
El mundo empezó a ponerle un freno a la libertad total en internet para los adolescentes. Con Australia como pionero y Europa siguiendo sus pasos, la prohibición de redes sociales para menores de 16 años dejó de ser una curiosidad para convertirse en una política de Estado. Sin embargo, para Santiago Stura, el problema no se agota con una ley, sostuvo en Antes de Todo de Radio Boing. “Estamos atravesando malestares de época como sociedad: ansiedad, sobrecarga y saturación. Hay que preguntarse si esto es solo por las pantallas o por un mundo adulto que muchas veces no está presente”, reflexionó el experto.
Uno de los puntos más interesantes del modelo australiano es que “invierte la carga”. Ya no se culpa a los padres si el chico miente con la edad, sino que se obliga a las plataformas (como TikTok o Instagram) a generar mecanismos técnicos reales para impedir el ingreso de menores. Hoy, con solo poner una fecha de nacimiento falsa, cualquier chico de 10 años salta el muro.
Según estadísticas de Unicef citadas por Stura, la edad de acceso al primer dispositivo propio se adelantó de forma drástica en nuestro país. Lo que antes pasaba a los 12 años, hoy ocurre en promedio a los 9 años y medio. Esto significa que chicos de cuarto o quinto grado de la primaria ya conviven con algoritmos diseñados para adultos.
Para Stura, la solución no es el límite aislado que pone una madre o un padre en su casa mientras el resto del grupo de amigos hace lo que quiere. “No se puede cuidar lo que no se conoce. Hay que hablar esto en las reuniones de padres del jardín y de la primaria”, sugirió. La recomendación es abordar el problema “en red”: si todas las familias de un grado acuerdan parámetros comunes, el chico no siente que queda afuera del sistema y el cuidado es mucho más efectivo.
En este febrero de 2026, con las clases a la vuelta de la esquina, el desafío para los padres rosarinos será ponerle palabras al uso de la tecnología sin miedo y entender que, más allá de lo que dicten las leyes en España o Francia, el acompañamiento en casa sigue siendo la herramienta más potente.
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