Llegan “Lilo, Lilo cocodrilo”, “Astroscope”, “La chica nueva”, “Amenaza explosiva”,
“La señora Harris va a París” y “La luz del diablo” la última jornada de arribos a las salas de la ciudad, como siempre una selección de reviews con sus respectivos trailers y donde verlos, porque el cine se ve en el cine.
“Lilo, Lilo cocodrilo”
Basada en la serie de libros best-seller de Bernard Waber. Cuando la familia Primm se traslada a la ciudad de Nueva York, su joven hijo Josh lucha por adaptarse a su nueva escuela y a sus nuevos amigos. Pero todo cambia cuando descubre a Lilo, un cocodrilo cantante que vive en el ático de su nueva casa al que le encantan los baños, el caviar y la buena música. Los dos se hacen amigos rápidamente, pero cuando la existencia de Lilo se ve amenazada por el malvado vecino Mr. Grumps, los Primm deben unirse con el carismático dueño de Lilo, Héctor P. Valenti, para demostrarle al mundo que la familia puede venir de los lugares más inesperados y que no hay nada malo en un gran cocodrilo cantante con una gran personalidad.
Javier Bardem da una vuelta de tuerca: actuar al lado de un cocodrilo que canta y quiere triunfar en Broadway es algo sin precedentes en su carrera. Lilo, Lilo, cocodrilo es una película familiar que se estrena esta semana en los cines del país y por la que el actor español ganador del Óscar ha tenido que “trabajar duro” para mantenerle el ritmo al protagonista de la historia.
El actor no pensó dos veces en aceptar el reto de participar en una película musical, pero –comenta entre risas– que le da “vértigo pensar qué dirán mis hijos cuando la vean. Van a ser los críticos más duros”. Precisamente, ellos han sido una de las razones por las que aceptó. “Poder presentar mi trabajo en una pantalla, por primera vez, a mis hijos (de 11 y 9 años) para mí es importante. Los tenía muy presentes”, dice. “Me divertía pensando en la vergüenza ajena que van a sentir al verme y en que se van a morir de risa”, añade.
Bardem interpreta a Héctor P. Valenti, un mago fracasado y entusiasta, un showman en el escenario y en la vida que gesticula sin parar. La película está basada en la serie de libros de Bernard Waber, Lyle, Lyle, Crocodile, y además de Bardem forman parte del reparto Constance Wu, Scoot McNairy y Winslow Fegley.
El cantante Shawn Mendes le pone la voz musical al cocodrilo y es el encargado de la banda sonora junto a Benj Pasek y Justin Paul. La historia gira en torno a la familia Primm, que se muda a Nueva York. A su hijo Josh le cuesta adaptarse a la ciudad hasta que su vida cambia cuando descubre que en el ático vive Lilo, un cocodrilo que no habla, pero canta.
En todos los complejos de la ciudad.
“Amenaza explosiva”
En Máxima velocidad (1994) había un ómnibus que, si bajaba de una determinada velocidad, explotaba. En Crank: Muerte anunciada (2006), un asesino a sueldo despertaba con la noticia de que había sido envenado y que, si no lograba mantener lo suficientemente alto su nivel de adrenalina, moría.
Remake de la española El desconocido, de Dani de la Torre, Amenaza explosiva (título genérico si los hay…) asoma como una mezcla entre aquellas dos películas, aunque sin llegar a la altura de la acción trepidante de la primera ni al desquicio de la segunda. Es, apenas, un film sostenido por una premisa cuya sencillez es directamente proporcional a lo inverosímil de su guión.
Todo comienza cuando el gerente de un banco sube a su auto junto a sus hijos para empezar un día en apariencia igual a tantos otros. Todo cambia cuando recibe una llamada anónima alertándolo de que se ha sentado sobre una bomba y que, si intenta dejar el vehículo o hace algún movimiento extraño, volará por los aires. ¿Qué debe hacer para evitarlo? Depositar una suma millonaria de dinero en una cuenta.
A eso le sigue una hora y media durante la que el pobre gerente deberá sortear los mil y un obstáculos con tal de mantener viva a su familia. Obstáculos cada vez más imposibles hasta amarrar en un puerto donde impera la tranquilidad de un motivo concreto para la amenaza. Esas explicaciones conspiran contra la eficacia de una premisa que, llevada a su extremo y evitando ciertas justificaciones torpes, habría dado muchos mejores resultados. En el Hoyts, Showcase y Cinépolis.
“La chica nueva”
Jimena anda en problemas. En la peluquería en la que trabajaba el dueño la sorprendió pasando la noche en el local, y la echó sin más. Desde que ocurrió “lo de su madre” no tiene dónde ir, y como no tiene dónde ir marcha a Río Grande, Tierra del Fuego, donde vive su medio hermano, a quien prácticamente no conoce. Como tampoco tiene plata se cuela en el portamaletas del ómnibus, y llega penosamente. Cuando llega se encuentra con que el hermano no es muy amable (a ella tampoco le sobra conversación), pero la deja quedarse unos días en su casa. En la isla hay una sola fuente de trabajo, en la ensambladora de celulares y televisores, y allí va a parar Jimena. Pero el trabajo en la fábrica resulta tan poco estable como el resto de las cosas de su vida, y deberá hacerse una con sus nuevas compañeras para defenderse de la explotación. La chica nueva va de lo individual a lo colectivo. Jimena (la excelente Mora Arenillas, que ya había llamado la atención en Invisible, 2017) es una chica solitaria, sin amigos ni novio o novia a la vista. Su hermano, Mariano (Rafael Federman) se corta por la propia con un contrabandeo de celulares traídos desde Chile, y cuando no le funciona termina votando en contra de un paro, porque por razones personales le conviene que la fábrica siga funcionando. La fábrica le da a Jimena un grupo de pertenencia, y también la posibilidad de una relación con una compañera (Jimena Anganuzzi), que desde que Jimena llegó la mira con intensidad. Mariano la involucra en un negocio peligroso, para saldar una deuda que tiene con unos tipos pesados, y Jimena deberá tomar una decisión que es de orden ético.
El nudo de la película (que transcurre en 2017, cuando se prepara el Mundial de Rusia) son las medidas de fuerza emprendidas por los empleados de la fábrica, que ante el escalamiento de la represión por parte de la patronal (les bajan el sueldo, el gremio no tiene paritarias, despiden a mitad del personal) terminarán por tomarla. Allí, lo que hasta entonces era la historia personal bastante desgraciada de la protagonista se vuelve social y política. Son muchas las que están como ella, no es la única que padece. Opera prima de Micaela Gonzalo, La chica nueva es una película tan seca como sus protagonistas, y como el paisaje que los rodea. Los diálogos son escasos y cortantes, Jimena habla para adentro y Mariano, mordiendo las palabras. Los cortes son directos (montaje de la experimentada Valeria Racioppi). Las elipsis abundan. La narración es minimalista, dejando huecos en el relato. Un “antes” fuerte, del que se sabe poco, un “durante” que se construye mediante indicios y un “después” igualmente fuerte, que queda abierto. Aunque marcado por esa consigna que alude a la unidad de los trabajadores. Cuando la cosa se pone intensa (gendarmería, gases, tiempo contra reloj) y Jimena se ve obligada a correr y desplazarse, la cámara la sigue con travellings desde atrás, que recuerdan el estilo de los hermanos Dardenne. Hasta que para, y se une. Y al que no le gusta, se jode. En el Cine El Cairo.
“La señora Harris va a Paris”
“Los sueños, sueños son, pero aquí se hacen realidad”, decía Berugo Carámbula en su programa de concursos Atrévase a soñar, el de “Alcoyana-Alcoyana”, marca registrada generacional si las hay. Los cuatro guionistas de La señora Harris va a París, adaptadores de la novela del prolífico escritor estadounidense Paul Gallico(el mismo de La aventura del Poseidón), pueden afirmar orgullosamente lo mismo, aunque aquí la modesta marca de sábanas y cubrecamas debe reemplazarse por la alta costura con diseño de Christian Dior. El film de Anthony Fabian tiene una virtud: la participación de Lesley Manville –eterno rostro del cine de Mike Leigh, de Secretos y mentiras a Mr. Turner, además de la princesa Margaret en The Crown– en el rol titular de Ada Harris, una viuda en la Londres de 1957 que se entera fehacientemente de la muerte de su esposo trece años después de los hechos. Empleada de limpieza en hogares de diversa extracción social, los de arriba y los de un poco más abajo, la señora Harris es una auténtica soñadora a quien la vida siempre trató con respeto pero escasa fortuna. Eso cambia radicalmente cuando la visión de un despampanante vestido de noche diseñado por Dior la empuja a una misión de ejecución harto difícil: juntar el dinero suficiente para viajar a París, visitar la famosa maison y adquirir en libras contantes y sonantes algún trajecito del célebre diseñador. ¿Imposible? Nada es imposible en los cuentos de hadas y La señora Harris va a París lo es, en más de un sentido. El universo de colores vibrantes en pantalla ancha que describe la película va de la mano de una sociedad británica (recordar, 1957) notablemente integrada en términos raciales. Y la racha de buena suerte en general –en el amor, ya se verá– que llueve sobre la protagonista parece pergeñada por un hada madrina bondadosa, de esas que creen en las segundas y hasta las terceras oportunidades en la vida. Poco importa que al llegar a la capital francesa Ada se tope con una huelga de recolectores de residuos que hace que los alrededores de la Torre Eiffel no huelan precisamente a rosas. Lo importante son los vestidos, que la cámara registra con delectación una vez que la heroína logra atravesar un par de desafíos (entre ellos, la ligera villanía del personaje interpretado por Isabelle Huppert, suerte de carcelera del universo Dior). Ligero, ingenuo, no apto para espectadores propensos a revolcarse en la ironía, el film de Fabian describe la travesía de la señora Harris como si se tratara de una sucesión de pruebas donde la simpatía y la honestidad van ganándole la mano a cualquier corriente de agresividad y cinismo que pueda cruzarse en el camino. La virtud de Manville radica precisamente en su capacidad de equilibrar con algo parecido a la humanidad el exceso de azúcar refinado de las imágenes: más allá del candor y la superficialidad de todo lo que ocurre, es ella quien logra suspender la incredulidad al punto de hacer del viaje emocional algo, sino del todo potable, al menos tolerable. En Del Centro, Hoyts, Showcase.
“La luz del diablo”
La película sigue a la Hermana Ann, quien cree que está respondiendo a un llamado para ser la primera mujer exorcista. En respuesta a un aumento mundial de las posesiones demoníacas, la joven busca un lugar en una escuela de exorcismo reabierta por la Iglesia Católica. Hasta ahora, estas escuelas solo han enseñado el Rito del Exorcismo a sacerdotes, pero un profesor y experto exorcista reconoce los dones de la Hermana Ann y accede a capacitarla.
Empujada a la primera línea de batalla junto a su compañero de estudios, el Padre Dante, la Hermana Ann se encuentra en una batalla por el alma de una niña, que la Hermana Ann cree que está poseída por el mismo demonio que atormentó a su propia madre hace años. Decidida a erradicar el mal, Ann pronto se da cuenta de que el Diablo la tiene justo donde la quiere. En los cuatro complejos de la ciudad.
“Astroscope”
El 3° ASTROAD a Seoul ‘STARGAZER’ es el primer concierto de ASTRO en más de tres años. Cada uno de sus miembros se siente ilusionado y ansioso ante la idea de volver a reunirse con sus fans de AROHA, pero la preparación de un concierto en vivo con una agenda tan apretada no resulta fácil. Con la misma intensidad que caracteriza a un oscuro cielo nocturno bañado por la luz de las estrellas, ¿podrá ASTRO alejar la oscuridad y recibir la acogedora ola violeta de AROHA? Entrevistas íntimas y una sincera mirada entre bastidores son plasmadas junto a la actuación en concierto de ASTRO en STARGAZER: ASTROSCOPE, una atractiva película que relata la crónica de un momento crucial en la carrera de ASTRO. En los cines Hoyts y Showcase.
Fuente: Otros Cines, Ezequiel Boetti, Página 12, Diego Brodersen, Cinépolis.







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