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Femicidio

Apuñaló a su esposa embarazada y dijo que se había suicidado

Carlos Riveros fue acusado formalmente por homicidio doblemente agravado. La autopsia confirmó que Camila Vecchiarello cursaba un embarazo y presentaba signos de defensa.

Carlos Gonzalo Riveros (25), el único detenido e imputado por el femicidio de la joven rosarina Camila Vecchiarello.

Camila Agustina Vecchiarello, una joven de 26 años oriunda de Rosario, fue asesinada en la madrugada del domingo 13 de septiembre en un departamento ubicado en la calle Cordillera de Ansilta al 48, en la localidad sanjuanina de Barreal, departamento Calingasta. La víctima residía en la zona pre cordillerana donde se encontraba a punto de recibirse como gendarme. Por el crimen fue detenido su esposo desde hacía 20 días, Carlos Gonzalo Riveros (25), un joven oriundo de Salta que también había cursado la formación federal pero fue apartado de la institución por bajo rendimiento.

El perfil de Carlos Gonzalo Riveros (25), el único detenido por el femicidio, expone antecedentes alarmantes y un revés institucional reciente. Oriundo de la ciudad salteña de Tartagal, el acusado había sido expulsado de Gendarmería Nacional el pasado 25 de agosto por bajo rendimiento académico, un fuerte contraste con la carrera de Camila, con quien se había casado apenas 20 días antes del crimen. El dato más grave que trascendió en las últimas horas provino del entorno de la víctima: familiares aseguraron que Riveros ya registraba denuncias previas por violencia de género de la etapa en que la pareja residió temporalmente en Salta. Frente al peso de las pericias y las contradicciones de su coartada, la Justicia le dictó la prisión preventiva por un año, mientras en San Juan y en Rosario se multiplican las marchas para exigir que el caso no quede impune.

La investigación, liderada por el fiscal Adolfo Díaz de la Unidad Fiscal de Investigaciones (UFI) Delitos Especiales, incorporó como prueba clave el informe preliminar de autopsia. El estudio médico determinó que Vecchiarello recibió al menos nueve heridas cortopunzantes concentradas en el rostro y el cuello, que le provocaron una hemorragia fatal. Los forenses también constataron lesiones en las manos de la víctima compatibles con signos de defensa, y confirmaron un dato que agravó el cuadro general de la causa: la joven cursaba un embarazo reciente.

La fiscalía comprobó que el acusado montó una serie de maniobras contradictorias para entorpecer la investigación. En la escena del crimen, la Policía secuestró una carta donde Riveros pedía perdón por el hecho y amagaba con suicidarse, además de presentar cortes superficiales en su cuerpo. Sin embargo, en la audiencia judicial cambió su versión: aseguró que, tras una discusión, la víctima “se puso loca y se acuchilló sola”, y que él intentó quitarse la vida al verla muerta. La coartada terminó de derrumbarse con el peritaje tecnológico, que reveló el acto más macabro: horas después de cometer el femicidio, el acusado manipuló el celular de Camila, entró a su Instagram y publicó una foto de la pareja con la frase “Te amo, mi amor” simulando que la joven aún estaba con vida.

Durante la audiencia ante el juez de Garantías, Riveros brindó una insólita defensa para intentar desligarse del crimen. En un relato verborrágico, el imputado aseguró que tras una discusión, la víctima “se puso loca y se acuchilló” a sí misma, y que luego resbaló y se incrustó un segundo puñal. La fiscalía descartó de plano la hipótesis del suicidio, argumentando que las heridas del acusado eran cortes superficiales autoinfligidos para montar una escena falsa. Tras su declaración, Riveros quedó formalmente imputado por homicidio doblemente agravado por el vínculo y por mediar violencia de género, mientras la familia de la joven aguarda en Rosario la finalización de los trámites para el traslado del cuerpo.

Camila Vecchiarello, la joven rosarina víctima de femicidio en San Juan. Familiares y amigos exigen justicia por el crimen.

Camila Agustina Vecchiarello (26) era una joven de Rosario marcada por una profunda vocación de servicio. Antes de instalarse en San Juan para cumplir su objetivo de ingresar a la Gendarmería Nacional, había estudiado enfermería en su ciudad natal y le faltaban apenas unas materias para recibirse. Su entorno más cercano la recuerda como una mujer enérgica, solidaria, rescatista de animales y activa participante en las agrupaciones de baile de la colectividad molisana. Ese futuro quedó truncado de la peor manera y hoy motoriza un reclamo urgente: mientras familiares y amigos despiden sus restos en la cochería Pocho Bernardo tras un doloroso traslado desde Cuyo, las calles del departamento sanjuanino de Calingasta y distintos puntos de Rosario comenzaron a ser escenario de movilizaciones para exigir que el femicidio de la joven no quede impune.

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