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Todo Show

Ocho nuevas películas llegan a las pantallas de la ciudad

Una animada de Miyazaki, otra de Los Tres Mosqueteros pero francesa, una romántica, dos argentinas, el reestreno de la trilogía del Batman de Nolan y Metallica en vivo renuevan la cartelera. Aquí una selección de reseñas, los trailers y donde verlas, porque el cine se ve en el cine.

 

“Suzume”

 

Una adolescente de pueblo, un muchacho convertido en una pequeña silla de tres patas, un gato capaz de cometer las peores maldades y unas puertas que al abrirse desatan incontrolables fuerzas sobrenaturales que algunos confunden con terremotos. Con esos (y otros) elementos, el aclamado creador de Your Name construye una película íntima y épica, lúdica y grave, lírica y espectacular a la vez.

Visualmente deslumbrante (el animé en todo su esplendor) y narrativamente audaz, Suzume cuenta las desventuras de Suzume Iwato, una joven de 17 años de un tranquilo poblado del suroeste de Japón llamado Kyushu que, siguiendo los pasos de Souta Munakata, un misterioso hombre del que se enamora a primera vista, termina embarcándose en un viaje lleno de misterios y peligros.

Como buena parte de las heroínas del cómic, esta entusiasta, inocente, inmadura e impulsiva guerrera encontrará fuerzas de donde no creía que las tenía para luchar contra calamitosas energías que surgen de los portales en un relato que une lo iniciático con lo fantástico, la tradición con lo contemporáneo.

Hace algo más de dos décadas, el gran Hayao Miyazaki ganó el Oso de Oro de la Berlinale con El viaje de Chihiro. Si bien Suzume no llega a semejantes alturas creativas, su inclusión en la máxima competencia del festival alemán fue una audacia de programación y un caso de estrica justicia artística. En el Showcase, Cinépolis, Hoyts.

 

 

“Los tres mosqueteros: D’Artagnan”

Con casi 50 transposiciones al terreno audiovisual, la novela publicada en 1846 por Alexandre Dumas (dos años antes fue un folletín por entregas en el diario Le Siècle) se ha mantenido como un clásico inoxidable del género de capa y espada para muchas generaciones.

Tras varios proyectos originados en Hollywood (varios de ellos olvidables), la historia regresa a Francia con un díptico (D’Artagnan ahora y Milady en diciembre) que combina todos los elementos indispensables para construir un espectáculo épico y espectacular: una suerte de seleccionado actoral, una realización inteligente a cargo de Martin Bourboulon (responsable de la saga Papa ou maman y de Eiffel), vertiginosas escenas de acción y un enorme despliegue de efectos visuales para la reconstrucción de época. No estamos frente a un film que derroche audacia ni asuma demasiados riesgos artísticos, pero todo aquello que se pensó desde el concepto y el marketing se concretó con indudable profesionalismo.

Charles D’Artagnan (el galán François Civil) es un joven gascón que en 1627 llega a París para sumarse a la guardia de élite del rey Luis XIII (Louis Garrel) y su esposa Ana de Austria (una desaprovechada Vicky Krieps). Allí se encontrará con los ya míticos mosqueteros Athos (Vincent Cassel), Porthos (Pio Marmaï) y Aramis (Romain Duris). Tras un largo período de paz y prosperidad, Francia entra en una época de fuertes tensiones internas y externas con crecientes enfrentamientos entre católicos y protestantes, y las amenazas de ingleses y españoles.

Hay, por lo tanto, en estas dos primeras horas de esta saga unas cuantas intrigas palaciegas, confabulaciones propias de una guerra religiosa y personajes manipuladores como el cardenal de Richelieu (Eric Ruf) y la oscura villana Milady de Winter (Eva Green), que probablemente tenga mayor desarrollo e incidencia en la segunda entrega, que lleva su nombre.

De hecho, tras estas dos intensas horas el final resulta un poco anticlimático (tranquilos: no hay spoiler), ya que se apela a un cliffhanger y aparece el típico cartel: “Continuará” (hay luego una muy breve escena post-créditos). En definitiva, quien espere un film que subvierta los cánones del cine de acción y aventuras no encontrará aquí ningún elemento demasiado revolucionario, pero para los cultores del género con una bienvenida relectura del clásico y un look más moderno se trata de una opción para nada desdeñable. En Showcase y Hoyts.

 

 

“El exorcista del Papa”

Según Gabriele Amorth, demonólogo oficial del Vaticano y encargado de realizar, según su autobiografía, más de 60 mil exorcismos, el 98 por ciento de las posesiones se deben a un problema mental; el resto, en cambio, es producto de la maldad pura. Una distribución similar de esos atributos en los involucrados pueden explicar la existencia de esta película. Habría que agregar también la dosis de cinismo necesaria para pretender que El exorcista nunca existió o que, dado que pasaron 50 años de su estreno, puede ser saqueada a voluntad.

Ambos films están basados en “hechos reales” (en la era de las fakes news ya no corresponde preguntarse si existen hechos de otra clase) y en fuentes similares, esta es la coartada de la más reciente para desarrollar eventos casi calcados de su predecesora. Un argumento a favor de El exorcista del Papa es que muestra un grado de desinterés, un “laissez faire” que se vuelve indistinguible del sentido del humor: no está claro si por momentos es tan absurda porque no se toma en serio o porque es lo único que puede hacer. Ciertamente, la interpretación de Russell Crowe en el rol central se desliza por ese filo: con la impronta del Orson Welles tardío que hacía avisos de vino barato por TV, y un criterio similar para elegir trabajos, el ganador del Oscar aporta un tono jocoso a su exorcista y derrama carisma mientras atraviesa Europa sobre una Vespa bicolor en sotana y con su estola púrpura al viento.

El sacerdote del título fue objeto de un documental llamado El diablo y el padre Amorth, dirigido por William Friedkin, el mismo Friedkin de la película con Linda Blair, que registra el ahora célebre exorcismo de una mujer que, se afirma, era poseída regularmente por demonios. Este nuevo film, también basado en una vivencia del cura, tarda pocos minutos en desembarazarse de cualquier pretensión de realidad.

Aquí una familia norteamericana compuesta por una madre y sus dos hijos llega a Castilla (con un paraje de Irlanda pasando por la locación española) para refaccionar una vieja abadía que, improbablemente, es la herencia del padre recientemente fallecido en un choque. El hijo menor, afásico desde el accidente, pronto presenta los síntomas inconfundibles de la posesión diabólica que son la cara surcada por cicatrices y una voz una octava más baja que la de Tom Waits. Así como todas las escenas con Linda Blair en la película de Friedkin eran genuinamente perturbadoras, todas las de este actor infantil son incómodas por las razones incorrectas; no es su culpa, sino de la puesta en escena. Afortunadamente, pronto se hace presente el padre Amorth para librarlo de semejantes circunstancias.

Recién en el climax, que sucede demasiado tarde, la película cobra un poco de brío. En sus diez minutos finales se separa de su fuente para convertirse en la fiesta de gore que debió haber sido desde al menos media hora antes. Casi sin sustos ni ideas novedosas, la presencia de Crowe no alcanza para salvar a este film de la condena. En el Showcase, Hoyts y Cinépolis.

 

 

“Maravilloso Desastre”

En el pasado, la literatura adolescente que amalgamaba el romance con un tímido erotismo poblaba los quioscos de revistas y las bateas más escondidas de las librerías. Colecciones de Corín Tellado y del mentado sello Jazmín eran materia prima de todo tipo de fantasías en la era previa al mundo digital. Hoy el mercado literario adolescente ha transformado aquella tradición sin ningún prestigio en una suculenta lista de best-sellers cuyos fervientes seguidores han impulsado su desembarco en la pantalla grande.

Maravilloso desastre, creación de Jamie McGuire (autora cotizada en el género), no escapa a una de las consabidas fórmulas de ese filón: chico y chica de ambiente universitario se enamoran en un rápido flechazo y surfean la trama en idas y vueltas siempre que el deseo se alimente de la postergación del sexo. Lo distintivo quizás sea el pasado de estrella del póquer de Amy (Virginia Gardner) -regenteada por su padre en Las Vegas-, o las peleas clandestinas del apuesto Travis (Dylan Sprouse) –con las que financia el préstamo universitario-, aunque esos signos son un detalle que la película asume apenas como condimento. Personajes secundarios de cartón, chistes sin demasiado ingenio y un erotismo publicitario son las restantes vestiduras de un paquete cuyo contenido ya sabemos de antemano.

El único guiño simpático es el rescate de algunas estrellas televisivas de los 90 –Brian Austin Green de Beverly Hills 90210, Rob Estes de Melrose Place- como homenaje a aquellas narrativas juveniles sin prestigio que hoy se agigantan en la comparación. En el Showcase, Hoyts y Cinépolis.

 

 

“Sobre las nubes”

Ramiro es cocinero en un bar. Hernán es un técnico sin trabajo. Nora es enfermera en un hospital. Lucía es empleada en una librería. Cuatro historias y una ciudad de cielos nublados. Ninguno se conoce entre sí, sólo son habitantes de la misma ciudad. En el Arteón.

 

 

“Tres hermanos”

Si el cine fuera olfativo, Tres hermanos olería a madera, sudor y barro. A testosterona. El film de Francisco J. Paparella, ganador del Premio Especial del Jurado en la última edición del Festival de Mar del Plata, pinta un mundo herméticamente masculino, en el que la masculinidad está asociada con la fuerza, el esfuerzo, la violencia descargada y contenida. Las mujeres son descalificadas, forzadas o abandonadas. Salvo una, que como en el tango es la madre, cuya muerte no termina de ser elaborada por los hijos. Todo transcurre en un mundo primario, en medio de una naturaleza indómita y entre negocios no del todo legales, donde cazar un jabalí a cuchillo es un hábito. Todo tiene un aire trágico, pero implosionado, porque los hombres no deben demostrar sus emociones.

Tres hermanos tiene lugar alrededor de un aserradero familiar ubicado en Río Negro, al borde de un bosque y de un río, cuyas aguas amenazan con desbordar una represa. Cuando Walter vuelve a la zona, tras haberse quedado sin empleo en la línea de buques de carga donde trabajaba, acaba de tener lugar un incendio. Uno más, cosa común en las inmediaciones. A cargo del aserradero familiar están el hermano del medio, Matías, y el menor, Marcos, que se disponen a hacer un traslado de troncos en forma ilegal, sin informarle a sus tíos, que son parte de la empresa. Si Walter se la pasa tomando cocaína, dando la sensación de que en cualquier momento va a estallar, Marcos estalla regularmente, tirando palazos a la batería de un grupo de heavy metal o haciendo tomas de jiu jitsu en un gimnasio. Si algún compañero lo doblega en un combate, si se lo cruza por la calle va y le parte la cara: su resistencia a la frustración es bajo cero. Matías, a su vez, tiene un problema serio, en la zona más simbólica posible en este mundo cerradamente masculino: un testículo. Y por supuesto que no se lo cuenta a nadie.

La cámara es como si fuera el cuarto hermano. El más callado, el más introvertido, el más observador. Como la caza del jabalí, como lo dice la letra del grupo Malón que sirve de acápite (“acaricio la crueldad del mundo y su dolor”), el mundo de Tres hermanos es duro, despiadado, cerrado, y el relato se ajusta a él con sequedad, sin pedir permiso. “No servís”, le dice Walter a una prostituta, y se la saca de encima. Más tarde, cuando furtivamente se acerca a la casa de su ex esposa, para ver a la hija a la que no llegó a conocer, aquélla lo echa a gritos, sin dar alternativa a nada. En medio de un baile, Matías invita a una chica a salir un rato, luego a subirse al camión, y aunque ella le pide que se ponga un preservativo, él no le hace caso. Esto hace eco con el pasado de Walter, quien evidentemente embarazó a la madre de su hija y después se fue. Si la chica con la que Matías acaba de tener una relación llega a quedar embarazada, ¿él va a quedarse a su lado? ¿Cuando se trata de una relación circunstancial?

Tanta implosión silenciosa (los hermanos solo dejan asomar un poco lo que sienten cuando recuerdan a su madre) tiene su correlato en la violencia del río, que amenaza con salirse de cauce y romper la represa. A menos que se lo desvíe, algo que un conocido advierte a Matías. No le hace caso, lo cual da lugar a una secuencia en la que la naturaleza se desborda, se vuelve salvaje, algo que no es habitual ver en el cine argentino, habitualmente tan calmo. Allí sobreviene la tragedia que se ha venido amasando a fuego lento, que hace eco, a su vez, con la muerte de la madre, y que los hermanos no han hecho nada por evitar. Como si siempre hubieran querido condenarse a ella, sin decir una palabra. De allí la violencia a fuego lento, que implosiona, implosiona, implosiona, hasta que rompe el dique. En el Hoyts.

 

 

“72 seasons”

Metallica estrena su nuevo material discográfico titulado “72 Seasons” en los cines del mundo, por única vez, para que los fanáticos sean los primeros en escuchar el nuevo álbum, su 12º trabajo de estudio.

La banda adelantó que en la función presentarán cada una de las 12 canciones del nuevo disco, con su respectivo video, y además habrá notas especiales con James Hetfield, Kirk Hammett, Robert Trujillo y Lars Ulrich donde hablaran de lo que fue el proceso de grabación en el estudio.

La proyección estará a cargo de la experimentada empresa Trafalgar Releasing que trabajó en el proyecto Metallica asociada a la sinfónica de San Francisco: S & M² en octubre de 2019 y otros artistas de renombre como Roger Waters, Coldplay y A-ha.

“72 Seasons” saldrá a la venta el 14 de abril a través de Blackened Recordings. Producido por Greg Fidelman con Hetfield y el baterista Lars Ulrich, y con una duración de más de 77 minutos. Las 12 pistas del álbum son la primera colección completa de material nuevo de la banda desde ‘Hardwired…To Self-Destruct’, de 2016.

El disco se lanzará en distintos formatos, incluyendo vinilo, 2 LP y variantes de edición limitada, CD y digital.

 

 

Vuelve la trilogía del Batman de Nolan

Warner Bros. Pictures para iniciar los festejos de aniversario, y en el marco de la celebración por sus cien años, desde este jueves hará retornar a los cines la trilogía de Christopher Nolan “Batman inicia”, “Batman el caballero de la noche” y “Batman el caballero de la noche asciende”.

También destacaron que “Batman el caballero de la noche” y “Batman el caballero de la noche asciende” podrá verse en Imax.

 

“Batman inicia”

Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Katie Holmes, Gary Oldman y Cillian Murphy son los protagonistas de “Batman inicia”.

¿Cómo cambia un hombre el mundo? Es una pregunta que obsesiona a Bruce Wayne al igual que el fantasma de sus padres, muertos a tiros ante sus ojos en las calles de Gotham una noche que cambió su vida para siempre. Atormentado por la culpa y la ira, el desilusionado heredero industrial desaparece de Gotham y viaja en secreto por el mundo, buscando los medios de luchar contra la injusticia y utilizar el miedo contra los que se aprovechan de los que tienen miedo. Con la ayuda de su leal mayordomo Alfred, el detective Jim Gordon – uno de los pocos buenos policías de las fuerzas del orden público de Gotham – y Lucius Fox, su aliado en la división de Ciencias Aplicadas de Wayne Enterprises, Bruce Wayne libera a su alter ego: Batman, un justiciero enmascarado que utiliza la fuerza y alta tecnología para combatir las fuerzas siniestras.

 

“Batman el caballero de la noche”

Christian Bale, Heath Ledger y Aaron Eckhart encarnan a los principales roles en este filme Mientras Batman, el teniente Gordon y el fiscal de distrito continúan desmantelando el bajo mundo criminal de Ciudad Gótica, un nuevo villano intenta deshacer su trabajo.

 

“Batman el caballero de la noche asciende”

 

Hace ocho años que Batman desapareció, dejando de ser un héroe para convertirse en un fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte del fiscal del distrito Harvey Dent, el Caballero Oscuro decidió sacrificarlo todo por lo que consideraba, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent.

En el Showcase, Hoyts y Cinépolis.

 

 

 

 

 

Fuente: Otros Cines, Diego Batlle, Hernán Ferreiros, La Nación, Horacio Bernades, Página 12.

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