
Hoy es sábado 5 de septiembre de 2026. Han pasado 120 horas desde que Messi subió una carta escrita por él, a puño y letra, a su cuenta de Instagram, en la que anunció su retiro de la Selección Argentina. En los tiempos de hoy, en los que se vive totalmente acelerado, ya parece raro hablar de algo que pasó hace 5 días. Pareciera como que va en contra de la agenda.
Era una noticia que, si bien a uno le impacta porque finalmente termina de suceder, es algo que ya nos veníamos imaginando. No nos podemos hacer los otros: si estuvimos dos meses cantando “Por la Última de Leo”, aunque uno se hacía ilusión con la Copa América 2028. Bueno, ya está, terminó. A veces está bien que las cosas pasen.

A uno no le gusta ser autorreferencial cuando habla. Me parece un acto narcisista, pero en este caso, al hablar de Messi, me lo voy a permitir. Quien esté leyendo esto decidirá si está bien o está mal, o quizás no le interese en lo más mínimo.
Además, no tengo la potestad de hablar sobre lo que pueda llegar a pensar la gente, pero creo que en este caso sí voy a poder hablar por el resto de las personas futboleras de mi generación, con excepción de alguno que pueda llegar a pensar algo con lo que no coincidimos.

Nací en febrero de 2004 y tengo 22 años. Lionel Messi debutó en la Selección Mayor de Argentina el 17 de agosto de 2005, en un amistoso contra Hungría, partido en el que fue expulsado segundos más tarde de su ingreso en el complemento.
Es decir, que no tengo ningún tipo de recuerdo futbolístico sin que Messi sea el mejor jugador del mundo. Más allá de la Selección, del deporte en general. Atravesó toda mi vida: desde el jardín, pasando por la primaria, secundaria, facultad, y hoy, ya siendo una persona grande. No concibo mi vida sin Messi. Lo amé en mi infancia y lo amo y amaré en mi adultez.
En estos 5 días desde que anunció su retiro, he leído varios fragmentos de textos de distintas personas, ya sean hinchas, futbolistas o excompañeros de él, y encontré un lugar común entre todos ellos: casi nadie habla de lo bien que jugaba a la pelota.
Imaginate lo que tenés que trascender para que, siendo indiscutiblemente el mejor jugador de todos los tiempos (para mí eso le queda chico, es el mejor deportista de la historia, pero será discusión para más adelante), nadie hable en lo inmediato de lo bueno que eras jugando.

La gran mayoría se queda con la importancia del mensaje que ha dejado a lo largo de su trayectoria. Al final, el esfuerzo tendrá recompensa, pero en el mientras tanto hay que saber tragar mierda y pasar momentos de desequilibrio.
Es como si un ser todopoderoso hubiera humanizado a un superhéroe para que nos muestre en la vida real que hay que seguir intentando.
En la vida siempre hay que soñar con cosas que a uno le podrían llegar a pasar, pero, siendo sinceros, muchas de ellas finalmente no terminan sucediendo. La vida no es color de rosas, a veces te la pone de frente. Y Messi, en su último partido, perdió, porque también hay que saber que se puede perder. Lo fácil que hubiera sido irse ganando, pero ¿por qué conformarse con lo ganado?
“Tropezar, volver a levantarse, intentarlo otra vez y luchar por los sueños, porque eso es la vida”, dice Messi en una parte de su video de despedida. Y claro, mirá si todo va a ser tan fácil. Al mejor jugador de todos los tiempos le costó un montón ganar con la Selección. Hasta en un momento parecía que había tirado la toalla y renunció. Mirá si al resto de los mortales se nos va a hacer tan fácil.
No es para nada sencillo, pero creo que el objetivo de cada uno de nosotros tiene que ser llegar a viejo/a con la tranquilidad de haber dado todo como para lograr lo que queremos. Después, si se da o no, es anecdótico.
La derrota duele, y los futbolistas argentinos se niegan a perder
En cuanto a la salida de Messi del seleccionado nacional, claramente a la Argentina se le vienen unos años de transición. No es fácil dejar de contar con el mejor de todos después de 21 años. Está bien que haya un momento de desierto, hay que acostumbrarnos y saber sobrellevarlo.
Bajo ningún aspecto se debe retirar el número 10 de la Selección, como se hace en la NBA con las glorias de los equipos (mención especial a Manu Ginóbili). El número 10 en Argentina es la esencia de nuestro fútbol, nos representa en la manera de pensar. Todos los nenes que hoy están jugando en algún colegio, plazas, calles, clubes, todos ellos sueñan con algún día poder llevar ese número y representar al país.
Tengamos paciencia: vamos a volver a tener al mejor jugador del mundo en un futuro. No sé si será a corto o largo plazo. Entre el retiro de Maradona y Messi pasaron solo 2 mundiales. Tampoco sé si estará al nivel de ellos dos, pero Argentina va a tener otra vez en su equipo al mejor futbolista del mundo.
Posdata: jamás me voy a olvidar de cómo se hizo cargo del partido y del equipo en los 20 minutos posteriores al 0-1 contra Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026. Eso me lo voy a llevar por el resto de mi vida.
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