
El pulso de la frontera colombo-venezolana arranca antes de que salga el sol. En este inicio de 2026, la vida en Cúcuta comienza a las cinco de la mañana con termos de café en cada esquina y un tránsito que no descansa. Desde un taxi rumbo al Puente Internacional Simón Bolívar, Rodrigo Miró relató para Radio Boing la atmósfera que se vive en el quinto día tras la incursión de Estados Unidos. “La vida acá empieza mucho más temprano que en Rosario; a las seis de la mañana los comercios ya están a pleno y a las siete de la tarde no queda nadie”, describió el cronista mientras mostraba el paisaje de Villa del Rosario y las urbanizaciones en las montañas.
La novedad política que sacudió la jornada fue el anuncio de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. El funcionario confirmó el inicio de las excarcelaciones de presos políticos, una medida que el chavismo evitó durante años al negar la existencia de detenidos por razones ideológicas. Hasta el momento, se confirmó la liberación de ocho personas, entre ellas cinco ciudadanos españoles y la reconocida activista de derechos humanos Rocío Sanmiguel, quien había sido detenida tras denunciar hechos de corrupción.
A pesar de los anuncios oficiales, la angustia de las familias no cesa. Miró relató que cientos de personas se agolparon en las puertas de El Helicoide —el emblemático centro de detención en Caracas— sin recibir información clara durante horas. “La policía bolivariana incluso desplegó grupos antimotines ante el temor de incidentes por la cantidad de gente que esperaba novedades”, señaló el enviado especial.

Recién entrada la noche se viralizaron las imágenes de la salida de Enrique Márquez, ex candidato presidencial opositor, y del periodista Biagio Pileri. Sin embargo, la cifra total de detenidos arbitrarios oscila entre los 863 y los mil, incluyendo al menos a 20 periodistas que todavía permanecen en prisión por cuestionar al gobierno de Maduro.
Para los corresponsales internacionales, el acceso a territorio venezolano sigue siendo un desafío imposible. “Seguimos buscando historias de los que cruzan para hacerse un chequeo médico o hacer trámites, pero todavía no vemos un regreso masivo”, explicó Miró. Según su análisis, aunque la cúpula chavista haya caído, la estructura política del día a día no cambió lo suficiente como para que los exiliados se sientan seguros de volver.
Mientras el taxi llegaba a las casas de cambio que marcan el inicio del puente, el periodista rosarino remarcó que la expectativa ahora está puesta en si el nuevo esquema de control estadounidense permitirá finalmente el ingreso de la prensa para contar, desde adentro, la realidad de una Venezuela que intenta dejar atrás años de oscuridad.
A casi una semana de la extracción de Maduro, el tiempo se vuelve más notorio en un clima de tensión. En ese lapso pasó demasiado: anuncios impensados, nombres que se reordenaron en el tablero político y un clima que cambió sin previo aviso. Miró contó que lo sigue minuto a minuto desde un grupo de WhatsApp compartido con colegas de distintos países, entre rumores, confirmaciones parciales y transmisiones en vivo.
Desde la puerta del Helicoide, hoy los periodistas pueden pararse y esperar noticias; hace apenas una semana, ese mismo gesto habría significado terminar presos. El vaso se le aparece siempre a la mitad: ocho presos políticos liberados de más de ochocientos, familias que aguardan sin información, pero también un Estado que, por primera vez, reconoce que esos presos existen.
En las últimas páginas del recorrido, la frontera muestra su cara más cruda. En la Alcaidía de Cúcuta escucha cifras que hacen ruido: 2.500 desplazados en pocas semanas, campesinos que llegan todos los días huyendo de enfrentamientos entre dos grupos narco guerrilleros: el ELN y FARC. Drones, amenazas, pueblos vaciados. La violencia no es un relato lejano sino un sistema que controla rutas, cobra peajes, explota minerales y paraliza ciudades enteras.
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