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Todo Show

“Marty Supremo”, “Tom y Jerry” y tres estrenos más llegan a las salas rosarinas

Cuatro estrenos este 15 de enero, una con la esperada actuación de Timothée Chalamet, que ya le valió nominaciones de todo tipo. Otra del gato y el ratón más famoso, Danny Boyle vuelve con el virus exterminador, una argentina basada en relatos de Mariana Enríquez y Park Chan-wook con una adaptación en la novela “The Ax” de Donald Westlake.

Tras haber dirigido juntos films como Go Get Some Rosemary / Daddy Longlegs (2009), Lenny Cooke (2013), Heaven Knows What (2014), Good Time: Viviendo al límite (2017) y Diamantes en bruto (2019), los hermanos Benny y Josh Safdie decidieron trabajar por separado: Benny estrenó en septiembre último La Máquina: The Smashing Machine, sobre el universo de la lucha libre de finales de los años ’90; y Josh lanzó apenas un mes después este largometraje ambientado en el mundo del ping pong en la década de 1950, “Marty Supreme”. Más “Tom y Jerry”, “La Virgen de la Tosquera”, “No Other Choice” y “Exterminio: el Templo de los Huesos” llegan a las salas y complejos rosarinos para renovar la cartelera. Aquí la selección habitual de reviews para elegir que ir a ver al cine. Porque como dijo Stellan Skarsgård, “El cine se ve en el cine”.

“Tom y Jerry”

 

En Tom y Jerry: La brújula mágica (Tom and Jerry: Forbidden Compass, 2025), el curioso Jerry se cuela en el Museo Metropolitano para ver la legendaria Brújula Mágica, mientras Tom, el nuevo guardia del recinto, intenta detenerlo a toda costa. Tras un incidente, ambos son transportados a una imponente metrópolis dorada que evoca una versión fantástica de la antigua China. Allí, Tom es recibido como un mensajero divino, mientras que Jerry se ve envuelto en los planes del villano Rata Fornida. Tras reencontrarse, el dúo enfrenta un desafío final cuando su antagonista se transforma en un Kaiju que amenaza con destruir la ciudad.

A lo largo de sus ocho décadas de existencia, Tom y Jerry han protagonizado múltiples producciones que, si bien exploraban nuevos escenarios, mantenían la esencia del slapstick comedy y conflictos que solo ellos podían resolver. Sin embargo, en esta producción china dirigida por Zhang Gang, esa fórmula desaparece.
La película fracasa al presentar la profundidad de los personajes secundarios y las reglas de su propio universo. Como resultado, la trama se siente frívola, carente de alma y confusa. La historia abusa del recurso del MacGuffin: la brújula es un artilugio sagrado que todos desean para resolver problemas personales explicados mediante flashbacks irrelevantes. Estos intentos de generar empatía fallan debido a la construcción plana de los nuevos personajes. La producción busca mimetizarse con el cine de acción chino y el anime, alejándose tanto del estilo original que Tom y Jerry quedan obsoletos en su propia película. A partir de la mitad del metraje, sus apariciones se reducen a rellenos esporádicos. Los roles se invierten arbitrariamente —presentando a Jerry como el villano y a Tom como el héroe—, eliminando las persecuciones y el humor característico. Al final, la dupla se separa y toma bandos distintos, perdiendo cualquier rastro de su identidad clásica.

“Marty Supreme”

En un momento de Marty Supremo, en el marco de un ensayo teatral, se habla del obsesivo trabajo de los actores “del método” para encarnar a sus personajes, en una referencia clara al Actors Studio que por entonces (la acción transcurre a principios de los años ’50) estaba dirigido por Lee Strasberg. En esa misma línea, podría ubicarse a Timothée Chalamet como una suerte de continuador no solo de aquellas técnicas sino del espíritu y el compromiso a la hora de incorporar, encarnar, sentir y “vivir” sus personajes. Alcanza con ver sus últimos dos films: cantó como Bob Dylan en Un completo desconocido y juega como un campeón mundial de tenis de mesa (la historia está inspirada en la figura de Marty Reisman) en esta película de Josh Safdie.

En un momento de Marty Supremo, en el marco de un ensayo teatral, se habla del obsesivo trabajo de los actores “del método” para encarnar a sus personajes, en una referencia clara al Actors Studio que por entonces (la acción transcurre a principios de los años ’50) estaba dirigido por Lee Strasberg. En esa misma línea, podría ubicarse a Timothée Chalamet como una suerte de continuador no solo de aquellas técnicas sino del espíritu y el compromiso a la hora de incorporar, encarnar, sentir y “vivir” sus personajes. Alcanza con ver sus últimos dos films: cantó como Bob Dylan en Un completo desconocido y juega como un campeón mundial de tenis de mesa (la historia está inspirada en la figura de Marty Reisman) en esta película de Josh Safdie.

Igual de apasionado, irresistible y muy poco confiable es, claro, en sus relaciones afectivas, ya que en esos primeros minutos de película (dura dos horas y media) Marty se desentenderá de los pedidos de su madre, dejará embarazada a Rachel Mizler (Odessa A’zion) y seducirá en un hotel de lujo a Kay Stone (Gwyneth Paltrow), una estrella de cine de los años ’30 en decadencia que está casada con el multimillonario Milton Rockwell (Kevin O’Leary, notable). Frente a semejante descripción, sería lógico pensar que estamos ante un verdadero monstruo, un mitómano arrogante, un tramposo compulsivo, pero aunque esas caracterizaciones sin dudas le caben, Safdie y Chalamet lo convierten al mismo tiempo en un personaje muy atractivo, simpático y hasta por momentos querible.

Marty Supremo tiene la impronta y la estructura de una película deportiva (el motor principal del protagonista será la alcanzar la revancha contra su némesis nipona), pero Safdie le suma múltiples capas y derivas que funcionan casi siempre bien tanto de forma independiente como también en una articulación que las termina potenciando: hay, además de la sufrida historia de amor con Rachel, una subtrama policial ligada a un gángster (el gran Abel Ferrara) que pierde y hará todo por recuperar a su perro; y otra en la que a través del duelo entre Mary y el mencionado Milton Rockwell se exponen las profundas diferencias de clase que irán atravesando todo el film.

Más allá de que quizá su extensión resulte un poco exagerada, Marty Supremo nunca pierde la intensidad, el vértigo ni la capacidad de sorpresa. Las decisiones estéticas (se filmó en 35mm, usando cámaras Arriflex y lentes anamórficos antiguos para conseguir una look retro propio de los años 50), musicales (pese a su época se incluyen varios clásicos del pop ochentoso como The Perfect Kiss, de New Order; I Have The Touch, de Peter Gabriel; Forever Young, de Alphaville; y Change y Everybody Wants To Rule The World, ambas de Tears For Fears), coreográficas (las partidas de ping pong parecen escenas de ballet) y narrativas -a partir de un virtuoso guion que nos transporta del Lower East Side de Manhattan, a las secuelas del Holocausto nazi, a las pirámides egipcias o a un gira de los Harlem Globetrotters- hablan a las claras de una audacia y una experimentación que se ven recompensadas en los alcances y resultados finales.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En todas las salas.

 

“La única opción”

En 2005, Costa-Gavras adaptaba al cine el libro homónimo de Donald E. Westlake. La novela, como la película La corporación / Le couperet / The Ax, del director franco-griego, versaba en torno a un hombre que, tras perder su trabajo, decidía eliminar a sus principales competidores para poder así conseguir un nuevo empleo.

La pregunta, a partir de aquí, es qué tiene que ver la obra de un director que ha hecho del cine político de carácter programático su principal seña de identidad con el virtuosismo estético y la puesta en escena de lo brutal de la filmografía de Park Chan-wook. La respuesta es La única opción / No Other Choice, una transposición de la novela de Westlake pero también de aquel título de Costa-Gavras, cineasta al que además está dedicada esta película.

La trama es la misma, lo que varía es el tono. Si la película de Costa-Gavras era eminentemente límpida, un drama de pretensiones realistas, la de Park es una nueva muestra de la capacidad del director coreano de hacer malabarismos en torno a un tono que para nada es evidente: La única opción tiene algo de tragedia (como su “Trilogía de la venganza”) y mucho de comedia negra. Donde Costa-Gavras buscaba realismo, Park encuentra exageración. Donde el primero veía drama, el otro escarba en la violencia más extrema.

Pero es sobre todo en la construcción del personaje principal y sus motivaciones que La única opción deviene una película de tono incómodo. Yoo Man-su (el gran Lee Byung-hun) se presenta como alguien que, en sus propias palabras, “lo tiene todo”. Abrazado a su esposa, a sus dos hijos y rodeado de dos preciosos labradores, el hombre de familia ostenta un gran caserón y colma de regalos a su familia. Sin embargo, nada de esto va a durar. Cuando el hombre se queda sin trabajo, se obsesiona no tanto con trabajar de nuevo, sino con mantener su estatus: su casa, sus perros, las clases de baile y de chelo, y la suscripción a Netflix.

Aquí es cuando La única opción comienza a evidenciar ese lugar incómodo en el que se sitúa Park, con suntuosos movimientos de cámara: la víctima del sistema es en verdad una persona insoportable. En este sentido, la aproximación a la cuestión de clase por parte de Park es mucho menos maniquea que la de Bong Jon-hoo en Parasite, por ejemplo; mucho más visceral, aunque los dos comparten una concepción coreográfica y milimétrica de la puesta en escena.

Como dice la mujer del protagonista, Yoo Man-su es un alcohólico que cuando bebía era incluso abusivo. De hecho, la mayoría de los hombres que él se va cruzando en su camino son adictos a la bebida, en un retrato que pone en entredicho cierta masculinidad tradicional, y que Park resume en un plano desde el culo de un vaso de cerveza con aguardiente. El recipiente se va vaciando, al ritmo veloz del protagonista, que bebe con afán.

La única opción trata sobre el tránsito de lo analógico a lo tecnificado, pues el protagonista y sus competidores son expertos en papel, hombres que hicieron de la textura de los sobres, de los folios, de los cartones, una pasión. Y ahonda también en la violencia intrínseca de nuestra sociedad neoliberal. En una de las escenas centrales de la película, el protagonista entra en casa de otro hombre dispuesto a asesinarlo. Mientras, en el aparato de música se reproduce una canción a todo volumen. Como en una de las escenas más icónicas de Perros de la calle / Reservoir Dogs, se produce un distanciamiento en el tono, entre lo absurdo, lo cómico y lo brutal.

VIOLETA KOVACSICS. Otros Cines.

En los Cines del Centro.

 

“Exterminio: el templo de los huesos”

Luego de Exterminio / 28 Days Later (2002), de Danny Boyle; y Exterminio 2 / 28 Weeks Later (2007), de Juan Carlos Fresnadillo; la franquicia regresó con una trilogía que tuvo a Exterminio: La evolución (28 Years Later), también de Boyle, como primera entrega; y tiene a Exterminio: Templo de huesos como segunda parte (de la tercera y última no hay demasiadas precisiones pero podría marcar el regreso de Cillian Murphy como protagonista).

Si La evolución contaba con Aaron Taylor-Johnson y Jodie Comer como protagonistas y a Ralph Fiennes, Jack O’Connell y Alfie Williams en personajes secundarios que de todas maneras resultaban decisivos en el desarrollo de la trama, ahora estos tres últimos pasan a ser centrales en el film de Nia DaCosta.

Fiennes es el doctor Ian Kelson, ese personaje que parece salido de Apocalipsis Now que vive en medio de una tierra infestada de zombies escuchando en su bunker subterráneo vinilos con temas de Duran Duran, de Radiohead y de Iron Maiden (hay un excelente uso dramático del tema The Number of the Beast) y construyendo el templo de huesos al que alude el título. En medio de sus investigaciones, se topará con un gigantesco y temible Alfa al que apodará Sansón (Chi Lewis-Parry) y con el que establecerá una muy particular relación.

El pequeño Spike (Alfie Williams), ya sin sus padres (Aaron Taylor-Johnson y Jodie Comer), terminará siendo “adoptado” por una siniestra y cruel banda de lunáticos liderada por Sir Jimmy Crystal (Jack O’Connell) que en la comparación deja a los de La naranja mecánica como señoritos con buenos modales y a las películas de la saga Mad Max como ejemplos de austeridad.

Ambas subtramas (la de Kelson y la de Jimmy con Spike) se irán acercando para encontrarse hacia el final en un desenlace en sintonía con el tono desquiciado, alucinatorio, visceral pero también político que le imprime DaCosta (Little Woods, Candyman, The Marvels, Hedda), una directora con vuelo, estilo y búsquedas muy propias (el peor pecado hubiese sido “copiar” a Boyle).

De todas maneras, El templo de huesos tiene un segundo final (tranquilos, no hay spoilers) que resulta un poco forzado, pero funciona casi como una de esas escenas post-créditos de las películas de Marvel o DC que nos permiten inferir cómo continuará la franquicia. Por el nivel de estos dos últimos films de 2025 y 2026 escritos en ambos casos por Alex Garland y rodados de forma conjunta se puede esperar con ansias o optimismo el cierre de la trilogía.

DIEGO BATLLE. Otros Cines.

En todos los complejos.

“La Virgen de la Tosquera”

Adaptación de dos cuentos de Mariana Enríquez extraídos del libro Los peligros de fumar en la cama (Editorial Anagrama), La virgen de la tosquera, dirigida por Laura Casabé, es la nueva sensación del cine de terror nacional, aunque su propuesta no encaja del todo en el molde más conservador del género. Su protagonista es Nati, una adolescente del conurbano que acaba de terminar la secundaria y espera ponerse de novia con su excompañero Diego, el chico que le gusta desde siempre, para pasar con él el mejor verano de su vida. Pero hay cosas que escapan no solo a su deseo, sino también a su control: es el verano de 2002 y todo lo que pueda salir mal, saldrá peor.

La que viene a arruinar los planes de la protagonista es Silvia, una chica más grande a la que Diego conoce a través de ICQ, antepasado paleozoico de Whatsapp. Y sin consulta previa la suma a la banda de amigos que comparten con otras dos compañeras, un par de hermanas que son (o parecen) mellizas. Silvia representa un elemento extraño que viene a alterar el balance del grupo, pero el interés especial que muestra por Diego también la convierten en una rival para Nati.

La virgen de la tosquera reconstruye por la vía cinematográfica la atmósfera sofocante que envolvió a lo ocurrido en diciembre de 2001 y quienes hayan vivido aquello en primera persona la identificarán enseguida con todo el cuerpo. Una angustia sin horizonte en la que la explosión de todo, incluido el país, era una amenaza latente y constante. Casabé utiliza esa carga para acumular tensión de forma progresiva a partir del uso virtuoso del sonido, la fotografía y el montaje como soportes dramáticos.

Atascada en ese pantanoso clima social, en Nati se combinan las pasiones y pulsiones propias de su edad con la inestabilidad que caracterizó a aquel período trágico, produciendo un explosivo cóctel emocional que hace brotar lo peor de ella. El relato sincroniza esas dos bombas de tiempo, la de lo íntimo y la de lo social, para mantener al espectador inquieto e incómodo durante toda la proyección.

El mayor mérito de La virgen de la tosquera quizás radica en su capacidad para fundir con éxito lo siniestro y lo popular, haciendo que el mal no tenga solo un origen sobrenatural, sino que también se filtra desde un fuera de campo socialmente reconocible. Desde ahí llegan, tan aterradores como cualquier fantasma, la violencia de clase, la disfuncionalidad familiar, la indiferencia social, la pobreza convertida en amenaza y, sobre todo, la mano invisible de un mercado que aplasta, desgarra y lo devora todo. Este último quizás sea el más espantoso de los monstruos que habitan la película.

A partir de esos elementos, La virgen de la tosquera confirma que el cine de terror nacional puede resultar tan lúcido como efectivo cuando entiende que los paisajes y las heridas de la memoria reciente pueden ser un terreno fértil para sembrar y cosechar el miedo. Y, en este caso, para ello resulta fundamental el guión, obra del también cineasta Benjamín Naishtat. Tan sólido en la construcción de la trama como a la hora de tender los puentes que conectan a la ficción con la realidad, en su labor se afirma la precisa puesta en escena diseñada por Casabé.

No parece casual que el propio Naishtat sea el director detrás de películas como Rojo (2018), El movimiento (2015) y muy especialmente Historia del miedo (2014), en la que casi todos los elementos que se articulan en la película de Casabé, con excepción de lo sobrenatural, ya estaban presentes. Es por ahí, pero también en torno a La ciénaga, de Lucrecia Martel, o al cine de Demián Rugna, donde hay que rastrear la ecléctica genealogía de La virgen de la tosquera.

JUAN PABLO CINELLI. Página 12.

En Showcase y Cinépolis.

Fuente: Página 12, Otros Cines.

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