
En un episodio inusual que ya empezó a circular en redes y repercute en la política internacional, el embajador argentino en Francia, Ian Sielecki, detuvo este miércoles un discurso en la Asamblea Nacional francesa al advertir que un mapa colocado detrás suyo mostraba a las Islas Malvinas como territorio del Reino Unido. Y sí. Aunque él no lo haya nombrado, muchos enseguida pensaron en Diego, al que sin querer homenajeó el diplomático con su gesto.
El hecho ocurrió durante una audiencia de la Comisión de Relaciones Exteriores, donde Sielecki había sido invitado a hablar sobre los vínculos bilaterales entre Argentina y Francia. Apenas comenzó a tomar la palabra, se percató de la escenografía detrás suyo y pidió la palabra. “Lamentablemente debo señalarle un pequeño inconveniente —señaló— que en realidad es un gran problema para mi país”.
El diplomático explicó que no podía continuar su intervención con ese mapa visible, porque, a su juicio, representar a las Malvinas como parte del Reino Unido equivale a legitimar una posición contraria al reclamo histórico argentino de soberanía y constituía una “violación flagrante del derecho internacional”.
Para ilustrar su planteo, Sielecki comparó la situación con el caso de un embajador ucraniano obligado a hablar frente a un mapa que mostrara Crimea o Lugansk como partes de Rusia —una imagen que, afirmó, sería rechazada de inmediato por su país.
Pese a que el presidente de la comisión francesa relativizó el reclamo señalando que el mapa también incluía la denominación “Malvinas” y que se trataba de un territorio en disputa, Sielecki sostuvo su postura hasta que el mapa fue parcialmente cubierto con una nota adhesiva, lo que permitió que la sesión continuara.
Desde Buenos Aires, el gesto del embajador ya recibió comentarios en el ámbito político: figuras como Juan Grabois lo calificaron como un acto de defensa del reclamo soberano más allá de las diferencias ideológicas, destacando la importancia de mantener el reclamo argentino en todos los foros internacionales.
Este episodio pone de relieve, una vez más, la cuestión de las Malvinas como un tema sensible y persistente en la agenda diplomática argentina, y marca una escena llamativa dentro de un escenario oficial extranjero.
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