de Terrence Malick, la directora de Songs My Brothers Taught Me (2015), The Rider (2017) y Nomadland (2020), propone en Hamnet un relato de tono y espíritu desgarrador y visceral pero jamás solemne ni sádico (el catártico y conmovedor desenlace resultará la clave). Y, en ese contexto, la ductilidad y potencia de Zhao, pero sobre todo la magnética actuación de Buckley, resultan las cartas de triunfo de un film que afortunadamente se desmarca de y elude los clichés y estereotipos del cine de qualité y de “prestigio” ligado a la figura y a las creaciones de Shakespeare, así como a los habituales y a esta altura un tanto obvios juegos entre la ficción de la película y la ficción dentro de la ficción.
DIEGO BATLLE. Otros Cines.
En todos los complejos.
“Aún es de noche en Caracas”

Pelo malo (2013) fue un ejemplo de cómo narrar las miserias de una sociedad en ese caso machista y homófoba con sensibilidad, sutileza y lirismo; Aún es de noche en Caracas elige el camino opuesto: se trata de una mixtura entre el thriller político y el melodrama siempre inflamado en el que cada plano y cada diálogo parecen dar cuenta con subrayados, sin matices, del profundo grado de descomposición moral en Venezuela.
Ambientada en 2017 y basada en el best seller La hija de la española, Aún es de noche en Caracas comienza con una serie de manifestaciones, saqueos y asesinatos callejeros. En medio de ese caos, Adelaida (la colombiana Natalia Reyes) debe sobrellevar la reciente muerte de su madre y se encuentra con que la casa familiar es usurpada por unas violentas mujeres que se amparan en la revolución bolivariana para violar la propiedad privada.
A partir de ese arranque, iremos conociendo el vía crucis de una protagonista que hasta deberá cambiar de identidad (hay un mercado negro para todo en los submundos de Caracas) con tal de sobrevivir. Mientras tanto, Rondón y Ugás incluyen unos cuantos flashbacks (también recargados de frases entre cursi, explíicitas y altisonantes) para conocer el pasado de Adelaida y su relación con Francisco (Edgar Ramirez, también productor del film).
Más allá de las desventuras de Adelaida, hay otro personaje cuyo arco dramático expone de forma cruda, pero también obvia, el derrotero del film: se trata de Santiago (Moisés Angola), quien será por momentos víctima y en otras victimario en una sociedad dominada por las infiltraciones, las delaciones, el control y la represión estatal, la corrupción y los abusos constantes de los violentos grupos de choque.
Es cierto que la película, con sus escenas callejeras con cámara en mano, con la sensación de angustia, miedo y agobio que se percibe a cada paso de Adelaida mientras intenta huir de ese infierno, tiene pasajes visual y narrativamente (in)tensos, pero Aún es de noche en Caracas termina siendo una película más catártica y de denuncia que artísticamente sorprendente y profunda.
Otros Cines.
En Cinépolis.
“El vengador tóxico”

En épocas en las que escasean las ideas en Hollywood y casi cualquier personaje del pasado puede volver al presente, ¿por qué no habría de hacerlo uno de los símbolos de la contracultura, el humor grotesco y la sátira política salvaje de los años 80? Hablamos, claro, de El vengador tóxico, cuya primera película, dirigida por Michael Herz y Lloyd Kaufman y estrenada hace cuarenta años, se convirtió en un fenómeno de culto que dio origen a una franquicia que incluyó cuatro secuelas, series animadas, cómics, videojuegos, merchandising y hasta musicales teatrales, ubicando a su protagonista en el pelotón de grandes antihéroes del cine independiente de su época.
Partes iguales de remake y relectura contemporánea, la versión 2025 de El vengador tóxico mantiene el espíritu trash y excesivo, incorporando a su trama elementos actuales como la corrupción corporativa, la desigualdad social y la deshumanización del individuo. Todo, con un tono bien recargado que la convierte en una comedia –dispareja, irregular– con toques gore de altísimo octanaje sanguíneo, que por momentos funciona como sátira salvaje y, en otros, queda atrapada en su propio caos. En su afán de llevar cada idea hasta el límite, la película de Macon Blair se convierte por momentos en víctima de sus excesos.
Es así que acumula subtramas que no siempre encuentran un desarrollo convincente, se dispersa en golpes de efecto que pierden potencia por repetición y parece enamorada de su propia desmesura, como si confiara más en la provocación constante que en el potencial humorísticos de las desventuras de Winston Gooze (Peter Dinklage).
El muchacho tiene motivos para odiar a casi todos los que se cruzan por su camino. Viudo y con un hijo adolescente que ni siquiera le dice “papá”, trabaja como empleado de limpieza de una ultra poderosa corporación química que hace y deshace como si la ciudad entera fuera suya. Tanto poder tiene, que contamina el río con una impunidad que más de un billonario tecnológico envidiaría, al punto que, en lugar de palomas, hay unos pájaros radiactivos deformes. Mientras un par de ex empleados luchan por su cuenta contra la empresa intentando sacar a la luz sus negocios y acciones espurios, el pobre Walter recibe la noticia de que una enfermedad terminal acabará con su vida dentro de no más de un año.
Desesperado por conseguir una solución, no tiene mejor idea que colarse en una fiesta para hablar en persona con el dueño del emporio, el malvadísimo Bob Garbinger, uno de esos villanos tan exagerados que vuelve evidente que el actor a cargo de darle vida, Kevin Bacon, la pasó bárbaro trabajando. El que no la pasa bien es Winston, a quien lo boludean y terminan echando del lugar sin que se dé cuenta, puntapié para intentar robar la caja fuerte para pagarse los tratamientos. El desastre sucede cuando, buscando ocultarse de la banda de rock que oficia de brazo armado de Bob, se meta en un barril de desechos tóxicos, de donde sale convertido en una criatura verde con una fuerza suprema y resistencia a las balas.
Lo anterior suena a comienzo de película de superhéroe, pero el camino que toma El vengador tóxico está en las antípodas: si 99 de cada cien casos terminarían con él velando por la seguridad mundial, acá Winston inicia una cruzada personal contra Bob y sus secuaces a lo largo de varias escenas de desmembramientos y demás delicias que Blair resuelve con buenas ideas visuales y pendulando entre la explicitud y el uso del fuera de campo como elemento cómico. No le hubiera venido mal a la película saber cuándo parar, cuestión de no engolosinarse con la multiplicidad de monstruos con que se despacha en un último acto que se estira como chicle recién abierto.
Ezequiel Boetti. Página 12.
En Las Tipas, Showcase, Cinépolis y Monumental.
“Stray Kids: The Dominate Experience”

Stray Kids: The dominATE Experience es una película de concierto del grupo surcoreano Stray Kids. Se estrenará en febrero de 2026 a nivel global. La película utiliza imágenes de los conciertos y material detrás de cámaras de la gira mundial “dominATE”, que tuvo lugar en Los Ángeles en el SoFi Stadium los días 31 de mayo y 1 de junio de 2025.
En Las Tipas, Showcase, Cinemark, Cinépolis, Monumental y Del Centro.
“El día del fin del mundo: migración”

Se viene un evento de extinción masiva a Groenlandia y los protagonistas de El día del fin del mundo: Migración deben escapar. No, no es el ejército estadounidense encabezado por Donald Trump que está tomando esa isla que tanto desea sino un evento genuino, un desastre natural quizás más peligroso que la amenaza naranja que representa el presidente norteamericano. Y eso lo que lleva a la familia Garrity y a todos los que están allí, encerrados en un bunker, a salir a la búsqueda de nuevos escenarios. Si vieron El día del fin del mundo sabrán de lo que hablo. Si no, acá va un breve repaso.
La película original se centraba en la caída de un cometa que amenazaba con destruir el planeta Tierra y a sus habitantes. Spoiler Alert: el cometa caía y, de hecho, destruía tres cuartas partes del mundo conocido. Pero los protagonistas, la familia Garrity (John, Allison y su hijo Nathan), lograban sobrevivir y con un grupo de gente llegar a Groenlandia, algo así como la Tierra Prometida (Nota: quizás Trump vio la primera película y creyó que era un documental; todo es posible). Al iniciarse esta secuela, muchos de ellos han sobrevivido en el bunker, formaron una caótica pero vital sociedad y allí se ocupan de mejorar su cotidiana supervivencia.
Pero afuera las cosas no han mejorado. Al contrario. El aire está contaminado, la radiación crece y todo el tiempo hay terremotos, accidentes y cataclismos que los tienen buscando otro lugar al que irse a vivir. Una posibilidad –dice la Dra. Amina, la científica del grupo– es ir al crater del accidente original, ya que se supone que allí puede haber vida. Y cuando, finalmente, un combo terremoto/tsunami destruye el bunker, todos buscan el modo de sobrevivir. La fuga no será nada amigable –todos vivían en un mismo lugar pero no parecen muy amables con los demás a la hora de escapar–, pero pronto los Garrity y la doctora están en el océano en busca de esa tierra prometida que queda en algún lugar de lo que conocíamos como Francia.
Greenland 2 –que no transcurre casi nada en Groenlandia ni ocurre, citando al título en castellano, durante el día del fin del mundo– se ocupará de esta bíblica fuga, con papá John (Gerard Butler), mamá Allison (Morena Baccarin) y el ahora adolescente Nathan (Roman Griffin Davis) sobreviviendo a todo como si fueran muñequitos que se mantienen de pie mientras todo y todos caen a su alrededor. En lo que, en definitiva, es una mezcla de disaster y survivor movie, lo que se nos contará son los milagrosos escapes que los Garrity harán a través de su paso por Inglaterra y Francia. O, mejor dicho, lo que queda de lo que alguna vez fueron esos países.
La película original, estrenada en plena pandemia en plataformas de streaming, fue uno de los primeros films de cierto tamaño e impacto visual en tomar la decisión, en ese entonces poco usual, de ir directo a los hogares cuando originalmente había sido pensado para cines. Y, en ese contexto, fue un film muy bien recibido, quizás también porque su temática coqueteaba con el «evento de extinción masiva» que vivíamos todos en carne propia. A tal punto funcionó bien que se tomó la decisión de filmar una secuela que llega a casi seis años del original.
Pero hoy las cosas no son iguales. El tema de la película –la idea de que el planeta Tierra tal como lo conocemos tiene poca vida– aparece en decenas de ficciones y también en las noticias, por lo que de novedoso tiene poco y nada. Estrenada en cines, la secuela no tiene allí un impacto visual superior al de otras películas sino que, más bien al contrario, sus debilidades de producción y de efectos visuales quedan más en evidencia. Y, por último y acaso principal, Greenland 2 es mucho más floja que la primera, con una poco creíble secuencia de hechos y un guión que hace agua por todos lados: sus diálogos son obvios, funcionales y meramente informativos; su trama es bastante absurda y la supervivencia de la familia excede aún la poca lógica que uno espera de este tipo de películas.
Hay, sí, algunas escenas sueltas en las que el realizador muestra su buen manejo de la tensión, pero son muy pocas. Una vez que la familia está on the road, la plausibilidad vuela por los aires y la película se parece a algún tipo de videojuego de supervivencia en el que lo único que importa es pasar a la siguiente etapa… como sea. Y salvo por el costado trágico-bíblico que se anuncia desde una de las primeras escenas, nada de lo que se ve en Migración tiene mucho peso propio. En un momento histórico en el que ese tipo de películas podrían ser más o menos realistas (y no solo por llamarse Groenlandia), Waugh elige ir por el camino opuesto y apostar por la fantasía pura. Quizás pueda entretener un rato –la película dura poco más de 90 minutos–, pero será olvidada apenas termine. Las noticias, hoy por hoy, son mucho más apocalípticas.
DIEGO LERER. Micropsia Cine.
En Las Tipas, Showcase, Cinemark, Cinépolis y Monumental.
“Moon, mi amigo el panda”

Tian tiene doce años cuando, debido a sus malas notas, es enviado a vivir con su abuela. Lejos de la ciudad, en las misteriosas montañas chinas, establece en secreto una amistad con un pequeño panda al que llama Moon. Ese encuentro marcará el inicio de una aventura extraordinaria que transformará su vida… y también la de su familia.
En Las Tipas.
“Arco”

En el año 2075, Iris, una niña de 10 años, ve caer del cielo a un misterioso niño con un traje de arcoíris. Es Arco. Iris lo acogerá y lo ayudará por todos los medios posibles a volver a su hogar.
En Del Centro, Showcase y Cinépolis.
“Solo necesitas matar”

Una enorme flor alienígena, “Darol”, estalla liberando monstruosas criaturas que arrasan Japón. Rita, una joven voluntaria solitaria en la reconstrucción, es atrapada por este desastre: muere, pero al despertar se encuentra de nuevo al comienzo del día. Una y otra vez.
En Cinépolis y Showcase.
Fuente: Otros Cines, Página 12, Micropsia.
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