En una nueva salida al aire con el equipo de Ya Pasó, de Radio Boing, el enviado especial Rodrigo Miró brindó una extensa actualización desde Cúcuta, ciudad colombiana ubicada en la frontera con Venezuela, donde se vive un clima de máxima tensión política, militar y social.
Desde el puente internacional que conecta ambos países, el periodista del Grupo Boing relató la convivencia cotidiana entre tanques del Ejército colombiano, militares armados y redes ilegales de “coyotes”, que ofrecen cruces clandestinos hacia territorio venezolano a cambio de miles de dólares. Según explicó, algunos pasos fronterizos se encuentran bajo control estatal, mientras que otros están directamente dominados por grupos guerrilleros como el ELN, con fuerte presencia del narcotráfico.
Miró advirtió que ingresar a Venezuela representa un riesgo extremo, una advertencia que fue reforzada por la periodista Carolina Amoroso, con experiencia en coberturas en Ucrania y la selva del Darién. Ambos coincidieron en que el régimen venezolano continúa operando sin Maduro, con figuras como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López conservando el control real del poder.

Durante la transmisión, también se reflejó el temor de la población venezolana, que evita manifestarse incluso tras la detención del expresidente, y el contraste con las movilizaciones en el exterior. En paralelo, el cronista analizó el escenario político en Colombia, donde el presidente Gustavo Petro convocó a una marcha en Bogotá, en un contexto de sociedad profundamente dividida y con riesgo de incidentes.
“La frontera no es un lugar peligroso como puede ser un barrio complicado: acá directamente manda un grupo armado”, resumió Miró, quien remarcó que la situación es mucho más compleja de lo que se percibe desde Argentina y que el nervio periodístico convive con un escenario de alta volatilidad e incertidumbre regional.
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Periodistas bloqueados y controles militares
Desde Cúcuta, ciudad colombiana ubicada en el límite con Venezuela, Rodrigo Miró, enviado especial de Grupo Boing, brindó un detallado panorama de la situación que se vive en la frontera luego de la intervención de Estados Unidos y el derrocamiento de Nicolás Maduro. El periodista se encuentra en el punto más cercano al que hoy puede acceder la prensa internacional, ya que el ingreso a territorio venezolano está completamente restringido para trabajadores de medios.
“Es lo más cerca que se puede estar hoy de Venezuela siendo periodista”, explicó Miró en diálogo con el equipo de Boing y sus Secuaces. Aunque el paso fronterizo muestra un tránsito constante de peatones, motos y vehículos, los controles militares venezolanos impiden el ingreso de periodistas sin un permiso especial del gobierno, autorización que actualmente no se está otorgando bajo ningún concepto.
En la zona se observa una fuerte presencia de soldados venezolanos y un movimiento incesante de personas que cruzan por motivos personales o comerciales. Sin embargo, para la prensa, la frontera está cerrada por aire, tierra y agua. “No hay vuelos comerciales, no hay transporte internacional, y si te encuentran trabajando como periodista sin permiso, te pueden detener”, remarcó.
Coyotes, remesas y cruces ilegales
Uno de los elementos centrales del relato fue el rol de los llamados “coyotes”, motociclistas que cruzan ilegalmente la frontera transportando dinero, mercadería y personas. Según explicó Miró, el endurecimiento de los controles y los impuestos estatales sobre las remesas empujaron a millones de venezolanos a utilizar estos mecanismos informales.
“Te ofrecen cruzarte por 700 dólares. Parte de eso es para pagar coimas en los retenes y otra parte para un supuesto ‘permiso’ del funcionario venezolano”, relató. El riesgo, advirtió, es extremo: desde la detención hasta la posibilidad de perder la vida.
Varios periodistas internacionales se encuentran apostados en la frontera. Miró contó que colegas portugueses intentaron ingresar de manera encubierta y fueron retenidos durante 18 horas del lado venezolano.
Miedo, silencio y redes sociales vigiladas
Durante su cobertura, el enviado especial dialogó con ciudadanos venezolanos y colombianos que cruzaban la frontera. La mayoría evitó hablar de política y se mostró reticente a dar opiniones públicas. “Nadie quiere meterse en problemas. Las redes sociales existen, pero están muy controladas. Convertirte en disidente político puede ser motivo de detención”, explicó.
Aunque muchos jóvenes utilizan TikTok, Instagram o Facebook, la autocensura es evidente. “Mejor no meterse en política”, fue una frase repetida entre los testimonios recogidos.
Un territorio con poder paralelo
Miró también alertó sobre la presencia del ELN (Ejército de Liberación Nacional), grupo guerrillero colombiano con fuerte influencia en la zona fronteriza y con base en territorio venezolano. Según explicó, este grupo ejerce un control parapolicial, cobra “impuestos” a comerciantes y garantiza una seguridad paralela al Estado.
“Acá nadie roba porque el castigo es inmediato. Son más pesados que el propio Estado”, aseguró, y vinculó esta situación con las acusaciones realizadas en Estados Unidos contra figuras clave del poder venezolano, a quienes se les atribuyen vínculos directos con la cúpula del ELN.
Tensión regional y movilizaciones
En paralelo, Miró confirmó que se esperan movilizaciones masivas en Colombia convocadas por el presidente Gustavo Petro en rechazo a la intervención estadounidense en Venezuela. Las protestas reflejan el alto nivel de tensión regional y el temor a que el conflicto se extienda a otros países.
Mientras tanto, Cúcuta vive una aparente normalidad diurna, con comercios abiertos y actividad constante, aunque por la noche algunas zonas se vuelven peligrosas. “Es una ciudad de frontera, con mucho tráfico legal e ilegal, muy parecida a lo que es Ciudad del Este, pero potenciada por todo lo que está pasando”, describió.
Desde allí, y sin poder cruzar, la prensa internacional sigue registrando un escenario complejo, atravesado por el miedo, el silencio, los controles militares y la incertidumbre sobre el futuro inmediato de Venezuela y la región.
La situación para los medios de comunicación es de bloqueo absoluto

En el cuarto día de la intervención estadounidense que terminó con la captura de Nicolás Maduro, la frontera entre Colombia y Venezuela se convirtió en un escenario de película bélica. Rodrigo Miró, enviado especial de Radio Boing, llegó a Cúcuta para relatar el minuto a minuto de una crisis que mantiene al mundo en vilo. Desde el Puente Simón Bolívar, el periodista describió un paisaje dominado por la llegada de tanquetas militares cada mañana y el flujo incesante de ciudadanos que cruzan a pie para trabajar, conviviendo con una militarización que ya es parte del paisaje cotidiano.
La situación para los medios de comunicación es de bloqueo absoluto. “Decenas de cadenas internacionales estamos en la misma: no hay chance de que un periodista pase a hacer su trabajo en Venezuela”, relató Miró. Los intentos de ingreso ilegal a través de las “trochas” o cruzando el río son descartados por los corresponsales debido a la peligrosidad y el riesgo de terminar detenidos por las fuerzas que aún responden al mando en Caracas.
La tensión no se limita al territorio venezolano. El presidente colombiano, Gustavo Petro, convocó a una movilización nacional para este miércoles en respuesta a las advertencias de Donald Trump, quien sugirió que Colombia podría ser el próximo objetivo. Según Miró, el clima en Cúcuta es de una “tensa calma” que se rompe con rumores de enfrentamientos nocturnos y la presencia latente del ELN en las zonas rurales de la frontera.

“Anoche circulaban videos de tiroteos contra drones en el Palacio de Miraflores. Nadie sabe qué pasa realmente”, comentó el periodista. La desinformación y el miedo son moneda corriente en una zona donde la justicia de los Estados Unidos ubica campamentos estratégicos de grupos armados que habrían operado bajo el amparo del chavismo.
En medio de los movimientos de tropas, Miró recogió testimonios que reflejan el drama humanitario. Venezolanos que regresaban de sus vacaciones o que viven en el exterior se encuentran con un país que “perdió la cabeza pero conservó el cuerpo”, según describió un joven entrevistado en el puente. Con 8 millones de exiliados, el movimiento migratorio venezolano se consolida como el segundo más grande del siglo, solo detrás del de Gaza.
Muchos ciudadanos prefieren no hablar ante las cámaras por temor a represalias contra sus familiares que aún viven en ciudades como Yaracuy. La incertidumbre sobre si la asunción de Delcy Rodríguez traerá un cambio real o será simplemente una continuidad del esquema de Maduro es la pregunta que todos se hacen en la fila de migraciones.
Conseguir alojamiento en Cúcuta se volvió una misión imposible debido al desembarco masivo de periodistas de todo el planeta. Miró adelantó que evalúa trasladarse a Bogotá para cubrir la marcha convocada por Petro, que promete ser un termómetro clave para la estabilidad de la región. Mientras tanto, en la frontera, el comercio irregular y los traslados “por izquierda” siguen siendo la única vía de escape o ingreso para quienes se animan a desafiar el blindaje militar en este convulsionado inicio de 2026.
Por su parte, en su salida para Río Extra Primera Mañana en Río 96.9, Rodrigo entrevistó a varios venezolanos que se encontraban en la frontera: “Para volver no tiene que haber guerra, porque yo voy a volver a un país destruido con muertes y guerras. Me fui por los bloqueos, por las sanciones, un gobierno bloqueado, sancionado. Es como que si te amarraran y te pusieran a trabajar, no vas a trabajar igual. Igualito, el venezolano le buscó la situación y supo sobrevivir la guerra que puso Estados Unidos, porque eso fue una guerra para los ganos de la presión que nos tenía, pero igualito le buscamos la hueca, la solución”, comentaron.
“Donald Trump no es el dueño del mundo. Donald Trump no es el dueño del mundo. Eso lo tiene que saber toda Latinoamérica. Donald Trump no es el dueño del mundo, no es el amo y el dios. Porque Latinoamérica tiene que respetar, porque ellos saben, todo el mundo sabe”, cerró el venezolano.


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