
Cristina Mariscotti, conocida popularmente como “Abuela Lalala”, falleció a los 79 años y dejó un profundo pesar entre los hinchas de la Selección Argentina, que la adoptaron como un símbolo de los festejos durante el Mundial de Qatar 2022.
La noticia se conoció en los últimos días y, según trascendió, la mujer murió tras sufrir una insuficiencia cardíaca. Había sido internada en el Hospital Santojanni.
Nacida en 1946 en la Ciudad de Buenos Aires, Cristina creció en el barrio de Almagro, aunque su vida transcurrió principalmente en Liniers, donde se convirtió en una figura entrañable para los vecinos.
De vecina del barrio a fenómeno viral
Durante el Mundial, Mariscotti salía a la calle a celebrar los triunfos junto a jóvenes del barrio, agitando una bandera argentina. Fue entonces cuando un grupo conocido como “los Pibes del Luro” comenzó a cantarle “Abuela, lalala lala”, en un video que rápidamente se volvió viral en redes sociales.
Desde ese momento, su casa se transformó en punto de encuentro de hinchas que la consideraban una “cábala” del equipo, pese a que ella misma confesaba no ver los partidos por superstición.
Hincha de Boca Juniors y admiradora de Lionel Messi, Cristina logró conectar con distintas generaciones gracias a su espontaneidad y calidez.
Una historia marcada por la sencillez
A pesar de la popularidad repentina, nunca dejó de lado su vida cotidiana en el barrio. Incluso rechazó una invitación para viajar a Qatar a ver la final por cuestiones de salud y prefirió quedarse en Argentina, rodeada de sus afectos.
Con humor y lucidez, reflexionaba sobre su inesperada fama: “No soy una vieja amargada. La vida ya es bastante triste, trato de estar lo mejor posible”, decía, en un mensaje que también explicaba por qué tantos jóvenes la adoptaron como propia.
Su historia también estaba atravesada por recuerdos de otros mundiales, como los de 1978 y 1986, cuando celebró en las calles y el Obelisco, y por una profunda fe religiosa.
El adiós a una hincha inolvidable
Tras conocerse su fallecimiento, vecinos y allegados la despidieron con una misa en la Parroquia San Enrique, donde participaba activamente.
Sin hijos ni nietos, “Abuela Lalala” se convirtió en la abuela de todos los hinchas argentinos. Su figura quedará ligada para siempre a una de las celebraciones más recordadas del fútbol nacional y al espíritu popular que acompañó a la Scaloneta en su camino a la gloria.
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