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Todo Show

Ocho estrenos el último jueves de febrero

Llegan las oscarizadas “Secretos de un escándalo” y “Vidas Pasadas”, el tanque “Duna: Parte Dos”, vuelve Lucía Puenzo con la esperadísima “Los impactados” y también llegan el documental de la final de Madrid entre River y Boca, “No hay osos”, “Mi amigo robot” y la serie “Los elegidos” que estrena un par de episodios en cines. Aquí una selección de reviews para elegir que ir a ver al cine, porque el cine se ve en el cine.

“Secretos de un escándalo”

 

Aunque el material original (y casi podría decir que el universo que el guion de Samy Burch aborda) le es en principio bastante ajeno, Todd Haynes se lo apropia y -a partir del trabajo con dos actrices extraordinarias como Julianne Moore y Natalie Portman- lo convierte en una excusa para ahondar en las convenciones, los mandatos y los prejuicios sociales.

Ambientada en 2015, May December (el título de estreno local es Secretos de un escándalo) narra la historia de Gracie Atherton-Yoo (Moore), una mujer que en 1992 fue el eje de un escándalo seguido de manera obsesiva por la prensa sensacionalista: siendo una maestra de 36 años, abandonó a su marido para iniciar una relación afectiva con un estudiante de apenas 13, por lo que debió enfrentar no solo el escarnio público sino también varias instancias judiciales. Hoy, pese a todas esas aguas turbulentas que corrieron bajo los puentes por las diferencia de edad y las características de la pareja, Gracie sigue viviendo con Joe (Charles Melton) en una mansión ubicada en un paradisíaco enclave de Savannah y, en medio de una amplia familia que incluye un ex esposo aún herido por aquellos hechos, se producen situaciones bastante particulares, como que ella tiene un hijo y un nieto que cursan al mismo grado del colegio.

La aparente normalidad alcanzada por la pareja y la extraña dinámica de esa tan amplia y diversa familia que orbita a su alrededor empieza a resquebrajarse cuando aparece en escena Elizabeth Berry (Portman), una actriz muy popular en televisión que interpretará a Gracie en una película independiente que está a punto de filmarse.

Elizabeth quiere saberlo todo sobre el pasado y el presente de Gracie y comienza a visitar cada vez con mayor asiduidad esa casona en la Savannah, así como a entrevistar a quienes fueron protagonistas o testigos de aquellos hechos ocurridos más de dos décadas antes. La curiosidad se transforma luego en obsesión y la artista termínará involucrándose en el asunto de maneras cada vez más íntimas y riesgosas.

Las situaciones por momentos absurdas, las permanentes irrupciones de humor negro en distintos conflictos, los diálogos incisivos que apuestan por la risa, la música de a ratos estridente (Marcelo Zavros adaptó la banda sonora que Michel Legrand compuso en 1971 para The Go Between / El mensajero del amor) y el tono decididamente camp y telenovelesco que sobrevuela el relato hacen de May December una película que parece heredera de cineastas tan disímiles como Todd Solondz, Ingmar Bergman, Brian De Palma y su admirado Douglas Sirk. Si no siempre las casi dos horas de relato resultan fascinante, en buena medida la experiencia se disfruta en la que constituye una auténtica rareza dentro de la filmografía de Haynes.

Trabajando como en Carol con dos actrices prodigiosas, May December no tiene miedo al ridículo (y en algún sentido hasta lo abraza con premeditación y alevosía), se aleja de la solemnidad, de la corrección política y del prestigio para abrazar un espíritu desinhibido y provocador. Un nuevo salto (jamás al vacío) de un director que, a sus 62 años, sigue indagando, probando, buscando nuevos caminos y registros dentro de un cine siempre estimulante.

Diego Batlle.

En Del Centro y Showcase.

 

“Los impactados”

Si hay algo que atraviesa, con la bravura de un rayo, el cine de Lucía Puenzo es su heterodoxia. Atenta siempre a la mezcla de géneros y tremendamente dúctil en su aproximación sobre todo a lo fantástico, la directora sigue con Los impactados el camino trazado en películas como XXY y El niño pez.

Los impactados se maneja tanto en los sentimientos de unos personajes atrapados en la angustia como en la concreción de los cuerpos, carnales, deseosos, eléctricos. Es en su capacidad para crear un universo propio que Puenzo encuentra los momentos más interesantes de Los impactados, que cuenta el proceso de sanación de una mujer sobre la que ha impactado un rayo. En este trayecto, la fuerza de lo visual resulta más interesante que el drama. Los cuerpos marcados a fuego con el dibujo del relámpago o la misma escena del impacto, que la cineasta tiene la valentía de no evitar, son algunas de las pistas del poderío visual de la película.

La electricidad se descarga desde el cielo al cuerpo de la protagonista, que busca refugio en un médico que lleva un grupo de apoyo. Entre ellos, surge la chispa, y la película se va instalando en un terreno que, en sus mejores momentos, puede recordar al cine de la nueva carne de David Cronenberg. A diferencia de las películas del director canadiense, el tono de Los impactados estará más cerca de lo emocional que de lo cerebral.

Quizás el impulso a la heterodoxia lleva a la película a querer abrir demasiados frentes, como si no bastara el impacto de un rayo, sino que fuera necesario recargar el contexto de los personajes con traumas diversos y posibles futuros, o incluso con un discurso algo ambiguo sobre la tensión entre terapia alternativa y la farmacoquímica. Hay una tendencia al barroquismo, y también a la afectación, a la seriedad de unos personajes pesados, absortos en ese universo particular. Sin embargo, esto no impide la celebración de su exuberante imaginario.

Violeta Kovacsics.

En el Showcase, Hoyts y Cinépolis.

 

“Vidas pasadas”

Estrenada pocas semanas antes de su presentación en Berlín con notable repercusión en el Festival de Sundance, coproducida por la poderosa compañía coreana CJ Entertainment y Killer Films de Christine Vachon (habitual sello detrás de los films de Todd Haynes) y adquirida para su estreno en salas de los Estados Unidos por la influyente distribuidora A24, la ópera prima de Celine Song es un crowdpleaser concebido con sensibilidad y eficacia que apunta a convertirse en una de las sensaciones cinéfilas de este 2023 (N. de la R.: ¡y vaya que se convirtió en un fenómeno de crítica y público!).

Si en 2020 el furor del cine indie fue Minari, de Lee Isaac Chung, muy probablemente el de 2023 sea otra película sobre coreanos en los Estados Unidos. Narrada en tres tiempos distintos, Vidas pasadas se remonta 24 años atrás, cuando Nora y Hae Sung son chicos de 12 que, más allá de competir por ser los alumnos con mejores calificaciones del colegio de Seúl, también son amigos inseparables. Inseparables hasta que los padres de ella deciden radicarse en Nueva York, mientras que la familia de él permanece en Corea. Hay un primer reencuentro cuando ambos tienen 24, pero el que narra la película en profundidad transcurre en la actualidad, cuando ambos ya tienen 36 años.

Nora (una magnética Greta Lee) se ha casado con un estadounidense llamado Arthur (John Magaro) y ambos se dedican a la escritura (sobre todo a la dramaturgia). Pero cuando Hae Sung (Teo Yoo) decide visitarla por unos días en la Gran Manzana todo empieza a resquebrajarse, surgen las dudas, las contradicciones, el afecto y algo más, porque la tensión romántica entre ambos es indudable. ¿Cómo lidiar con ese pasado y este presente? ¿Cómo sobrellevar con tantas dificultades de adultos algo que de niños fue pura inocencia y una amistad compartida con tanta naturalidad? ¿Ella está dispuesta a engañar a su comprensivo esposo? ¿El está dispuesto a invadir la aparente felicidad de esa pareja? Son dilemas que Celine Song y sus notables intérpretes trabajarán en este film hablado más en coreano que en inglés -rodado en 35mm con cierta impronta del cine de Richard Linklater- que tiene algunos lugares comunes estilísticos y narrativos propios del cine independiente norteamericano made for Sundance, pero que en definitiva convence y hasta emociona.

Sí, la bella y delicada Vidas pasadas tiene suficientes méritos artísticos como para sobrevivir al hype de esos genios del marketing y del lobby que son los ejecutivos de A24. En Celine Song se percibe a una gran cineasta en potencia. Materialists, una comedia romántica con varias estrellas en su elenco, será una perfecta medida para comprobarlo (o decepcionarse).

Diego Batlle.

En Showcase, Hoyts, Monumental y Del Centro.

 

“Cierren los ojos. La final eterna”

Contada por sus protagonistas, narra en primera persona el proceso que llevó al Millonario a obtener el título en 2018 tras la inédita final disputada en el estadio Santiago Bernabéu ante su clásico rival, Boca. Un acontecimiento que combina pasión, emoción y sentimiento, emociones que solo podrían ser narradas por sus propios héroes.

Entre los testimonios de los artífices se destacan: Marcelo Gallardo, Enzo Pérez, Lucas Pratto, Leonardo Ponzio, Gonzalo ‘Pity’ Martínez, Juan Fernando Quintero, Franco Armani, Javier Pinola, entre muchos otros.

“Cierren los Ojos, la final eterna” es una producción de Torneos Ficción, con dirección y guión de Gabriel Starna, Ignacio Ragone y Silvina Dell´Occhio. Se llevó a cabo entre marzo y noviembre de 2023 en diversas locaciones emblemáticas del club como el Estadio Monumental, River Camp, además de hoteles y clubes. También se exhiben entrevistas en Europa a jugadores que actualmente residen allí.

La película cuenta además con material en calidad 4K que forma parte del archivo propio de Torneos del camino de River durante la Copa Libertadores 2018.

En el Hoyts.

 

“Duna: parte dos”

El lanzamiento de esta segunda parte de Duna es muy esperado por varias cuestiones. En principio, porque es el cierre de un proyecto de un director de renombre como el canadiense Denis Villeneuve con un elenco pletórico de figuras (aquí se suman, entre otros, Florence Pugh, Christopher Walken, Austin Butler, Léa Seydoux y hasta una sorpresiva, pequeña e intrascendente participación de Anya Taylor-Joy), pero sobre todo porque el negocio del cine a escala global necesita de forma urgente un blockbuster capaz de recaudar en la taquilla “como las de antes”. En ese sentido, todo parece indicar que esta Parte 2, cuyo costo creció hasta los 190 millones de dólares, conseguirá ingresos bastante superiores a los de la Parte 1, que en todo su recorrido sumó 434 millones porque en aquel momento todavía se sentían las secuelas de la pandemia y por lo tanto se planteó un estreno simultáneo en la plataforma de streaming HBO Max.

Más allá de los problemas de fluidez y de narración que para mi tiene Duna: Parte dos, la película cumple con lo que promete en cuanto a la espectacularidad y tensión de varias de sus secuencias (desde la apertura con un eclipse de fondo hasta las que tienen tormentas de arena). Haberla visto desde la fila 5 de la sala 6 del complejo Cinépolis Recoleta con el sonido Dolby Atmos en todo su esplendor fue una experiencia vibrante, más del orden de lo corporal que de lo intelectual, y en ese sentido satisfactoria.

La primera mitad de las más de dos horas y media de relato son lo mejor porque está bastante concentrada en las batallas que se desarrollan en pleno desierto. Los problemas comienzan (o se acentúan) cuando se plantean (y luego se tienen que resolver un poco a las apuradas) los enfrentamientos entre los que son esencialmente buenos (Timothée Chalamet, Zendaya, Rebecca Ferguson, Javier Bardem, Josh Brolin) y los que podríamos definir -en algunos casos con matices- como malos (Austin Butler, Florence Pugh, Dave Bautista, Christopher Walken, Léa Seydoux, Stellan Skarsgård, Charlotte Rampling).

No sé si será porque quedaron muchas escenas en el camino en el montaje final, pero varias veces las elipsis no funcionan del todo bien y las transiciones entre secuencias lucen demasiado torpes y bruscas. También le falta algo de “sangre” (en sentido literal, pero también artístico) para lograr la calificación Apta para mayores de 13 años.

De todas maneras, aun con esos reparos, esta historia que por momentos tiene algunos elementos que la emparientan con Star Wars o House of the Dragon tiene unos cuantos pasajes épicos y adrenalínicos que la convierten en definitiva en un más que aceptable entretenimiento a gran escala. A Villeneuve le habrá ido un poco (o bastante) mejor que a Alejandro Jodorowsky y David Lynch (la tercera parte, si los números de la taquilla acompaña, parece inevitable), pero la tentadora y compleja novela pulp de Frank Herbert sigue siendo un hueso muy duro de roer hasta para los cineastas más encumbrados.

Diego Batlle.

En todos los complejos.

 

“Mi amigo robot”

Es una historia simple. Un perro, llamado simplemente Perro, se siente solo hasta que consigue un compañero. El amor con el que forjarán su vínculo le cambia la vida por completo. Sus días se llenan de felicidad compartida, hasta que una excursión funesta los separará para siempre. Solo queda soñar con el reencuentro hasta aceptar la pérdida y seguir adelante. Esta simpleza se brinda con una honestidad profunda, sin necesidad de volverse sombría ni dar golpes bajos para llegarnos al corazón. Reposa especialmente en lo entrañable de sus personajes que con escuetos trazos logran una expresividad capaz de transmitir todo tipo de emociones.

La sencillez de su historia no cae en una pobreza de recursos ni en una estructura maniquea, de héroe y villano o buenos y malos. La impotencia de que no haya una fuente del mal a quién culpar o llorarle el hecho desgraciado, toca una fibra aún más desoladora.

Se entrega, además de a la profundidad del lazo que construyen los protagonistas, a una poética visual y sonora. La animación tradicional a mano recupera lo que plantea la novela gráfica en la que se basa, mientras toma el estilo de los cómics claire lign, donde las fuertes líneas negras delimitan los contornos y contrastan con los colores plenos sin sombreados de los elementos. También reconocemos personajes caricaturescos que habitan un entorno realista, lo cual propicia hermosamente el escenario para una Nueva York ochentosa y colorida.

El principio nos ubica en el estado psicológico de Perro a través de imágenes cotidianas. Cena solo comida recalentada en el microondas (una imagen per se deprimente siendo su opuesto, la comida casera, un símbolo de hogar, de familia, de compañía, de las que Perro parece carecer); juega solo al Pong; mira cualquier cosa en la TV, ya que al apagarla no puede tolerar la imagen reflejada que le devuelve la pequeña pantalla de su inmensa soledad. Es que en este mundo no hay diálogos (ni humanos). Pablo Berger apuesta a la potencia de las imágenes y el montaje, junto a un diseño sonoro y musical como parte imprescindible de la narrativa. Aplaudo su audacia para volver a hacer en estos tiempos un largometraje mudo y, sobre todo, la carencia de explicaciones que suelen recaer en el habitual mal uso de la palabra. Así nos arroja a un vistoso y melodioso viaje de sensaciones.

Cuando entendimos la raíz de su congoja, una publicidad aparece para hablarle directamente (un toque de humor que me transporta a dibujitos de mi niñez). “¿Te sientes solo?”, pregunta ofreciéndole al mismo tiempo la respuesta: la posibilidad de encargar un amigo robot para armar. Hace la orden y se va a dormir con la esperanza de que su suplicio encuentre término. Al día siguiente espera el paquete, con la felicidad que un perro espera la llegada de su humano. Cuando Robot cobra vida por fin, ambos se miran y se sonríen. Así comienza su historia de amor en la que compartirán sus días y actividades cotidianas, cumpliendo todos los must do de NYC. Pensemos que Pablo Berger habitó diez años en esta ciudad que homenajea con amor sin olvidar, a la par, lo difícil que puede resultar vivir en tal efervescencia ni a su país natal (un guiño con una postal que recibe Perro desde Barcelona). La fundamental banda sonora, con su jazz y música urbana callejera, completan con pericia la imagen que nos conecta con una de las ciudades más famosas del mundo.

Robot absorbe todo lo que puede ver a su alrededor, como la inseparable compañera de Theodore en Ella / Her (Spike Jonze, 2013). Una tarde de parque, bailan una coreografía sobre patines que sellará su vínculo regalándoles lo que se convertirá en su canción, September, de Earth, Wind & Fire, cuya letra volverá con sentido renovado hacia el final (mientras que también aparece como leitmotiv en otro momentos del film, contando una versión jazzera). Cuando todo pareciera marchar sobre ruedas llega el fatídico día de Coney Island. Nuestro amigo de hojalata, post baño en el mar, se oxidará y quedará paralizado sobre la arena, lo que nos recuerda al personaje, con quien también comparte cierto aspecto morfológico, de la película que ven juntos, El mago de Oz. No es casual que en la historia clásica sea quien busque nada menos que un corazón, es decir, la capacidad de amar y ser feliz. Perro no es lo suficientemente fuerte como para rescatar a su amigo del estancamiento. A la mañana siguiente, cuando vuelva a buscarlo con las herramientas pertinentes, se topará con las rejas que cierran la playa hasta el verano. Mientras se acerca el frío, sus líneas narrativas se alejan. En su forzado y solitario abandono, Robot soñará con el anhelado encuentro minado por su miedo al olvido. Lo onírico deja lugar a secuencias donde la animación es capaz de vehicular la riqueza de la imaginación (que incluyen un momento de musical, referenciando nuevamente la presencia del mago de Oz).

La capacidad de un robot de sentir y soñar aparece sin ser juzgada. No viene a advertirnos la amenaza del avance de la inteligencia artificial, o escarbar el impreciso límite entre lo artificial y lo natural, ni ensayar moralejas. En este aspecto, hace suya con frescura la libertad de abordar temas existenciales como el amor y la soledad, sin preocuparse por dar explicaciones que pueden resultar innecesarias. No hace falta que nos muestren a Perro en un trabajo monótono y alienante. No lo vemos trabajar. No sabemos si trabaja o de qué vive. Con mostrarnos el contexto de una metrópolis bestial, abrumadora y peligrosa (lo cual se muestra con gracia a través de los ingenuos ojos de Robot cuando saluda a unos “chicos malos” en la calle y le devuelven “the finger”, él les sonríe y les hace el mismo gesto a modo de respuesta amistosa), alcanza para empatizar con la sensación de profunda soledad que se puede experimentar estando rodeado de gente y bullicio. En este mismo sentido, la historia de amor no encasilla el vínculo en típicos cánones de amistad, familia o romance (también hacen típicas cosas de pareja como caminar de la mano).

Cuando Robot, ya con un nuevo compañero y un aspecto transmutado (ciertamente chistoso), ve por azar a Perro caminando por la calle junto a otro robot, nos regalan una hermosa y conmovedora escena. Primero entregado a la fantasía del reencuentro, luego con la incertidumbre de no saber cómo abordar lo que más estuvo esperando en su vida. Así hace sonar September en su restaurado cuerpo estéreo y ambos bailan, juntos a pantalla dividida, su coreografía. Al ritmo de las preguntas Do you remember? Dancing’ in September? nos cuestionamos ¿Cómo afrontamos las más soñadas ilusiones cuando pueden materializarse? ¿Qué es un recuerdo, sino algo que ya no está pero sigue presente? ¿Cómo afectan el timing y el azar en los vínculos? El final agridulce, indefinible, como la vida que continua. En un mundo indiferente de creciente aislamiento provocado por el trabajo remoto, cierto uso de las aplicaciones, las redes, los servicios on demand, etc, nos abraza desde la fantasía la vital realidad necesaria de la amistad, el amor y los vínculos, sean como sean y duren lo que duren. A tono celebro el placer de la experiencia colectiva de ir al cine.

Sofía Rozenwurcel.

En Hoyts y Showcase.

“The Chosen”

La historia sobre la vida de Jesús de Nazaret continúa con la confirmación de la cuarta temporada de Los elegidos (The Chosen). La serie dramática sobre la principal figura del cristianismo ha revelado que sus espectadores en América Latina tendrán la oportunidad de visualizar los dos primeros episodios de la nueva temporada doblados al español en salas de cine.

Creada por Dallas Jenkins, la ficción ha logrado una considerable acogida internacional narrando los eventos bíblicos desde una perspectiva humana y cercana, poniendo el foco en las personas que conocieron a Jesús, personificado por el actor Jonathan Roumie. Esta producción, también dirigida por Jenkins, se distingue por su profunda exploración del contexto histórico y social del primer siglo, marcado por la ocupación romana de Israel.
Este drama histórico no solo se ha posicionado por su contenido, sino también por su modelo de financiamiento.

Inició como un pequeño proyecto sustentado en crowdfunding y ha escalado a un fenómeno internacional, con un alcance que supera los 200 millones de espectadores únicos y una difusión en más de 190 países. Esta popularidad se refleja en la recolección de fondos que supera los 100 millones de dólares invertidos en la producción de las temporadas.

La narrativa de The Chosen es especialmente destacada por su enfoque en las transformaciones personales de los discípulos de Jesús y en las figuras circundantes, agregando profundidad a cada personaje. La cuarta temporada promete intensificar el drama al presentar a estos personajes frente a desafíos mayores, poniendo a prueba sus convicciones en medio de un ambiente cada vez más hostil por parte de las autoridades.

En Showcase, Hoyts y Cinépolis.

 

“No hay osos”

La cámara permanece quieta en medio de un pueblo cercano a la frontera entre Irán y Turquía, hasta que comienza a seguir a una chica que se encuentra con un hombre. Ambos hablan sobre una posible huida hacia Europa con pasaportes falsos hasta que alguien grita “¡Corte!”, revelando que, en realidad, esa situación corresponde a una escena de una película dirigida a distancia por Jafar Panahi desde una pequeña aldea. Con este recurso propio del cine metaficcional –toda una tradición del cine iraní de las últimas décadas- comienza No hay osos, el último largometraje del responsable de El globo blanco (1995), El círculo (2000), Esto no es una película (2011) y Taxi (2015).

Que Panahi “haga” de Panahi y mencione varias veces su situación judicial/policial –es perseguido por el régimen desde hace muchos años, con varios periodos de cárcel incluidos– es el gesto más claro de que el dispositivo de metaficción coquetea muchas veces con el documental. Nunca termina de dejar en claro dónde termina uno y comienza el otro, en tanto la película prefiere moverse en un terreno tan ambiguo como inquietante.

Luego de esa situación inicial, No hay osos se desplaza hacia Panahi, quien también vivirá su propia ficción en el centro de una comunidad que pasará de la amabilidad a la desconfianza fruto de que el director no parece comprender del todo las tradiciones locales. Es por eso que se verá envuelto en una discusión sobre una supuesta foto que tomó y cómo ella podría servir para clarificar una situación relacionada con un matrimonio arreglado, al tiempo que las autoridades nacionales no están muy contentas de verlo cerca de la frontera.

Esa frontera, según una leyenda local, está llena de osos amenazantes que impiden el paso de quien aspire a huir. Los mecanismos de control disfrazados de realismo mágico son uno de los tantos elementos a través de los que el director iraní realiza observaciones punzantes sobre la lógica de funcionamiento político y las dinámicas sociales de un país imperado por los mandatos del Corán que interpretan, sin excepciones, los hombres.

Reconocida con el Premio Especial del Jurado en la Mostra de Venecia y con amplia circulación por festivales, incluyendo el de Mar del Plata, durante la temporada 2022, la película comenzará a ramificarse, adquiriendo por momentos una estructura tan laberíntica como los pasillos de las aldeas y los pueblos que visitan el director y sus actores. A lo largo del relato aparecerán diversos personajes que muestran, además de la ominosa presencia estatal, las tensiones entre lo urbano y lo rural, entre las miradas más tradicionales y aquellas un tanto más flexibles acerca de cómo relacionarse con un mundo que cambia a una velocidad por momentos difícil de asimilar.

Ezequiel Boetti.

En El Cairo.

Fuente: Otros Cines, La Nación.

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