
Desde el 28 de diciembre de 2025, miles de iraníes —mujeres, estudiantes y trabajadores de todas las clases sociales— salieron a las calles para exigir el fin del régimen del Líder Supremo, Ali Jamenei, cansados de la pobreza, la corrupción y la ausencia total de libertades. Sin embargo, para entender por qué Irán llegó a este punto, es necesario mirar hacia atrás y analizar el error histórico que marcó a fuego el destino de su pueblo: una revolución que derrocó a un régimen autoritario, pero abrió la puerta a uno infinitamente peor.
1960: La Revolución Blanca
En aquellos años, Irán era comandado por Mohammad Reza Pahlavi, llamado por él mismo “el Rey de Reyes”. Su búsqueda era ser la Europa de Medio Oriente: quería diferenciarse de sus países limítrofes y tenía proyectado para el año 2000 ser la quinta potencia mundial. Además, mantenía una relación muy cercana con los Estados Unidos, siendo apoyado por este en todo momento.
La división de las tierras fue una de las primeras reformas. El llamado Sha decidió quitarle a los gigantes terratenientes (clérigos islámicos) y repartirlas a la población. Alfabetizó al país creando las mejores universidades y modificando el sistema educativo. Le dio el derecho al voto a las mujeres, así como el derecho a estudiar y a utilizar libremente cualquier vestimenta.

Su economía era buena y el pueblo vivía mejor que nunca, pero el problema era que “no tenían voz”. El gobierno había creado al SAVAK, un servicio de inteligencia entrenado por la CIA, para reprimir a cualquiera que decidiera opinar en su contra. Comunistas, islamistas o simplemente pensadores, eran perseguidos políticamente, y eso generó que años después todo explotara como una olla a presión.
A la par, los clérigos islámicos, que ahora sin tierras eran sus enemigos más fuertes, comenzaban a crear la revolución. Ruhollah Jomeini, un exiliado en Francia, grababa sus discursos en casetes y los distribuía ilegalmente por Irán. En estos declaraba que el gobierno había arruinado su cultura y que el Sha era “el títere de los Estados Unidos”. Y de a poco se iba creando la revolución.
Así fue como en el año 1979 todo el pueblos salió a las calles a reclamar “libertad”, y Pahlavi decidió retirarse de su cargo, dándole lugar a Jomeini, que días después regresó de su exilio y tomó el mando de la, a partir de ese momento, “República Islámica de Irán”, prometiendo “purificar la cultura que tan arruinada estaba”.

La primera teocracia islámica del mundo
El nuevo régimen empleó una lista de reformas que, según ellos, mejorarían todo:
- Cambiaron la insignia de la bandera y pusieron el nombre de su dios, Alá.
- Prohibieron la música occidental.
- Prohibieron las reuniones mixtas.
- Reescribieron libros imponiendo su religión.
- Cerraron las universidades por años para destruir los planes de estudio y prohibirles a las mujeres anotarse en la mayoría de las carreras disponibles.
- A los profesores que se negaban a adaptarse los asesinaron y los enterraron en fosas sin nombre.
- Impusieron el hiyab.
- Legalizaron la poligamia.
- Quitaron el voto femenino.
- Le prohibieron cantar a las mujeres.
- Modificaron las leyes para que la mayoría de los feminicidios pasen por alto.
- Bajaron la edad mínima para casarse de 18 a 13 años.
- Entre muchas más.

El pueblo iraní ahora conoce la verdadera libertad que tanto reclamaba con el pasado gobierno. Y así permaneció por más de 40 años, situándonos nuevamente en la actualidad. Donde no solo en lo social es de los peores momentos de la historia, sino también económica. La clase media no existe más y la población realmente no tiene que comer.
Los datos que acompañan a esta situación son el 60 % de inflación en el último año, el gran porcentaje de desocupación —donde la mayoría son mujeres y jóvenes—, además de la cantidad de feminicidios, que supera los 150 (reconocidos) por año, y donde los asesinos reciben penas más bajas que las de un ladrón. Y la corrupción desmedida, además de cientos de ejemplos más.
La posible caida del Islam
Hoy su líder supremo es Ali Hosseini Jamenei, y el mundo entero está esperando su posible caída. Pero no va a ser tan simple como uno piensa: como ya se demostró, no son un régimen muy civilizado. Al ver las protestas, tomó la decisión de asesinar a las personas en la calle, además de cortar internet y la luz en todo el país, para que entre los civiles no se puedan comunicar y no vean que el mundo los apoya.

Desde fuera aparece el hijo del último Sha, Reza Pahlavi, que se muestra como una posible fuerza opositora, incentivando al reprimido pueblo de Irán a luchar y recordándoles que no están solos. Además, muchos aún recuerdan el mandato de su padre y se lamentan de haberlo sacado del poder en aquel momento.
Y por último aparece Donald Trump, ya envalentonado con la captura de Maduro en Venezuela, prometiendo que, si el régimen islámico sigue asesinando civiles, Estados Unidos va a intervenir para darle la libertad a aquel país. Aunque hubo muchos rumores de que el ataque estaba por llegar, aún no ocurrió y es difícil que esto pase.

Un régimen donde los derechos de las mujeres son obsoletos y donde todas las personas del mundo deberían reclamar por ellas.
Un régimen que no razona ni se adapta a lo nuevo: impone y reprime.
Un régimen que persigue una religión que no acepta al diferente y considera que su vida no vale nada.
No siempre las revoluciones son buenas; a veces lo que viene es peor. Decidieron cambiar los trajes italianos y las faldas por trapos negros que solo dejan ver la cara. Dejaron el rock and roll y escondieron las radios debajo de la cama. Decidieron ser libres para jamás ser liberados.
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