
La noche en el Movistar Arena comenzó con los teloneros alrededor de las 19.30hs. El primero fue un conocido para nuestro público, Juan Ingaramo, con un set de aproximadamente 30 minutos. Después llegó The Lottery Winners (@thelotterywinners), una banda inglesa de indie pop que también tuvo un poco más de 30 minutos sobre el escenario.
La banda soporte sorprendió por su propuesta. Conscientes de no ser conocidos por la audiencia argentina, apostaron por un show entretenido e interactivo, buscando permanentemente la participación de la gente. Sonaron muy bien, dato de color, la corista portaba un look muy similar a Gwen Stefani de los 2000s.
Pasadas las 21:30, a estadio lleno, llegó Robbie Williams y, desde el primer minuto, dejó claro cuál iba a ser la propuesta de la noche: entretener y ofrecer un hit detrás de otro. El propio Robbie lo resumió con una frase: “One fucking hit after another”, no falló ni mintió, fueron 2 horas a puro hits, con la gente de pie en campos, gradas y plateas.
No fue simplemente un recital. Fue un show de punta a punta y en el más amplio de los sentidos, apoyado en una de las principales características de Robbie: su capacidad para entretener, y haciendo gala del mote que él mismo se puso de “entertainer”, no de músico. Pero brilló en cada canción que hizo.
Hubo humor, mucho ida y vuelta con el público, nostalgia y también momentos de mucha emoción. Uno de los pasajes más lindo y fuerte llegó cuando habló de su familia y de sus hijos, a quienes definió como su salvación. También destacó el papel de su mujer (mencionando que para las fans era la “bitch”, con muchas risas); aseguró que su vida comenzó con ella, porque antes sentía muchas veces ganas de morir. El relato generó uno de los momentos más emotivos de la noche. Dedicándole un tema a sus hijos y a los nuestros.
El propio Robbie lo resumió con una frase: “One fucking hit after another”
Las adicciones también tuvieron un lugar importante en su relato. Williams explicó que durante 20 años no visitó Argentina debido a sus caídas, recaídas y rehabilitaciones, y aseguró que fueron 15. Su sinceridad sobre las adicciones fue un tema recurrente durante el show.

Incluso hubo lugar para el humor alrededor de esto. Cuando alguien del público comenzó a fumar un “porrito”, Robbie reaccionó diciendo: “Brother, we can smell it. They can smell it, I can smell it. What do you want me to do, relapse?” Seguido de risas complíces.
Volviendo al humor y a la ironía, también apareció en las referencias Amalia Granata, sin nombrarla explícitamente, al señalar que en el Reino Unido no saben con quién fue la última persona con la que se acostó. En ese momento también identificó entre el público a Diego, un fan que había “estado” con él durante su última visita.
La interacción con los espectadores tuvo otro capítulo cuando un hombre le pidió matrimonio a su pareja. La escena tuvo un detalle particular: por momentos, el protagonista de la propuesta parecía más interesado en mostrarle a Robbie el tatuaje que tenía del cantante que en entregarle el anillo a su novia.
Argentina también estuvo muy presente en los pasajes del show. Williams habló de su admiración por Messi y Maradona y recibió una bandera Argentina con imágenes de los tres. Tildó a Argentina de “fucking bastards” porque tuvimos los dos mejores jugadores de la historia. Contó que él perdonaba el gol con la mano del 1986 de Diego, porque el segundo gol fue el mejor gol de la historia y nada lo iba a manchar. Esto dio lugar a la emoción del público al ritmo del tradicional “Diego, Diego”.
El set list tuvo cambio llamativo respecto de otros conciertos de la gira. En lugar de interpretar Wonderwall, de Oasis, Williams reivindicó a Take That con Relight My Fire, una canción especialmente significativa porque pertenece a la etapa que terminó con su salida de la boy band. Lo hizo con humor y asegurando que no sabía que Take That fuera tan famoso en Argentina.
Williams habló de su admiración por Messi y Maradona y recibió una bandera Argentina con imágenes de los tres
También hubo referencias a Gary Barlow, siempre en tono humorístico y dejando en claro que la relación entre ambos está actualmente en buenos términos. Williams, además, le pidió a su manager que lo hiciera regresar dentro de dos años. El pedido tuvo un contexto especial: el manager cumplía años esa misma noche.
En uno de los pasajes del espectáculo, Robbie presentó a los integrantes de su banda a través de distintos clásicos, haciendo que cada instrumento fuera protagonista del momento y la gente decidía si estaban bien o no, citándolo textualmente “shit or no”. Así, la batería tuvo su momento con We Will Rock You, el bajo con Seven Nation Army y hasta hubo lugar para que el teclado acompañara una versión de Hey Jude que enloqueció al público. Una banda sólida y armónica, con un sonido impecable, que estuvo a la altura del show y del dueño del circo.
Uno de los momentos más emotivos llegó con My Way, canción que Williams dedicó a su padre, que está muy enfermo de Parkinson. Para quienes conocen la relación entre ambos a través de la película sobre su vida (Better Man), el momento tuvo una carga especial. Mientras interpretaba la canción, las pantallas mostraron imágenes de distintas etapas de su vida, incluyendo momentos junto a su mujer y sus hijos, a quienes los presentó a la audiencia.
Cerró la cita con el aclamado Angels, coreado por todos en el estadio, sin excepción.
Fue una noche que tuvo todos los ingredientes para ser un gran espectáculo: hits, humor, historias personales, interacción con el público, nostalgia y emoción.
Robbie Williams no se limitó a repasar su carrera musical, brindó un show entretenido, dinámico y muy cercano, de esos que terminan entre aplausos cerrados y dejan al público con la sensación de que todavía podría haber durado un poco más.
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