
La denuncia pública de Valentín y Franco Yankelevich contra Darío Giordani volvió a poner en discusión la violencia infantil y el rol de los adultos en la detección de situaciones de maltrato. En ese contexto, la psicóloga Pata Liberati habló en el programa Antes de Todo, por Radio Boing 97.3, y explicó cuáles son las señales de alerta y cómo se debe actuar ante la sospecha de que un niño está atravesando una situación de violencia.
Durante la entrevista, Liberati remarcó que la responsabilidad de proteger a los menores no recae únicamente en sus familiares directos, sino también en las personas de su entorno, como docentes, profesionales de la salud y padres de sus amigos. “Todos los adultos que estamos alrededor de un niño tenemos que estar atentos a cualquier situación de violencia”, sostuvo.
En ese sentido, la especialista señaló que las sospechas deben ser registradas y comunicadas a las autoridades correspondientes para que se evalúe lo que sucede y se adopten las medidas necesarias. Además, cuestionó la idea de que los padres tienen autoridad absoluta sobre sus hijos y recordó que los niños cuentan con un marco legal específico de protección.
Cuáles son las señales de alerta en los chicos
Uno de los puntos centrales de la conversación fue la dificultad que pueden tener los niños para contar lo que están viviendo dentro de sus hogares. Según explicó Liberati, el miedo, la vergüenza y la dificultad para identificar lo que les sucede pueden hacer que tarden en pedir ayuda.
La psicóloga también describió algunos cambios de conducta que pueden funcionar como señales de alerta: dejar de hablar, retraerse, llorar con frecuencia, presentar episodios de enuresis —hacerse pis en la cama—, modificar sus hábitos alimentarios o manifestar reacciones violentas.
En relación con el caso, mencionó que los cambios en el comportamiento de uno de los niños fueron advertidos por sus abuelos. La especialista explicó que, en ocasiones, estas señales pueden confundirse con tristeza u otras circunstancias familiares, lo que demora la identificación del problema.

“Somos humanos y a veces tardamos en darnos cuenta”, reconoció.
Liberati también destacó el papel de las instituciones educativas. Aunque reconoció las múltiples responsabilidades que enfrentan los docentes, subrayó que las escuelas pueden convertirse en espacios fundamentales para detectar situaciones de maltrato y brindar protección.
Qué hacer ante la sospecha de maltrato infantil
Consultada sobre cómo deben actuar los adultos cuando un niño relata una situación de violencia, la psicóloga hizo hincapié en la necesidad de recurrir a los organismos correspondientes y no limitarse a resolver el problema dentro del ámbito familiar.
En ese marco, mencionó la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y explicó que la protección de los menores debe prevalecer ante una sospecha de violencia, incluso cuando interviene el secreto profesional.
“No hay nada superior a la protección de un niño”, afirmó.
La especialista también cuestionó las expresiones de algunos adultos que consideran a sus hijos como una propiedad sobre la que pueden decidir sin límites. Para Liberati, la crianza debe estar atravesada por el respeto a la integridad del otro y no puede justificar el ejercicio de violencia física o psicológica.

La violencia y las consecuencias psicológicas
Durante la entrevista, Liberati aclaró que no es posible establecer un diagnóstico sobre una persona involucrada en un caso puntual sin una evaluación profesional. Sin embargo, explicó que las conductas violentas pueden responder a diferentes cuadros y que la violencia implica traspasar los límites de la integridad de otra persona mediante el control, la posesión o la agresión.
Por otra parte, se refirió a las posibles consecuencias psicológicas que puede atravesar un niño después de una experiencia de maltrato. En ese punto, destacó la importancia de los vínculos afectivos y señaló que haber conocido previamente una relación amorosa y respetuosa puede ayudar a identificar que una conducta es violenta.
La psicóloga sostuvo que el acompañamiento terapéutico permite trabajar sobre lo vivido y avanzar en su elaboración. Para explicarlo, comparó las secuelas emocionales con una cicatriz: una marca que puede permanecer, pero que con el tiempo y el tratamiento deja de ser una herida abierta.
“Con elaboración y terapia se puede elaborar y superar”, concluyó.
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