
Las delegaciones de Estados Unidos e Irán iniciaron este sábado en Islamabad un proceso de negociación con el objetivo de alcanzar un acuerdo de paz que ponga fin a la guerra en Medio Oriente, desatada el pasado 28 de enero tras un bombardeo conjunto israelí-estadounidense que provocó la muerte del ex líder supremo iraní, Ali Khamenei.
El encuentro se desarrolla bajo estrictas medidas de seguridad y con la mediación del primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif. Participan el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, en un contexto marcado por la desconfianza mutua y posiciones todavía incompatibles.
Antes del inicio de las conversaciones, ambas partes fijaron condiciones previas.
Por un lado, Irán exigió el cese de los ataques israelíes en Líbano y la liberación de activos financieros congelados. Por el otro, Estados Unidos puso el foco en el programa nuclear iraní y en la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz.
El presidente estadounidense, Donald Trump, planteó una postura firme al respecto: “Ninguna arma nuclear. Eso lo es todo, el 99%”. Además, advirtió que el estrecho de Ormuz será abierto “muy pronto, con o sin” la cooperación iraní.
Las diferencias entre Trump y el nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, marcan el tono de la negociación.
Estados Unidos exige la eliminación del programa nuclear, el desmantelamiento de misiles balísticos, el fin del apoyo a grupos como Hezbollah, Hutíes y Hamas, y el cese de la represión interna, que dejó más de 7.000 muertos en las protestas de enero.
En contrapartida, Irán reclama el derecho a enriquecer uranio, garantías de no agresión, el control del estrecho de Ormuz, el retiro de tropas estadounidenses, el levantamiento de sanciones y reparaciones económicas para la reconstrucción del país.

El clima previo a la cumbre quedó reflejado en las declaraciones de los protagonistas.
Ghalibaf fue contundente al arribar a Pakistán: “Tenemos buenas intenciones, pero no confiamos”, y agregó: “Nuestra experiencia negociando con los estadounidenses siempre se ha caracterizado por el fracaso y las promesas incumplidas”.
Por su parte, Vance adoptó un tono cauteloso: “Si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, nosotros estamos dispuestos a tenderles la mano”, aunque advirtió: “Si intentan engañarnos, el equipo negociador no es muy receptivo”.
Las conversaciones se dan en el marco de una tregua temporal de dos semanas, que permitió abrir el diálogo, pero que no logró frenar completamente el conflicto. Durante la semana, Israel continuó su ofensiva en Líbano contra Hezbollah, argumentando que el alto el fuego entre Washington y Teherán no aplica a ese frente.
El embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, sostuvo: “Israel se negó a negociar un alto el fuego con la organización terrorista Hezbollah”, a la que calificó como el principal obstáculo para la paz.
La ciudad de Islamabad amaneció completamente blindada, con rutas bloqueadas y un fuerte operativo de seguridad en torno al Hotel Serena, sede de las conversaciones. La delegación iraní, compuesta por más de 70 miembros, llegó primero, mientras que el equipo estadounidense arribó horas después.
En este contexto, Sharif advirtió sobre la complejidad del proceso: “Se ha anunciado un alto el fuego temporal, pero ahora nos espera una etapa aún más difícil: lograr un alto el fuego duradero y resolver cuestiones complejas mediante negociaciones”.
La expectativa por un posible acuerdo ya tuvo impacto en los mercados internacionales. En Wall Street, los principales índices bursátiles subieron más de 3%, mientras que el precio del petróleo cayó alrededor de 13% en la semana, reflejando el optimismo ante una eventual desescalada del conflicto.
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