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Encuentro en la Bolsa

Rosario 2050: los desafíos que marcarán el crecimiento de la ciudad y la región

Urbanística 2026 reunió a referentes del sector público, profesionales y empresarios para debatir cómo deberá desarrollarse Rosario en las próximas décadas. 

¿Cómo debería crecer Rosario en los próximos 25 años? ¿Qué infraestructura necesitará para acompañar ese desarrollo y cómo deberá articularse con las localidades de su área metropolitana? Esas preguntas atravesaron Urbanística 2026, el encuentro organizado por el Foro de la Vivienda Rosario que reunió este miércoles a referentes del sector público, profesionales, académicos y empresarios en la Bolsa de Comercio de Rosario.

Bajo el concepto “Pensar Rosario y la región a 2050”, la jornada puso el foco en los desafíos de una región cada vez más integrada, donde el crecimiento residencial, la movilidad, los servicios y la actividad económica exceden los límites de cada municipio. La discusión pasó por cómo ordenar la expansión urbana, mejorar las conexiones entre localidades y construir una planificación capaz de anticiparse a las necesidades de las próximas décadas.

La apertura estuvo a cargo del arquitecto y urbanista español Alfonso Vegara, fundador y presidente honorario de Fundación Metrópoli, quien planteó que la planificación urbana debe establecer objetivos de largo plazo, pero también conservar la flexibilidad necesaria para adaptarse a los cambios económicos, sociales y ambientales.

Héctor Floriani, director general del Ente de Coordinación Metropolitana de Rosario (ECOM) advirtió sobre los desafíos que genera el crecimiento de baja densidad, especialmente cuando la expansión residencial avanza sin una planificación que contemple los servicios y la movilidad que demandarán los nuevos habitantes.

Floriani abordó la necesidad de fortalecer la mirada regional y los mecanismos de articulación entre las localidades. Uno de los principales desafíos del área metropolitana es que las actividades cotidianas de sus habitantes ya no coinciden necesariamente con los límites administrativos. Miles de personas viven en una localidad, pero viajan a Rosario para trabajar, estudiar, acceder a servicios o realizar trámites. A su vez, la actividad productiva y logística conecta distintos puntos de la región y genera demandas de infraestructura que requieren respuestas coordinadas.

En ese contexto, la planificación metropolitana busca evitar que cada municipio tome decisiones de manera aislada, sin considerar sus efectos sobre el conjunto. El crecimiento de una localidad puede modificar los flujos de tránsito, incrementar la demanda de transporte o exigir nuevas conexiones viales que involucran a otras jurisdicciones.

La cuestión no se limita a definir dónde pueden construirse nuevas viviendas o desarrollarse proyectos productivos. También implica establecer cómo se conectarán esos espacios, qué infraestructura necesitarán y de qué manera se garantizarán servicios adecuados para una población que se mueve diariamente entre distintas localidades.

La movilidad aparece como uno de los puntos más sensibles. La falta de conexiones suficientes y de alternativas al automóvil particular puede profundizar los desequilibrios territoriales, especialmente para quienes necesitan trasladarse hacia Rosario para estudiar o trabajar.

A eso se suma la necesidad de coordinar servicios que suelen abordarse de manera fragmentada, como la gestión de residuos y el tratamiento de los desechos generados por la construcción. En una región en expansión, estos temas requieren acuerdos que permitan mejorar la infraestructura y reducir los problemas asociados a una gestión desarticulada.

La mirada desde el municipio estuvo representada por Eduardo Bressan, de la Secretaría de Planeamiento y Obras Públicas de Rosario, quien participó del panel sobre ordenamiento territorial.

Desde la perspectiva de la planificación urbana, uno de los desafíos es lograr que las decisiones sobre el crecimiento de la ciudad se tomen de manera articulada entre las distintas áreas de gestión. La expansión residencial y los nuevos desarrollos no pueden analizarse por separado de las necesidades de movilidad, ambiente, infraestructura y servicios públicos.

En ese sentido, la planificación exige coordinación dentro del propio municipio y diálogo con las localidades vecinas. Las intervenciones urbanísticas deben contemplar no solo las características de cada proyecto, sino también su impacto sobre el entorno y las demandas que pueden generar a futuro.

El horizonte de 2050 plantea, además, la necesidad de construir una hoja de ruta que pueda adaptarse a los cambios. Las condiciones económicas, climáticas y sociales pueden modificarse en el transcurso de las próximas décadas, por lo que las herramientas de planificación necesitan combinar objetivos estratégicos con capacidad de revisión.

La participación ciudadana también forma parte de ese desafío. La transformación de los barrios y de los espacios urbanos requiere incorporar las necesidades de quienes viven en ellos, para que el desarrollo no quede limitado a una planificación técnica desvinculada de la vida cotidiana.

El crecimiento urbano, entre la densificación y la expansión

Uno de los temas que atravesó el encuentro fue la forma en que Rosario y su área metropolitana seguirán creciendo. Las ciudades pueden sumar población mediante la densificación de sectores ya urbanizados o extenderse hacia nuevas áreas residenciales, dos procesos que tienen consecuencias diferentes sobre los costos de infraestructura y la movilidad.

La expansión de baja densidad puede requerir redes más extensas de servicios y aumentar la dependencia del transporte individual. Por eso, una de las discusiones centrales pasa por vincular cada nuevo desarrollo con las condiciones necesarias para garantizar su integración urbana.

 

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