
Desde el comienzo, la charla dejó en claro uno de los ejes centrales que atraviesan su trabajo: desarmar la idea del arte como algo lejano, solemne o exclusivo de élites. “Muchas veces se piensa que la cultura pasa solo por el Colón o por una galería, y no es así. La cultura es lo que hacemos todos los días: tomar mate, comer un asado, ir a la cancha”, explicó.
Gerschcovsky contó que su vínculo con el arte comenzó desde muy chica. A los 15 años ya asistía a talleres de Historia del Arte, rodeada de personas mayores, y nunca se alejó de ese mundo. “Siempre estuve metida ahí, y cuando llegó el momento de elegir una carrera no lo dudé”, recordó.
Durante la entrevista, también se habló sobre la crítica de arte y la idea de si es necesario “saber” para opinar. En ese sentido, sostuvo que si bien existe una formación formal, también hay un fuerte componente autodidacta y subjetivo: “En el arte no hay cosas que estén bien o mal. Todo depende del contexto histórico, desde dónde miramos y con qué herramientas”.
Uno de los tramos más dinámicos del programa giró en torno al lenguaje cotidiano y el lunfardo argentino, un tema que Melisa trabaja habitualmente en sus redes sociales. Palabras como mina, chabón, boludo, che, guita, bondi o quilombo fueron analizadas desde su origen histórico y cultural.

Por ejemplo, explicó que mina proviene del italiano femina; que chabón deriva de charabón, el nombre del hijo del ñandú, y que con el tiempo perdió su carga negativa; y que boludo, una de las palabras más identitarias del país, nació en las guerras de independencia para nombrar a quienes iban al frente con boleadoras: “Eran los más valientes, los primeros en atacar”.
También detalló que che tiene origen guaraní y que guita remite a la cuerda que ataba la bolsa de monedas en la antigüedad, de donde surge la expresión “soltar la guita”. “Estamos llenos de palabras que usamos todo el tiempo y no nos damos cuenta de todo lo que traen detrás”, señaló.
En ese sentido, destacó cómo el rock nacional y la cultura popular resignificaron muchos términos, y cómo el lenguaje fue cambiando con el paso de las generaciones, algo que se nota incluso al escuchar entrevistas callejeras de los años 80 y 90.
Sobre su trabajo en redes sociales, contó que el primer paso fue animarse: “Es difícil pararte frente a una cámara, pero era lo que estudié durante años. Quise sacar ese mito de que el arte es inaccesible y mostrar que nos atraviesa todo el tiempo”. Así nació @CulturaConMeli, un espacio donde analiza obras, costumbres, palabras y tradiciones desde una mirada cercana y cotidiana.
Finalmente, dejó un mensaje para quienes sienten que “no entienden” el arte: “No hay que entender para disfrutar. Está bueno ir a un museo, dejarse atravesar, y si alguien te lo explica mejor, porque las muestras tienen una narrativa pensada. El arte también invita, te hace un lugar”.
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