
Desde la ciudad colombiana de Cúcuta, en la frontera con Venezuela, Miryam del Carmen Ortega sostiene entre sus manos una foto que no deja de mostrar. Es la imagen de su hijo, Humberto Guzmán, detenido el 11 de octubre de 2015 y del que, desde entonces, no volvió a tener noticias oficiales.
Según relató la mujer, lo único que recibió aquel día fue el llamado de un abogado, quien le informó que su hijo había sido detenido. “Después de eso, nunca más supe nada”, contó, con la voz quebrada, en un testimonio recabado por el periodista Rodrigo Miró desde la frontera colombiana.
Durante años, Miryam no tuvo información concreta sobre el paradero de su hijo. Recién hace algunos meses, uno de los presos que recuperó la libertad le aseguró que había un detenido llamado Humberto Guzmán en el penal Rodeo II. “Mi corazón dice que está ahí”, afirmó la madre, aferrada a esa versión como única certeza.
“No he encontrado los medios para poder conectarme y saber de él”, explicó. Según lo poco que logró reconstruir, a su hijo lo acusan de terrorismo, una imputación que ella rechaza de plano. “Mi hijo trabajaba haciendo viajes en moto, como mototaxi”, sostuvo.
Miryam, de nacionalidad colombiana, asegura que Humberto es un preso político y que su detención se enmarca en un contexto de persecución. Desde hace meses recorre oficinas, fronteras y organismos, siempre con la fotografía de su hijo como única credencial.
“Yo tengo fe. Yo siento que mi hijo viene en camino”, afirmó, sin soltar la imagen. La esperanza, dice, es lo único que no le pudieron arrebatar en casi diez años de silencio.
Comentarios