
El periodismo deportivo argentino despide a una de sus figuras más emblemáticas: Ernesto Cherquis Bialo, quien murió a los 85 años luego de atravesar complicaciones de salud derivadas de una neumonía bilateral que desencadenó en una leucemia. Su fallecimiento marca el cierre de una carrera extraordinaria, atravesada por la pasión, el compromiso y una forma única de contar el deporte.
Meses antes de su muerte, el propio Cherquis había relatado el momento más crítico de su estado: “La médica me dijo: ‘No tengo buenas noticias. La médula no funciona. Haga lo que tenga que hacer’”. Sin embargo, logró una recuperación parcial que sorprendió a su entorno y que él mismo describió con una metáfora fiel a su estilo: “Si luché hasta la última campanada, piña va, piña viene, contra las cuerdas, banqué”.
Nacido el 30 de septiembre de 1940 en Montevideo, en el seno de una familia de inmigrantes europeos, se radicó desde muy chico en Buenos Aires, donde construiría toda su vida y carrera. Su infancia transcurrió en barrios humildes, y antes de convertirse en periodista incluso tuvo un paso por el boxeo amateur, disciplina que luego marcaría gran parte de su narrativa.
Sus inicios en el periodismo se dieron en la década del 60 como pasante en el diario Clarín, pero rápidamente encontró su lugar en la histórica revista El Gráfico, donde comenzaría una historia que lo llevaría a convertirse en uno de los nombres más influyentes del periodismo deportivo.
El Gráfico, su casa y su consagración
Cherquis Bialo trabajó durante más de 30 años en El Gráfico, la revista deportiva más importante del país, y llegó a ser su director entre 1982 y 1990. Allí desarrolló su estilo inconfundible: una escritura profunda, cargada de sensibilidad, contexto y mirada humana.
Durante años firmó con el seudónimo “Robinson”, en homenaje al legendario boxeador Sugar Ray Robinson, lo que reforzaba su identidad ligada al mundo del boxeo y la narrativa épica.
En una de sus definiciones más recordadas sobre su rol, expresó: “Soy un escritor de historias, o intentaré serlo. Las historias hay que descubrirlas y rescatarlas”, una frase que sintetiza su forma de entender el periodismo.
A lo largo de su carrera, cubrió algunos de los eventos más importantes del deporte mundial. Estuvo presente en peleas históricas como la de Muhammad Ali vs. George Foreman en Zaire, en el combate entre Ali y Ringo Bonavena en Nueva York, y también en el llamado “match del siglo” de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky.
Además, fue testigo privilegiado de las grandes figuras del deporte argentino, como Diego Maradona y Carlos Monzón, sobre quienes escribió con una profundidad que trascendía lo estrictamente deportivo.
Su estilo se alejaba del dato frío y se enfocaba en las historias humanas detrás de los protagonistas, aportando una mirada que combinaba literatura, análisis y emoción.
Además de su trabajo en medios gráficos, Cherquis Bialo tuvo una extensa trayectoria en radio y televisión, y ocupó un rol clave como director de Comunicación y vocero de la AFA durante la presidencia de Julio Grondona.
También fue docente, formador de nuevas generaciones y autor de múltiples libros, entre ellos biografías de figuras centrales del deporte argentino.
En 2024 había sido distinguido como Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires, en reconocimiento a una carrera que dejó una huella imborrable. Su forma de narrar, su capacidad analítica y su manejo del lenguaje lo convirtieron en una referencia obligada para generaciones de periodistas.
Hoy, su muerte no solo significa la pérdida de un profesional destacado, sino también el final de una manera de entender el periodismo: más reflexiva, más profunda, más humana. El legado de Ernesto Cherquis Bialo queda en sus textos, en sus enseñanzas y en una certeza que lo acompañó siempre: “Nuestra vida es el otro”.
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