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Rusia toma distancia de Irán y deja una frase que sacude la geopolítica: “No es nuestra guerra”

El Kremlin marcó una postura fría frente a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Mientras reafirma su neutralidad, Moscú analiza cómo proteger su economía y aprovechar el impacto del cierre del estrecho de Ormuz en los precios de la energía.

En medio de la escalada militar en Oriente Medio, Rusia comenzó a tomar distancia de su histórico aliado, Irán, tras el cierre del estratégico estrecho de Ormuz y los ataques contra Teherán. Desde el Kremlin dejaron claro que la prioridad será proteger los intereses económicos rusos, incluso si esa postura genera críticas en la comunidad internacional.

El portavoz presidencial Dmitri Peskov explicó la posición oficial del gobierno de Vladimir Putin. “Esta guerra no es nuestra”, afirmó el funcionario, dejando en claro que Moscú no planea intervenir militarmente en el conflicto pese a sus vínculos con Teherán.

Neutralidad estratégica y foco en la economía

El Kremlin remarcó que Rusia no tiene capacidad para frenar el enfrentamiento y sostuvo que solo quienes iniciaron la guerra pueden detenerla, en referencia directa a Estados Unidos e Israel. Según Peskov, el objetivo central será minimizar el impacto global sobre la economía rusa y aprovechar las oportunidades que puedan surgir en medio de la crisis energética.

“Siempre que sea posible protegeremos nuestros intereses, sin importar cuán cínico pueda sonar”, sostuvo el vocero del Kremlin al explicar el enfoque pragmático de Moscú. Además, confirmó que Rusia no recibió ninguna solicitud formal de ayuda por parte de Irán, ni siquiera en relación con un eventual suministro de armamento.

“En este caso, no hay peticiones por parte de Irán”, indicó el portavoz, según la agencia rusa Interfax. Aunque Rusia evita involucrarse militarmente, el gobierno mantiene su cooperación económica con Irán.

El ministro de Energía Serguéi Tsivilev confirmó que ambos países firmaron un nuevo acuerdo intergubernamental para continuar con proyectos bilaterales.

Russian Energy Minister announces visit to Africa - African Initiative -  news agency

Este acercamiento incluye iniciativas estratégicas como el Corredor de Transporte Norte-Sur, una red logística de 7.200 kilómetros que conecta Rusia, Irán e India y que ya se encuentra finalizada en un 75%.

El impacto global del cierre del estrecho de Ormuz

El cierre casi total del estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas del mundo, generó una fuerte suba en los precios internacionales de la energía.

El enviado económico del Kremlin Kirill Dmitriev estimó que el precio del petróleo podría superar los 100 dólares por barril, una situación que podría aliviar las presiones financieras sobre el presupuesto militar ruso.

En ese contexto, Putin incluso advirtió que Rusia podría desviar suministros de gas fuera de Europa si la situación energética global continúa deteriorándose.

Sin embargo, analistas advierten que solo una interrupción prolongada de los envíos desde el golfo Pérsico generaría un beneficio económico significativo para Moscú.

Mientras el conflicto escala, algunos analistas sostienen que una crisis prolongada en Oriente Medio podría beneficiar a Moscú en otro frente clave: la guerra en Ucrania. El desvío de atención de Washington y de sus aliados europeos hacia Oriente Medio podría reducir el apoyo militar a Kiev, especialmente si parte del armamento occidental se redirige a la región.

La guerra en Ucrania ya lleva cinco años y ha desgastado los recursos rusos, además de provocar que algunos aliados históricos busquen nuevas alianzas internacionales.

La crisis también se agravó tras el asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, durante los ataques recientes. El hecho expuso la debilidad de la red internacional de aliados de Moscú, que incluía a países como Siria, Venezuela e Irán, y puso en evidencia las dificultades del Kremlin para contrarrestar la estrategia global de Donald Trump.

El ministro de Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, aprovechó la situación para cuestionar el liderazgo ruso. “Rusia no es un aliado fiable ni siquiera para quienes dependen en gran medida de ella”, escribió en la red social X.

Aunque Rusia e Irán han cooperado en ámbitos clave, como el suministro de drones Shahed utilizados en la guerra en Ucrania, la relación siempre tuvo límites. El acuerdo estratégico bilateral no contempla defensa mutua en caso de agresión militar, lo que explica la decisión de Moscú de mantenerse al margen del conflicto actual.

Según fuentes citadas por The Washington Post, el Kremlin incluso habría transmitido a Estados Unidos que no interferiría en un eventual intento de derrocamiento del régimen iraní.

Analistas internacionales coinciden en que Rusia intentará preservar su relación con Irán, pero su margen de maniobra es cada vez más reducido. Moscú podría apostar por mantener acuerdos económicos con un eventual nuevo gobierno iraní, aunque teme que un acercamiento de Teherán a Occidente debilite aún más su posición global.

En ese contexto, Putin intentó posicionarse como mediador entre Estados Unidos e Irán el año pasado, pero la propuesta fue rechazada.

Ahora, con el conflicto en plena escalada y el estrecho de Ormuz convertido en un punto crítico para la economía mundial, el Kremlin parece apostar por una estrategia pragmática: observar, proteger sus intereses y evitar involucrarse en una guerra que considera ajena.

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