
La postal tuvo todo lo que podía esperarse de una competencia en casa: tablas sobre la Laguna Setúbal, una multitud siguiendo cada carrera desde la costa y deportistas argentinos cruzando la meta para encontrarse, apenas terminada la prueba, con familiares y amigos.
El Stand Up Paddle tuvo su estreno en los XIII Juegos Suramericanos y Santa Fe fue escenario de una jornada que dejó una cosecha de ocho medallas para Argentina. Pero, detrás de los dos oros, dos platas y dos bronces, quedó una experiencia que los protagonistas coinciden en señalar como diferente a cualquier otra competencia internacional.
Para varios de ellos, la posibilidad de escuchar durante la carrera los gritos de personas conocidas convirtió cada remada en algo más que una prueba deportiva.
Competir y escuchar a los propios
Juliette Duhaime fue una de las grandes protagonistas de la jornada. La argentina consiguió el oro en las dos pruebas femeninas y pudo vivir algo que habitualmente no forma parte de sus competencias: tener a su familia cerca.
“Siempre me toca competir afuera, en lugares internacionales lejos de casa, así que tenerlos ahí, escuchar su voz en vivo, como la de mi hermano, fue increíble”, contó.

La presencia de los seres queridos también apareció en el relato de Alma Coletta, medallista de plata en carrera técnica. Para la marplatense, el acompañamiento se hizo sentir durante toda la prueba. “Fue una emoción total ver ahí toda la hinchada que estaba gritando nuestros nombres en toda la carrera”, relató.
Lucía Clembosky, también ganadora de una medalla de plata, describió una sensación parecida. En plena competencia, los gritos desde la costa se transformaron en un estímulo para continuar. “Estar remando y escuchar todo el apoyo de la gente gritando, me dije a mí misma que si ellos gritan así yo puedo remar más”, contó.
El abrazo después de cruzar la meta
Para Ignacio Arias, el acompañamiento tuvo un efecto que fue más allá de los minutos de competencia. El argentino consiguió dos medallas de bronce y destacó cómo la presencia de la gente podía modificar incluso la energía con la que volvía al agua. “Te cambia la vida escuchar a tu gente que te grita, que te alienta. Yo salía del agua y volvía a entrar con otra motivación distinta”, explicó.

Santino Basaldella, que se quedó con los dos oros masculinos, también puso el foco en esa conexión inmediata con el público. Para el santafesino, competir en su provincia tuvo un valor particular. “El plus de que haya sido acá es el abrazo instantáneo de la gente”, señaló.
Y hubo una escena que sintetizó ese vínculo. Después de terminar una de las carreras, Basaldella recordó que los deportistas dejaron atrás la zona de competencia para encontrarse con quienes los habían acompañado: “Terminamos de correr y subimos corriendo a la tribuna con la gente, eso es algo único”.
Una competencia que deja algo más que medallas
El balance deportivo también fue histórico para la delegación argentina. Duhaime y Basaldella ganaron las dos pruebas que disputaron, mientras que Clembosky y Coletta obtuvieron una medalla de plata y Arias sumó dos bronces. Los resultados, además, permitieron al equipo argentino asegurar la clasificación para los próximos Juegos Panamericanos.

Sin embargo, el paso por Santa Fe dejó recuerdos que no aparecen en el medallero. La convivencia en la Villa, los entrenamientos, los momentos compartidos entre compañeros y el encuentro con familiares y amigos formaron parte de una experiencia que los deportistas se llevarán más allá de los resultados.
Arias resumió esa parte de los Juegos al hablar de lo que quedará de su paso por Santa Fe: “Lo que más me llevo es todo lo que disfrutamos, todo lo que nos hemos reído, todos los momentos hermosos que pasó ahí en la Villa”.

Basaldella, por su parte, también destacó otro aspecto que excede a la competencia: el legado que puede dejar el evento deportivo. La posibilidad de mostrar nuevas disciplinas y contar con infraestructura para su desarrollo puede acercar a más chicos al deporte. “Ese es el legado que deja esto, más allá de toda la gente que lo ve, hay niños que el día de mañana crecen viendo esto”, sostuvo.
El estreno del SUP en los Juegos Suramericanos dejó así una imagen que va más allá de los podios. La Laguna Setúbal se convirtió en escenario de competencia, pero también en punto de encuentro entre deportistas y público. Para los argentinos que estuvieron sobre las tablas, la diferencia estuvo justamente ahí: por una vez, la competencia internacional se sintió como correr en casa.
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