
Llegó el primer martes 13 del año y, como marca la tradición, miles de argentinos arrancan el día con un extra de cautela. Aunque la ciencia no respalda ninguna relación entre el calendario y la desgracia, la superstición se mantiene firme en el inconsciente colectivo. Esta “fobia” al martes 13 nace de una mezcla de mitología romana, relatos religiosos y una pizca de psicología que atraviesa generaciones.
El nombre del segundo día de la semana proviene de Marte, el dios romano de la guerra. Para los antiguos, esta divinidad representaba la violencia, el conflicto y la sangre, lo que cargó al martes con una energía negativa desde sus orígenes. Por otro lado, el número 13 carga con su propio estigma: desde los comensales de la Última Cena antes de la traición de Judas hasta diversas leyendas antiguas que lo sitúan como un número “maldito” o incompleto.
Con el paso de los siglos, la cultura hispana fusionó ambos conceptos. El resultado es el famoso refrán: “En martes 13, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Esta frase actuó como un mantra que ayudó a perpetuar la creencia. A diferencia de los países anglosajones, que le temen al viernes 13 por la crucifixión de Jesús, en nuestro país y gran parte de Latinoamérica, el martes es el verdadero protagonista del recelo.
Los expertos en comportamiento humano señalan que esta fecha suele activar lo que llaman la “profecía autocumplida”. Si alguien encara el 13 de enero convencido de que va a tener mala suerte, es muy probable que cualquier pequeño inconveniente cotidiano —como perder el colectivo o que se le vuelque el café— sea interpretado como una confirmación de la maldición del martes.
En este 2026, la cultura popular, a través del cine y las redes sociales, sigue alimentando el mito. Sin embargo, para los más escépticos, hoy no es más que un día común de verano donde lo único realmente peligroso es olvidarse de ponerse protector solar o quedarse sin agua en el termo. Por si las dudas, ¡mucha suerte para lo que queda del día!
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